blogeditor · 8 de junio de 2012
Loving strangers…
Loving strangers…
Esa fue la primera vez (y hasta el momento la única) que ella le ofreció un trago a un hombre.
Él estaba arriba del escenario tocando la trompeta con su banda. Ella en el público, bailando, con una botella de vino y una copa en ambas manos. Se vieron, coquetearon a distancia, sonrieron.
Después de pensarlo por dos canciones, llegó su momento. Ella sirvió vino en la copa, se acercó al escenario y se la ofreció al guapo trompetista. Él aceptó con una sonrisa tímida.
Terminó el concierto. Se buscaron. Se dijeron sus nombres. La noche transcurrió entre botellas de vino y conversaciones sobre música, la familia, sus respectivas parejas, sus hijos…
Ella jamás olvidará cómo el trompetista la veía con esos ojos verdes sonrientes y le decía lo guapa que era con ese acento del norte de Francia, esa barbita juguetona y esos dedos de músico.
Le dijo cuánto le gustaba, cuánto quería mudarse a México con ella, cuánto quería que lo acompañara esa noche a su hotel, a su recámara, a su cama.
Ella aceptó. Todavía bebieron y hablaron hasta altas horas de la madrugada, el preludio perfecto para después hacer el amor y dormir abrazados.
La despertó la luz y el frío de la mañana de domingo. Era hora de vestirse, tomar sus cosas y regresar a su hotel. Ella lo vio dormido y así lo quiso dejar.
Él abrió los ojos y la vio a punto de partir. ¿Qué hacer? Acercarse a la cama y despedirse con un besito en la frente.
Así quedan este tipo de noches. Se transforman en recuerdos, en historias o…en películas.
Por ejemplo, Habitación en Roma (2010), un filme español dirigido por Julio Medem –también director de Los amantes del círculo polar y Lucía y el sexo– y una de las películas más bellas en las que el amor entre dos extraños dura una sola noche.
En el caso de Habitación en Roma, el amor se desarrolla entre dos mujeres: la española Alba y la rusa Natasha.
Ambas en la ciudad italiana se encuentran en un bar, se miran, se van al hotel de Alba y ahí dan rienda suelta a una noche cargada de sensualidad, de intimidad, de belleza, sin importar la vida que cada una tiene en su respectivo país porque hay extraños que mueven el piso y en una sola noche penetran el alma. Ella lo sabe y lo cree porque ya lo vivió. Ya lo sintió.
Hay extraños que tienen el poder de robarte tus secretos en menos de 24 horas. Alba y Natasha lo hicieron. Se compartieron absolutamente, en cuerpo y espíritu. Y aunque la magia entre dos extraños sea engañosa y parezca que durará, siempre llega el soplo de realidad, siempre llega el momento de decir adiós.
Y ese momento, carajo, cómo duele.
Les dejo el tráiler:
Y el tema de la película, por Russian Red, perfecta para este par de historias: