blogeditor · 14 de octubre de 2020
Hace tres años me encontraba cursando el primer semestre de la licenciatura en el Centro de Investigación y Docencia Económicas en su sede Región Centro. En ese momento había una ansiedad que me consumía todos los días, pues me sentía como pez fuera del agua y dudaba de mi decisión de estudiar Políticas Públicas; el estar rodeada de personas tan cultas e inteligentes me ponía muy nerviosa porque yo apenas empezaba a acostumbrarme a la vida universitaria y a desarrollar un pensamiento crítico. Sin embargo, con el paso de las semanas y los meses todo fue mejorando, pues hice amistades y entendí mi lugar en este centro de investigación.
A mediados de este año nos comunicaron que algunos fideicomisos del CIDE estaban en peligro de ser extinguidos, lo cual alarmó a todos y cada uno de los miembros de nuestra comunidad y, desde entonces, empezamos a movilizarnos de diversas formas para defender a una institución que se ha vuelto un hogar para muchas de las personas que estudiamos y trabajamos ahí.
Al iniciar el verano parecía que el peligro se había ido, que nos habíamos salvado de esta extinción, pero el mes pasado nos enteramos de que nuevamente se discutiría en la Cámara de Diputados; la incertidumbre y el miedo regresaron a nosotros. Entonces, por segunda ocasión en el año, la comunidad CIDEíta empezó a movilizarse, lo que nos llevó a desarrollar una manifestación el miércoles pasado en la plaza principal del centro de Aguascalientes para hablar en favor no sólo de la ciencia y la investigación, sino también del cine, la cultura, la protección a activistas de derechos humanos y periodistas, la prevención de desastres naturales.
Llegué a mediodía. Conforme me acercaba a la Exedra empecé a reconocer, a través de sus tapabocas, a amigos, amigas, profesoras, profesores y asistentes vestidos todos con una prenda blanca; fue entonces que me invadió la emoción al verlos –después de tantos meses– tan entusiasmados realizando diversas tareas. Me acerqué a mis amigas y comencé a ayudarlas a pegar portadas para una actividad a la que llamaron ‘Un kilómetro por la ciencia’. Colocamos decenas de hojas en el suelo que consistían en portadas de investigaciones y estudios desarrollados en el CIDE y con ellas formamos un largo camino en el que se leían los títulos de nuestros trabajos sobre migración, salud mental, educación, guerra contra las drogas, entre otros.
Las dinámicas eran muchas y el ambiente estaba cargado de una energía inspiradora. Las alumnas y alumnos, en su mayoría, junto con algunos asistentes, nos concentramos en hacer carteles con leyendas como “No hay México sin ciencia”, “¡No nos politicen!”, “México con ciencia”. Mientras tanto, algunos otros alumnos, profesoras, profesores, y asistentes de investigación hablaban en un micrófono sobre las actividades que se llevan a cabo en un centro de investigación, sus trabajos y lo perjudicial que sería para el país la eliminación de fideicomisos que impulsan a la ciencia y a la cultura. Había medios de comunicación presentes que grababan estas intervenciones y captaban frases como “No le estoy pidiendo nada a nadie, sólo que nos dejen trabajar”, “No usen (los diputados que propusieron la extinción de fideicomisos) una crítica para desaparecer la posibilidad de crítica” y “Estamos pensando, de verdad, cómo poder generar información que va a servir a mejores políticas públicas”. Algunas personas que pasaban cerca de la plaza parecían interesadas en lo que estaba aconteciendo y se acercaban a escucharnos y a firmar nuestra petición.
Después de aproximadamente 3 horas bajo el sol decidimos concluir nuestra movilización sintiéndonos satisfechos y orgullosos de nuestra protesta social. Dejamos nuestros carteles pegados en la plaza como evidencia de que nos habíamos parado ahí para expresar nuestra inconformidad ante una iniciativa que contribuye al estancamiento cultural y científico del país. Después de despedirnos con los codos, nos fuimos.
Ese día me acosté feliz y orgullosa de pertenecer a una comunidad que defiende la ciencia y la considera como un arma para enfrentar los retos que se nos presentan como sociedad. Este año ha sido muy singular, complicado y repleto de retos para todo el mundo; el CIDE– junto con los otros centros e instituciones que se ven afectadas por la extinción de fideicomisos– no ha sido la excepción. A pesar de ello, me alegra saber que está lleno de personas activas que juntas forman una red de resiliencia que sirve como escudo contra aquellos que no creen en la nobleza de las personas que lo conformamos. El CIDE es una institución que me ha enseñado lo abrumadores que son los problemas que tenemos en la realidad de nuestro país, pero al mismo tiempo me ha hecho enamorarme de la creatividad de soluciones que existen. En este centro de investigación he encontrado amistad, apoyo, segundas oportunidades y una educación superior de gran calidad, y confío en que seguiremos luchando para que más personas tengan la misma oportunidad que yo tengo y he tenido de estudiar ahí. ¿No debería el gobierno querer lo mismo?
* Paulina Salas Rosales (@Paulina__SR) es estudiante de 7o semestre de Licenciatura en Políticas Públicas en el Centro de Investigación y Docencia Económicas sede Región Centro.