La expresión de género y el estetoscopio

Redacción Animal Político · 18 de noviembre de 2023

Para Jesús O. Baena Saucedo, le magistrade, y para todxs lxs víctimas y sobrevivientes de actos de odio contra la Comunidad LGBT+ | #JotearHastaIncomodar

 

La represión de las identidades de lxs alumnxs golpea su salud al frenar su desarrollo como entes dinámicos en constante aprendizaje y autoconocimiento. La expresión e identidad de género ha sido un tema reservado para la categorización y clasificación de lxs pacientes, como si dentro de las aulas no se vivieran y expresaran ideas y vidas. Sin embargo, no es solo la academia a la que lxs alumnxs tendrán que enfrentarse, sino a la sociedad entera.

Pintarse las uñas, un acto sencillo, tiene el poder de mover ideas y corazones. Cuando era residente de segundo año, mis compañeras de generación me invitaron a ¡pintarme las uñas! dentro del hospital. Yo, un hombre homosexual cisgénero con la bata y el estetoscopio encima. Pese a las dudas (o temor), acepté hacerlo; sin embargo, esa situación me puso mentalmente en un problema.

Si bien el tiempo ha sido testigo de las luchas de la comunidad LGBT+ contra la discriminación y la lucha de la igualdad, no fue hasta inicios de los años 90 cuando la Teoría Queer 1 y el nacimiento de la autodeterminación de género 2 tomarían por sorpresa a la heteronormatividad de las Ciencias de la Salud.

La medicina, ahistórica, hegemónica, excluyente y cisexista, se enseña a lxs alumnxs de dicha licenciatura desde la visión del método científico, que como el mismo nombre lo define es un método que en muy pocas ocasiones ha sabido ver por lxs seres humanos, sus sueños y sus dolores, enfocándose solo en lo medible y lo graficable. Método que ha funcionado, por ejemplo, para justificar la patologización de la transexualidad y las diversas terapias de conversión que compañerxs de la comunidad LGBT+ sufrieron, y desgraciadamente, otrxs continúan sufriendo.

Lo anterior supone un gran problema, pues lxs pacientes y lxs propixs estudiantes de medicina en cualquiera de sus etapas de vida y aprendizaje son personas dinámicas que se encuentran en un proceso continuo de autoconocimiento sobre su sexualidad, orientación sexual y expresión de género. Empero, las instituciones académicas y de salud no parecieran –o no quieren ser- conscientes de lo diversa que puede llegar a ser la vida de sus pacientes y alumnxs. La heterosexualidad y cisexualidad se convirtieron regla y norma tanto para lxs que están dentro y fuera de los nosocomios médicos.

Existen escasos, pero no por eso menos meritorios, esfuerzos por la desheterosexualización y desgenerización de las aulas y la propia vida de lxs estudiantes. Un ejemplo son los baños neutros que se instalaron en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Si bien es un logro, el hecho debería sostenerse fuera de los baños y convertirse en una llamada de atención y agilización para que las escuelas restantes, adheridas a las UNAM o no, comiencen a siquiera imaginar un espacio seguro para sus alumnxs.

Pero como jóvenes, lxs alumnos (de pre y posgrado) sueñan y crean ya muchas cosas. Entre la violencia sistémica de la sociedad plasmada de diferentes formas en las aulas y los hospitales se tejen también resistencias en forma de “Tendederos”, uniformes no binaries, y uñas teñidas de diferentes colores. Pero no todas las resistencias son tan “resistentes” para soportar el miedo de tener algún tipo de problema con el sistema educativo o con la sociedad en general.

Eso fue lo que le pasó a mi resistencia. Se desplomó en el momento en el que vi mis uñas pintadas. Me di cuenta de lo mucho que me gustaban, como de lo poco que quería mostrarlas. No quería mostrarlas por miedo a que alguno de mis superiores, hombres o mujeres, me mandara a despintarme las uñas, pero también experimenté un miedo que nunca había sentido: el miedo a lxs pacientes. Me asustaba el hecho de pensar que algún paciente dudara de mis conocimientos por la forma en la que se verían mis manos al escribir su receta, o que incluso articulara alguna acción discriminatoria hacia mi persona y que mi residencia médica fuera recordada más por un conflicto que por su propia trayectoria. Miedo no ya al sistema académico en el que me encontraba, sino miedo al sistema heteropatriarcal hegemónico que se ha sostenido en el mundo.

No soy -y seguramente no seré- el primero en cruzar la línea entre lo masculino y lo femenino con la bata puesta. Por lo mismo, sé que ese pequeño paso si bien en medida es nulo, en consecuencia puede ser desastroso. Y puede serlo a nivel académico o personal. Académicamente porque todo estudiante de medicina sabe lo “incómodo” que es hablar sobre el género fluido, el género no binarie o las teorías queer en las aulas, lo que termina llevando a una separación de expresión y aceptación del género entre lxs académicxs y lxs alumnxs, que finalizará con médicxs titulados separadxs de temas comunes e importantes para la población LGBT+ y para ellxs mismxs. 3 Y personalmente porque si bien la expresión de género y su identidad son elegidos, de acuerdo con la Teoría de la Negociación de la Identidad de Ting-Toomey 4 la sociedad es una pieza clave y vital dentro de la aceptación de la identidad de lxs individuxs. Es decir, si fuera y dentro de las aulas y los consultorios no se acepta la expresión e identidad de género del alumnx, se le aleja (irónicamente) de la salud al no tener una relación de bienestar con la sociedad, independientemente de se encuentre física o mentalmente.

Lo último es de vital importancia, pues dentro de la nueva visión de los Trastornos Psicológicos y Psiquiátricos está ya bien descrito su enlace con los Determinantes Sociales de la Salud. Por consecuencia se entiende que dicho conflicto tocará la mente y desarrollo de lxs alumnxs, lo que podría desencadenar trastornos como depresión o ansiedad. Sin embargo, hoy en día existen diversas comunidades, colectivas, asambleas y asociaciones de y para la comunidad LGBT+, que acuerpan y acompañan a su población que está tan azotada por la discriminación. Y fue en lugares así donde aprendí a que el color de mis uñas no tenía que estar en conflicto con mi bata y mi estetoscopio. Incluso, podría decir que nunca habían combinado tan bien.

* Iván Josué Jiménez González (@IvanConAcent0) es médico especialista en Genética. Médico adscrito y Jefe de Enseñanza e Investigación del Centro de Rehabilitación e Inclusión Infantil (CRIT) Veracruz. Docente, activista, investigador, fundador de proyectos de divulgación científica y social, miembro activo de diferentes colectivas que velan por los
Derechos Humanos de personas en situaciones vulnerables. Contacto: [email protected].

 

1 De Lauretis, T. (1987). Technologies of gender: Essays on theory, film, and fiction. Indiana University Press.

2 Butler, J. (1988). Performative acts and gender constitution: An essay in phenomenology and feminist theory. Theatre journal, 40(4), 519-531.

3 Kreps, G. L., Peterkin, A. D., Willes, K., Allen, M., Manning, J., Ross, K., … & Tumolo, M. W. (2014). Health care disparities and the LGBT population. Lexington Books.

4 Ting-Toomey, S. (2005). Identity negotiation theory: Crossing cultural boundaries. Theorizing about intercultural communication, 211-233.