¡Haz arder tu corazón! El éxito de Demon Slayer

Redacción Animal Político · 24 de septiembre de 2025

La aclamación mundial de Demon Slayer no reside solo en sus efectos visuales, sino en sus efectos emocionales que provocan una reflexión moral sobre el problema del mal.

En LEXIA somos observadores integrales de la realidad y como hemos dicho en otras ocasiones, el anime ya ha dejado de ser un producto de nicho para convertirse en un fenómeno mainstream. Esto puede corroborarse con el estreno de la reciente película del estudio Ufotable, Demon Slayer. El Castillo Infinito, la cual es lanzada al mercado mundial por Sony a través de su plataforma Crunchyroll. Durante su primer fin de semana de taquilla fuera de Japón recaudó 70 millones de dólares. Para cuando estas líneas son escritas, se acerca a los 500 millones de taquilla global.

Este gran éxito suele ser explicado gracias a sus grandiosos “efectos visuales”. Y es que no se puede negar que Ufotable ha venido realizando una labor magistral en cada escena y capítulo proyectado en streaming. Ahora se corona con esta película, que es un deleite visual en cada fotograma (frame).

La historia versa sobre Tanjiro, el hijo mayor de una familia de carboneros. Tras estar fuera de casa por una noche, encuentra que su familia fue masacrada por un demonio. La única superviviente es su hermana, Nezuko, quien ahora también es un demonio, pero providencialmente logra contenerla. Su misión es “volverla humana”. Para lograrlo, debe derrotar a Muzan Kibutsuji, el demonio original. Se une a la Compañía Caza Demonios y debe enfrentar a muchos de ellos en el camino.

Toda esta historia se encuentra atravesada por una profunda narrativa emocional que confronta al espectador y le hace reflexionar sobre el dolor, la injusticia y la tragedia, pero también sobre el valor, el coraje y el amor. Más allá de los “efectos visuales”, la propuesta de Demon Slayer es la de poderosos efectos emocionales.

En LEXIA, una de nuestras constantes de investigación son las emociones y los sentimientos de los consumidores, ciudadanos y audiencias. Muestra de ello es nuestro estudio Esperanzas y temores de los mexicanos, el cual se encuentra nominado al Premio Reed Latino 2025. Hemos descubierto que para “conectar” con consumidores y audiencias, el camino no es solo lo deliberativo-racional, sino prioritariamente lo emocional. Por “emociones” no solo nos referimos a sensaciones fugaces de alegría, enojo o tristeza, sino a lo que el antropólogo Clifford Geertz denominó: “vigorosos, penetrantes y duraderos estados anímicos y motivaciones”.

¿Cómo se logra una conexión emocional penetrante y duradera con el público? Demon Slayer ofrece pautas clave. La versión original en manga (cómic japonés) se publicó entre 2016 y 2020 y vendió 220 millones de copias. En la actualidad, la mayor parte de la audiencia que va al cine ya conoce el final de la historia. ¡Y aun así, permanece enganchada! Se estima que la última película de la saga podría estrenarse hasta 2029. Una apuesta que podría parecer arriesgada, pues llegaría casi una década después de la conclusión del manga. ¿Para qué ver una película cuyo final ya conoces? Ufotable y Crunchyroll no habrían tomado esta decisión sin tener certeza de la profunda conexión emocional que esta historia tiene con su audiencia.

No se pretende desentrañar la “fórmula del éxito” de Demon Slayer, solo se apunta a uno de los aspectos clave: construir fidelización emocional mediante un storytelling o narrativa moral.

El ya citado Clifford Geertz señalaba que los “duraderos estados anímicos” se logran cuando forman una “concepción de un orden general de existencia”, es decir una visión moral del mundo. Este es otro de los aprendizajes constantes que tenemos en LEXIA, la clave para una fidelización emocional reside en conocer y hablar desde los marcos morales de las personas: sus consideraciones del bien y del mal, lo permitido y lo prohibido, los amigos y los enemigos, etc.

Demon Slayer presenta conflictos morales, lejos del arquetipo del bueno muy bueno y del malo muy malo. Justo antes de que los demonios sean derrotados se nos permite “volverlos humanos” al conocer su trágico pasado, el dolor y las injusticias que los llevaron a ese destino. Como decía Hanna Arendt: “Las acciones eran monstruosas, pero el que las cometió era bastante corriente, común y corriente, ni demoníaco ni monstruoso”.  Ahí reside la clave emocional y moral de esta obra, se presenta una trama de ficción sobre seres demoniacos, para terminar dándonos cuenta de que solo eran seres humanos llevados al extremo. Se genera empatía y hasta compasión por ellos. Pero el mensaje de la obra es muy claro: sus acciones monstruosas no tienen justificación. Por más que hayan sufrido, merecen un castigo.

De este modo, Demon Slayer está poniendo sobre la mesa una profunda reflexión sobre el mal y los malos. Lo hace en una época donde vemos a “demonios” reales cometer crímenes atroces. Tan solo en México, la cifra de desaparecidos supera los 115,000, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Encontradas (RNPEDNO); se cometen más de 80 homicidios diarios, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), y más del 60 % de la población vive con miedo, conforme al INEGI.

El análisis de la violencia y de la “mente criminal” sin duda es multifactorial. La psicología, la sociología, la antropología ayudan a comprender las “causas estructurales” y las  “motivaciones personales”. Pero entender no es justificar. Demon Slayer muestra que no se puede absolver a los perpetradores solo por su “pasado”.  Una reflexión tan importante como “el problema del mal”, por usar un término clásico, debe abordarse desde consideraciones racionales, pero también desde marcos morales y orientaciones emocionales, no es un tema que se pueda abordar “fríamente”.

Por eso los numerosos videos de personas de todas las edades llorando sin pudor en escenas clave de la cinta no son sentimientos del momento provocados por una “secuencia visual”; se trata de lágrimas tanto emotivas como reflexivas, pues mientras más se piensa en ello, más emotivo se torna. En redes sociales los comentarios hablan de querer ver la película de nuevo para “entenderle mejor” y “llorar con más ganas”. Los fans acuden a ver la película, no para “descubrir” la historia, sino para pensar y sentir nuevamente.

* Raúl Méndez Yáñez es antropólogo social y teólogo, Master Analytic en LEXIA, especialista en análisis semiótico y hermenéutico de productos culturales y de consumo. Coautor del libro Dios nueva temporada. Miradas teológicas al cine y la televisión en el siglo XXI.