blogeditor · 21 de mayo de 2021
Es sabido que cuando eres víctima de delito o violación de derechos humanos, parte del acceso a la justicia es la reparación del daño.
Si bien es una figura muy escuchada, se vuelve complicado en la práctica, pues cómo dimensionas o tienes la certidumbre de dónde empieza y termina el daño causado. ¿Qué tipo de reparación puede ser proporcional o equiparable a perder a un ser querido?
En 2010 ocurrió una masacre de 72 migrantes en San Fernando Tamaulipas. 72 personas entre mujeres y hombres fueron brutalmente asesinadas por el crimen organizado; personas con diferentes nacionalidades, desde Honduras, El Salvador, Ecuador y Brasil, cuyo objetivo era la búsqueda del propio bienestar. A casi 11 años de la masacre no hay reparación, sino una constante revictimización. Aún no hay sentencias, y las familias fueron víctimas no sólo del crimen organizado, sino del proceso y la imposibilidad de justicia. Familias que perdieron a un familiar de una manera brutal y repentina, a quienes no se les esclarecieron los hechos, quienes recibieron restos con la incertidumbre que sea su familiar, a quienes no se les permitió el acceso a la información y sus derechos fueron también vulnerados al no tener un trato digno, sin acceso a la verdad y la justicia.
Cuando ocurre un acontecimiento traumático como el que acabamos de mencionar, son situaciones que nos deterioran de muchas maneras pues no hay olvido en ese acontecimiento, no hay olvido en la vulneración que se sufre en los derechos humanos, y esas son heridas que nos acompañan más allá de la “reparación del daño”. Y el hecho de que los procesos de justicia nos vulneren más de lo que protegen, ese daño se agrava y desencadena también toda una situación de desamparo, desconfianza e inseguridad generalizada, pues no encontramos con la verdad de que lamentablemente esas historias de injusticia no son aisladas ni únicas.
Es por eso que también se busca el “derecho a la no repetición” y se trata de que las injusticias dejen de suceder, que deje de crecer la lista de masacres, que la policía deje de asesinar, que los hijos dejen de desaparecer y las madres no tengan que buscar, que las instituciones dejen de violar derechos humanos, que migrar sea seguro. Y desde esa no repetición es que en Sin Fronteras también trabajamos para incidir en leyes y acceso a la justicia, en acompañar las migraciones para tratar que no se vulneren más los derechos.
¡Porque migrar es un derecho!