Redacción Animal Político · 24 de mayo de 2024
Desde antes del año 2000 se establecieron en México las bases para contar con un Sistema Nacional de Evaluación de la Educación (SNEE), para proporcionar información válida, confiable y comparable, y generar series históricas para medir el avance, estancamiento o el retroceso en el logro educativo y buscar relaciones de éste con el contexto escolar, y en particular, con lo que sucede en el aula. El SNEE fue reforzado con la creación de un instituto autónomo que coordinaba evaluaciones de distintos aspectos del sistema educativo, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Pero desde la desaparición de ese organismo en 2019 no se ha tenido una política clara en este sentido y hoy estamos viviendo las consecuencias de esto.
¿Son buenas o malas las evaluaciones? ¿Sirven o no sirven para la mejora del sistema educativo? La verdad no hay una respuesta concreta para esto, pero en Mexicanos Primero consideramos que es necesario contar con resultados del sistema educativo que nos den cuenta de cómo se está cumpliendo con el derecho a aprender de las niñas, los niños y los adolescentes en nuestro país. ¡Queremos evaluaciones!, no para poder criticar lo que está mal en el sistema educativo, ¡queremos evaluaciones! para la mejora continua de la educación y la toma de decisiones basadas en evidencia.
La evaluación es principalmente una acción de política educativa, que debe ser relevante y ofrecer información útil y significativa que proponga soluciones para mejorar. Y como tal debe ser tomada por las autoridades educativas en nuestro país. En su momento el SNEE integró evaluaciones internacionales de logro de aprendizaje; evaluaciones nacionales de desempeño; evaluaciones a docentes, directivos y otros actores del sistema educativo; y evaluaciones a políticas y programas educativos, dando cuenta de aspectos distintos del sistema educativo. En este sistema han recibido particular atención las evaluaciones internacionales, por ejemplo, se ha reconocido su valor como una herramienta que permite la comparación con estándares internacionales, pero también han recibido críticas por estar, supuestamente, fuera del contexto del sistema educativo mexicano o de orientarse a algún tipo de ideología. La prueba PISA se encuentra hoy en medio de ese tipo de debate.
PISA es una iniciativa de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) -que se inició en el 2000 y que se ha aplicado cada 3 años en un creciente número de países y economías-, para evaluar en las áreas de lectura, matemáticas y ciencias. México, como país miembro de la OCDE, ha participado en cada una de las ediciones de PISA. Esto significa que como país contamos con una larga serie de datos que nos permiten medirnos contra nosotros mismos a través del tiempo y compilar evidencia de la efectividad de las políticas educativas que se han implementado en los últimos 20 años.
Cada vez más países fuera de la OCDE se incorporan al estudio para conocer el nivel de dominio que tienen sus estudiantes en las áreas evaluadas y en ámbitos innovadores como la educación financiera o el pensamiento creativo. Conocer el nivel de sus estudiantes permite orientar de una mejor manera sus políticas educativas, realizar ajustes a sus planes y programas de estudios, y, sobre todo, hacer ajustes basados en evidencia. Entonces ¿por qué la participación de México en PISA está en debate? No existe una respuesta concreta.
Estamos ante el riesgo de no participar en la evaluación de 2025 porque hasta el momento no se han cumplido los plazos de entrega de información a la OCDE y no realizan aún las labores técnicas para la realización del piloto, que se debe hacer un año antes de la aplicación definitiva. A pesar de que el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció desde el 7 de mayo que la prueba se realizará, todo indica que en la SEP no se está haciendo lo propio para avanzar en el proceso. En 7 semanas concluye el ciclo escolar y la prueba debería realizarse antes de las vacaciones de verano. La decisión se debe tomar antes de las elecciones del 2 de junio porque de lo contrario se le negará a la próxima administración la posibilidad de contar con evidencia de la efectividad las políticas educativas que existen actualmente y las que fueron aplicadas por las administraciones anteriores.
Pensemos no solo en que se realice la prueba piloto y la aplicación definitiva de PISA, también pensemos en que los resultados se usen y sean una herramienta para la mejora de nuestro sistema educativo. En 2022 México estuvo a punto de quedar fuera del estudio, ya que no se habían realizado todos los procesos técnicos requeridos para su aplicación, casi de último momento se decidió participar. En diciembre de 2023 se publicaron los resultados de ese ciclo de evaluación, pero dado que en México no se publicó un informe nacional y ni siquiera se contó con un posicionamiento oficial sobre los resultados, podemos asumir se han usado poco o nada para mejorar las políticas educativas.
Reiteramos el llamado realizado el 21 de mayo pasado por organizaciones de la sociedad civil, organizaciones, colegios, academias, para que PISA se aplique en México, para que contemos con información, para que comprendamos un poco más de lo que está pasando en nuestro sistema educativo y tengamos información relevante, útil y significativa. Reconstruyamos el SNEE, evaluemos más aspectos significativos del sistema educativo, garanticemos el derecho a la educación de calidad para las niñas, los niños y los adolescentes a partir de políticas bien orientadas. ¡Queremos evaluaciones!
* María Teresa Gutiérrez es directora de Monitoreo de indicadores en Mexicanos Primero.