blogeditor · 14 de noviembre de 2016
Drumpf, antes de ser presidente: cuatro momentos
Antes que todo, ofrezco desde aquí una amplia disculpa. Reconozco haberme equivocado en toda la línea. Jamás creí que el peor candidato en la historia de los comicios bipartidistas en los Estados Unidos (y vaya que la lista es larga; contiene fichitas -desbancadas con rudeza por El Donald– que en otras circunstancias hubiesen obtenido el título), se afianzaría con una sorprendente y cómoda victoria en el conteo del Colegio Electoral. Asumí que las y los votantes evitarían a toda costa este desenlace. No hay excusa, ni pretexto; sólo queda asumir el error, y actuar con mayor humildad y escepticismo para la próxima.

El equipo de Trump, y la inercia, cansancio o fatiga hacia el clan Clinton evitaron una coronación electoral de la exsecretaria de Estado, exsenadora y cónyuge de Bill, excuadragésimo segundo presidente.
Los comicios federales de 2016 refuerzan la condición de acercarse a los estándares locales (¿Trumpotepec?), pero con recursos sin límite que rebasan lo estrictamente local y –por consiguiente- gravísimas consecuencias mundializadas. La democracia anglosajona, con sus asegunes y defectos, ha sido tomada por asalto.
Se impuso un charlatán, racista, xenófobo, enemigo declarado de las mujeres: fraudster fiscal y el máximo embaucador de la historia reciente.
Pavoroso.
Acostumbrémonos a enumerar sus títulos recién adquiridos: Presidente #45 de los Estados Unidos. Comandante en jefe de sus vastas fuerzas armadas; autoproclamado Líder del Mundo Libre.
Drumpf, un apellido que sugiere resonancias germánicas tan desafortunadas como la de Adolf Shicklgruber.
En efecto. Trump controlará los tres poderes, a su antojo y el de sus numerosos canchanchanes.
(Ejemplo al azar. Es muy probable que la Agencia de Protección del Medio Ambiente sea presidida por Myron Ebell, un prominente negacionista. La versión gringa de Rafael Pacchiano deshará los avances de la agónica gestión de Obama).
No vale perderse en compendios adicionales (parrafadas extensas e interminables) sobre sátrapas en África, Centroamérica, México o la extensa fauna de Europa Oriental. Seremos vecinos de un Somoza potencial (o su heredero progre, mocho y nepotista, el sempiterno Daniel Ortega), o a Lukashenka, o a Mugabe, un narcisista hipertrofiado con un dedo en el gatillo nuclear despachando en Washington a partir del 20 de enero de 2017, hasta cuando menos 2021. Alguien capaz de que Bush Jr. parezca, en comparación, Winston Churchill; alguien que hará que muchos despistados/amnésicos añoren –como hoy sucede en México, con el sexenio calderonista que amenaza volver con Margarita Zavala en 2018- los ‘viejos y mejores momentos’ de su esposo.
Al fenónemo Trump le han dedicado millones de textos e imágenes la opinión pública especializada. Antes de que surgiera la bestia anaranjada, diversos libros lo habían prefigurado. Textos como La Imagen: Una Guía de Seudo Eventos en EEUU (publicado en 1962), del historiador Daniel Boorstin, o Friendly Fascism (de 1980, antes de la llegada de Ronald Reagan a la presidencia). El tomo, que lleva por subtítulo La Cara Nueva del Poder en los Estados Unidos, fue una obra adelantada a su época del profesor de Ciencias Políticas neoyorquino Bertram Gross; planteó lo que podría definirse como el ‘fascismo con rostro humano’ que se cierne sobre la Humanidad entera en la persona de Trump; algo similar en algunos sentidos al Berlusconiano, pero distinto y perfeccionado con guiños aún más posmodernos. El peor de los dos mundos, amalgamados en el político-empresario que (uno sospecha) se pasará por el Arco cualquier regulación clara o control institucional establecido.
Ni en las peores tiempos de Reagan, otro encumbrado animador republicano que inauguró la era actual de la Política como Entretenimiento, se condecoraba con fruición el prejuicio, la misoginia y el fervor nacionalista demagógico y exacerbado.
Se ha premiado la impericia e improvisación, con consecuencias directas al combate contra el cambio climático.

En el posfascismo lite que propone la elección de Drump nos aproximaremos, en lugar del Mein Kampf, al Celebrity Apprentice para desmenuzar sus posibles posturas y compromisos presidenciales.

(Como los Cargo Cults salvíficos de Melanesia, la ‘solución’ existe en el cielo, y aterriza en tierra; es el tema subyacente del futuro presidente norteamericano: ‘¡¡Yo soy tu Voz!!’- que emerge de su DC-9 y helicóptero repartiendo promesas incumplibles y ‘bendiciones’ seculares).
Entresaco cuatro episodios revelatorios, en video.
2005. El acabose que terminó propulsando al Duce la presidencia. Audio/video cortesía Access Hollywood, emisión de la NBC (cadena televisiva responsable, tal vez como ningún otro factor de poder estadounidense, gracias a sus programas Aprendiz y Celebridad Aprendiz, del estado catatónico en el que muchas y muchos nos encontramos en el mundo; y lo estaremos –si acaso éste sobrevive a cuatro años de Trump Presidente- hasta enero de 2022).

2011. Entrevista con John King, reportero de CNN, vs Drumpf el Merolico o Pregonero de Carnaval, papel protagonizado por un preprecandidato desquiciado, cuestionando si Barack Obama era en realidad ciudadano de los Estados Unidos y le era leal a ese país.

Junio 16, 2015. Parecía una vacilada grotesca e incomprensible, que ahora se ha tornado la peor de las pesadillas. Trump anuncia su candidatura, Trump Tower en Nueva York. Un discurso unidireccional e incoherente: el preludio de una administración conflictiva.

31 de agosto de 2016. A punto estaba de arrancar el Mes Patrio, y México ya padecía indigestión crónica e incurable. Llega Donald J. Trump a Los Pinos, en el helicóptero oficial donde se escondía Luis Videgaray, recién rehabilitado por accionar una ‘aguda’ –y fantasiosa- ‘visión’ al invitar al radioactivo candidato norteamericano, dándole trato de Jefe de Estado y relanzando (cuando se encontraba en la lona) su demencial carrera por la presidencia americana. Legitimando, en el acto, todos sus prejuicios y vilezas.

No fue un mal viaje, la visita relámpago presidencial de Trump a la Ciudad de México, invitado por Peña Nieto y su equipo, antes de que el magnate fuera ungido como tal por una mayoría de votos electorales del Colegio que ha servido para tal efecto, desde los comicios de 1788, en la Unión Americana.
Recordar y revivir estos capítulos será un proceso traumático pero necesario.
Con este material habrá que lidiar en el futuro inmediato: dentro de sesenta y siete días, para ser exactos.
Los cuatro años venideros se consolidarán para los medios establecidos como Ratings Gold –como el Super Bowl, la Serie Mundial recién ganada por los Cachorros de Chicago, o los Tazones colegiales de fin de año.
Con autoridades policiacas que ‘obsequian’ un sándwich elaborado con heces fecales a ciudadanos en situación de calle. Eso es lo que ofrece (a lo grande) Donald J. Trump al público y a lo largo de una carrera que, quién lo diría, culmina en su Apoteosis vía la ansiada Casa Blanca.
Tras los ejemplos exitosos de Berlusconi en Italia y el que va a iniciar pronto Drumpf en los Estados Unidos, cundirá entre nosotros una tentación autóctona plutocrática. ¿Querrán prescindir aquí de intermediarios estorbosos; actuar igual e intentar hacer lo mismo que el patriarca WASP Trump, los Vázquez Raña, Slim, Salinas Pliego, &c.? Son preguntas que se contestarán pronto, cuando faltan apenas dos años para que arranque formalmente otro sexenio en México.

No queda remedio.
No sólo mires – Vé.