Ética médica: pilar que garantiza la salud y el respeto a la dignidad de las personas

Redacción Animal Político · 16 de septiembre de 2024

En el ejercicio de la medicina, la ética médica se ha convertido en un pilar fundamental para garantizar no solo la calidad de la atención, sino también el respeto a los derechos humanos y la dignidad de las personas con condiciones que afectan su salud. En un mundo cada vez más tecnificado y en el que los avances científicos permiten tratamientos más complejos, las decisiones médicas no pueden basarse únicamente en datos y procedimientos. La ética, entendida como la brújula que guía el actuar de las y los profesionales de la salud, es esencial para asegurar que el bienestar de las personas siempre esté en el centro de cada decisión.

La relación entre quien practica la medicina  y quien tiene alguna condición que afecta su salud es profundamente desigual. Quien practica la medicina posee el conocimiento y el poder de intervenir en la salud de quien tiene alguna afección a su salud, quien se encuentra en una situación de mayor vulnerabilidad. Aquí es donde la ética médica juega un papel clave, ya que regula esta relación para garantizar que el poder no sea abusado y que se respeten los derechos fundamentales de la persona que está bajo tratamiento.

Un aspecto central de la ética médica es el respeto por la autonomía de quien tiene una condición que afecta su salud. Esto implica que tiene el derecho a ser informadx de manera clara y comprensible sobre su diagnóstico, las opciones de tratamiento disponibles y los riesgos asociados. Solo así puede tomar decisiones informadas sobre su salud. Sin esta práctica, el riesgo de caer en una medicina paternalista, donde el médico o la médica decide por la persona sin consultarle, es alto.

Este respeto por la autonomía no solo fortalece la relación médicx-persona con alguna afección a su salud, sino que también impacta de manera positiva en la salud del paciente. Estudios han demostrado que las personas que se sienten escuchadas y respetadas tienen una mayor adherencia al tratamiento y mejoran más rápidamente que aquellas que no tienen una participación activa en sus decisiones médicas.

La justicia es otro de los grandes componentes a considerar por la ética médica. En un contexto donde el acceso a la salud aún enfrenta grandes desigualdades, es esencial que las y los profesionales de la salud se comprometan a tratar dignamente a todas las personas, independientemente de su estatus socioeconómico, origen étnico, género, orientación sexual o cualquier otra condición.  La equidad en la atención es un principio ético que busca corregir esas desigualdades y garantizar que todos reciban una atención adecuada tomando en cuenta las interseccionalidades que nos atraviesan a todas las personas.

La falta de ética en este sentido puede llevar a un trato desigual, donde algunos pacientes reciban mejor atención que otros debido a factores externos. La justicia, en este caso, no solo tiene un componente moral, sino que también es una cuestión de derechos humanos.

Por otro lado, el principio de no maleficencia, que puede resumirse en la frase “primero, no hacer daño“, obliga a las médicas y los médicos a evaluar con detenimiento los riesgos de cada intervención. Este principio busca evitar que las personas sean sometidas a tratamientos innecesarios o dañinos, priorizando siempre su bienestar.

El siguiente caso ilustra cómo la ética médica puede hacer la diferencia en la salud y el bienestar de las personas. En un hospital público, una doctora se enfrentó al caso de un paciente de 80 años que presentaba problemas cardíacos. El equipo había decidido intervenir quirúrgicamente, pero el señor, un poco desorientado, no entendía completamente los riesgos de la operación.

La doctora, guiada por su enfoque bioético, se negó a proceder sin antes asegurarse de que el señor comprendiera plenamente su situación. Solicitó la presencia de un familiar y explicó detalladamente los riesgos y beneficios de la intervención. Al final, el señor decidió no someterse a la cirugía y optó por un tratamiento menos invasivo. Gracias a esta decisión informada, el paciente mejoró con el tiempo sin necesidad de pasar por el quirófano. Este caso muestra cómo la ética médica, al respetar la autonomía del paciente y poner su bienestar por encima de cualquier otro interés, puede resultar en mejores desenlaces para la salud.

En un momento histórico en el que la tecnología y la ciencia avanzan a pasos agigantados, la medicina debe recordar siempre que su propósito principal es cuidar a las personas, no solo curar enfermedades. La ética médica, con sus principios de beneficencia, autonomía, justicia y no maleficencia, es la brújula que asegura que las médicas y los médicos no pierdan de vista la humanidad detrás de cada paciente.

La salud no es solo cuestión de tratamientos, cirugías o fármacos. Es, ante todo, un proceso que implica el respeto por la vida, la dignidad y los derechos humanos de quienes están bajo cuidado médico. Cuando las médicas y los médicos actúan éticamente, no sólo mejoran la salud física de las personas con alguna condición que afecta su salud, sino que también fortalecen su bienestar emocional, su confianza en el sistema de salud y su capacidad para tomar decisiones sobre su propia vida.

* Frida Romay Hidalgo (@FridaRomayHgo) es jefa de la Causa de Salud y Bienestar en Nosotrxs y Coordinadora del Colectivo de Médicxs en Formación y del Colectivo Cero Desabasto.