Ética en la Economía como alternativa al capitalismo global neoliberal

blogeditor · 18 de mayo de 2022

Ética en la Economía como alternativa al capitalismo global neoliberal

Eticonomía: neologismo que junta las palabras Ética y Economía. Ha sido ya usado por varios, como Joan Antoni Melé, Antonio Foglio, Philip Birch o Rui Martins.

 

Aristóteles vinculaba la Ética de la Virtud con el ejercicio de hábitos que permiten que nuestras acciones se alejen de los excesos y los defectos para llegar a un término medio, que es el comportamiento virtuoso. En el ámbito de la Economía, distinguió a la economía doméstica de la comercial, refiriéndose a la primera como la “de mantenimiento”, de la que se sirve el hombre para satisfacer sus necesidades y las de su familia, una actividad natural, necesaria y limitada (finita) cuando se adquieren los bienes requeridos para tal fin; y a la segunda, como la basada en el dinero, el lucro y las ganancias, a la cual consideraba antinatural, innecesaria, ilimitada y basada en el exceso.

Hasta la aparición de la Economía de mercado y el capitalismo, la sociedad hizo uso de la Economía (como instrumento) observando principios conductuales y patrones institucionalizados (como la reciprocidad y la redistribución, la simetría y la centralidad) que contribuían a la cohesión comunitaria, así como de la propia economía doméstica. Después, la sociedad se sometió jerárquicamente a la Economía, la cual dejó de ser doméstica y prescindió de dichos principios y patrones, dislocando, según nos refiere Polanyi, las relaciones sociales.

Amartya Sen aborda la relación entre Economía y Ética a partir de dos visiones y dos orígenes diferentes, distinguiendo entre una Economía con enfoque técnico, fundada en la visión del logro social (con predominancia en temas logísticos y una naturaleza instrumental), y otra con enfoque ético, basada en la visión de la motivación interna del ser humano y centrada en los fines en contraposición a los medios. El autor señala que la Economía moderna se basa en la primera versión e ignora a la segunda, gracias al dominio de la tecnocracia y a una concepción utilitarista del ser humano y la sociedad, con la que se ha pretendido justificar que la conducta natural de las personas es el egoísmo.

Max Weber atribuye un papel muy importante al pensamiento luterano, y principalmente al calvinista, en el moldeamiento del carácter de la sociedad capitalista, donde el desempeño incesante de la profesión, la generación de riqueza, e incluso el lucro eran la manera de glorificar a Dios, con la obligación de evitar el goce de dinero y los bienes e invertirlos en nuevas empresas o actividades productivas. Esta ética del trabajo contribuyó a apaciguar la angustia consecuencia de lo que Erich Fromm refiere como el conflicto de la libertad lograda por el hombre moderno. Pero la raíz ética y religiosa con la que se forjó el capitalismo influenciado por la Reforma se secó, como Weber reconoce, y la tentación venció al carácter ascético y a la prohibición del disfrute, haciendo que el goce desenfrenado y el egoísmo transformaran al espíritu capitalista.

Fromm denuncia que, en las sociedades industriales, el egoísmo se ha vuelto la regla y la solidaridad la excepción, y que una sociedad basada en principios como la adquisición, el lucro y la propiedad genera un carácter orientado al tener que, al convertirse en la pauta dominante, arriesga a que la mayoría quiera cumplir el canon por miedo a la exclusión social, a pesar de que se propicia un antagonismo mutuo. En oposición a ello se encuentra la orientación al ser, la cual privilegia, en términos kantianos, a la dignidad del ser humano como fin por sí mismo (no a la riqueza ni a las posesiones), y fomenta la solidaridad.

Como elementos constitutivos del capitalismo, sin los cuales éste no puede existir, Immanuel Wallerstein señala dos fenómenos a los que les son inherentes la injusticia y la desigualdad: el racismo y el subdesarrollo, base sobre la cual se construyó lo que él denomina sistema economía mundo capitalista, que es como el modelo se organizó globalmente. Esta organización incluyó la creación de los Estados nacionales como figuras para regular mercancías y capitales en el mundo y su interrelación.

Ese origen generó una brecha que separó a las minorías beneficiadas por el sistema del resto de la población; brecha que se abrió aún más con la Revolución Industrial en la segunda mitad del Siglo XVIII, de la mano del “liberalismo económico” que, bajo el lema laissez faire, laissez passer (dejen hacer, dejen pasar), moldeó al Estado para proporcionar las mayores facilidades posibles a la minoría dueña de los medios de producción. Como resultado de las grandes crisis económicas y políticas originadas por la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial, se ejecutaron opciones que buscaron implementar sistemas menos desigualitarios e injustos, como el New Deal y el Estado de Bienestar en el bloque capitalista y el socialismo en el bloque soviético. Éstos, a finales de los 70 y principios de los 80, empezaron a sucumbir debido al surgimiento del neoliberalismo que, fortalecido con la caída del Muro de Berlín y el proceso globalizador que le siguió, se convirtió en el sistema hegemónico actual: el capitalismo global neoliberal (CGN) que ha permitido un crecimiento exponencial de la desigualdad y la injusticia, aprovechándose hasta de la pandemia de COVID-19 para lograrlo.

Además de la descomposición social, el neoliberalismo ha permitido al capitalismo dar rienda suelta a su potencial de destrucción medioambiental con un sistema de producción que traspasa los límites planetarios, agota sus recursos y cosifica y mercantiliza a todo y a todos: individuos, comunidades, seres vivos no humanos, ecosistemas y entes no vivos indispensables para la vida.

Es así como, en el CGN, al privilegiar una razón tecnocientífica y materialista sin la protección reflexiva de la Ética, la Economía moderna ortodoxa se ha convertido en una fuerza irracional, arrogante, imprudente, intemperante e injusta que, además de la grave destrucción del medio ambiente y el disloque de la sociedad, amenaza con extinguir a la propia humanidad.

El ethos del CGN y la relación entre la Ética y la Economía en él son incompatibles con la sostenibilidad, y resulta urgente, y es posible, construir una propuesta de ética de la sostenibilidad para modificar tal situación. Para lograrlo, debemos recurrir a diversas corrientes y posturas: la Ética Clásica o de la Virtud aristotélica; la Ética kantiana; la Bioética; los principios de Justicia de Rawls; aspectos de la idea de la Justicia de Amartya Sen; el Principio de la Responsabilidad de Hans Jonas; el ecologismo profundo de Arne Naess; la Ética de la alteridad y el reconocimiento del Otro; principios éticos de culturas y civilizaciones no occidentales, y la Ética de los Derechos Humanos, entre otros.

Creemos que la institución de los derechos humanos podría convertirse en el eje articulador para revincular Ética y Economía y permitir la construcción de un ethos sostenible y efectivamente implementable, ya que éstos constituyen una brújula ética a la que deben aspirar las instituciones nacionales e internacionales, construyendo normas que se incorporen a un sistema jurídico eficaz para ser instrumentadas y ejercitadas. 1

* Pedro Roberto Reyes Martínez (@pedroreyesm) estudió Derecho en la UNAM, es Técnico Superior Universitario en Comercialización Inmobiliaria por la Secretaría de Educación Pública, estudió una Maestría en Responsabilidad Social en la Universidad Anáhuac, campus Querétaro, y actualmente estudia el Doctorado en Innovación en Responsabilidad Social y Sostenibilidad en la Universidad Anáhuac México, campus Norte. Es miembro de la red de ExpertODS de Sustainable Development Solutions Network de la Organización de las Naciones Unidas en México (SDSN México).

 

1 Ejemplo concreto es la reforma constitucional de México en 2011 en materia de Derechos Humanos y la resolución de la SCJN del 3 de septiembre de 2013 en la Contradicción de Tesis 293/2011, que abrieron la puerta a una transformación de nuestra sociedad al hacer a los Derechos Humanos jurídicamente vinculantes en nuestro país y tener garantizada su aplicación por parte del Poder Judicial de la Federación, como lo señalan García Ramírez y Morales y Arturo Zaldívar, y como ha quedado ya evidenciado en resoluciones judiciales concretas.