blogeditor · 29 de junio de 2022
Con la cantidad de información que prolifera y circula en las plataformas de acceso abierto de las revistas científicas, ha sido cada vez más frecuente el descubrimiento de malas prácticas y conductas por parte de científicos e investigadores que encuentran en ellas fuentes inagotables de prestigio, fama, enriquecimiento o el simple cumplimiento mínimo de requisitos para mantener sus plazas. Si en los procesos de investigación científica existen estándares éticos sobre los límites que se deben respetar, sobre todo al experimentar con seres humanos, en el mundo de las publicaciones indizadas también, sólo que se conocen menos. A pesar de ello, ameritan una amplia difusión para atacar las causas que hacen torcer el pie a tantos.
La retractación de artículos científicos en revistas indizadas consiste en colocar la leyenda “retractado” en un artículo del que se ha conocido que incluyó una mala conducta, bien sea por algo perpetrado por el investigador o grupo de investigadores que firman la autoría, porque durante el proceso de obtención de información no se cumplieron cabalmente los lineamientos éticos universalmente aceptados, o porque los resultados comunicados son dudosos. La advertencia se coloca en el artículo y, en principio, es responsabilidad de quien lo publica, es decir, del editor que subió el paper a la plataforma que alberga a su revista; pero, desde ahí, la red de datos que se comparten en las bases y metabuscadores corre a velocidades infinitas, y no siempre así el descubrimiento de la mala conducta.
Así pues, un artículo puede quedar retractado en el sitio principal de la revista donde fue publicado, pero no en los buscadores o bases de datos, y viceversa. Para solucionar el problema, el sitio Retraction Watch monitorea los artículos retractados y ayuda a identificar alguno que quizá no está clasificado como tal en alguna base de datos.
No obstante el problema anterior, y otros más que vienen de estandarizar los protocolos de retractación de artículos, los editores de revistas indizadas, sus comités editoriales, las instituciones que los promueven y los dueños de las mismas tienen una gran responsabilidad de velar por la integridad académica y científica de sus contenidos y de quienes publican. Es por eso que debe ser un esfuerzo conjunto. Las malas prácticas pueden darse, como ya se dijo, tanto en las personas autoras como en los escritos y/o en los procedimientos que acompañan la obtención de los datos que se están dando a conocer.
Algunos ejemplos de malas conductas por parte de los investigadores son: el plagio, que consiste en tomar como propia una idea ajena sin darle crédito al autor original; la autoría inexacta o la falsa autoría, que suele presentarse cuando se coloca un autor como corresponding author sin que haya sido el principal, o se incluye a otro sin que haya aportado materia alguna al artículo; la falsificación y fabricación de datos, que es una de las faltas más graves pues consiste en inventar números para hacer cuadrar los resultados que se quieren dar a conocer sin que estos reflejen la verdad objetiva, y los procesos de dictaminación ciega falsos o manipulados, entre otros.
Cuando se detectan estas situaciones se debe proceder de inmediato, otorgándole el beneficio de la duda al autor para que explique lo sucedido; y si no existe un motivo sólido ni éticamente sostenible, se deberá retractar el artículo cuanto antes y notificar a los lectores y a la institución de procedencia del autor. Estas conductas no pueden ni deben ser toleradas, y es necesario que cada revista cuente con una política sólida de retractación de artículos científicos. Pueden ayudar en ello las guías internacionales, como la COPE o la Oficina para la integridad científica de los Estados Unidos.
En la medida en que se cuente con una política clara al respecto y se conozca con transparencia el proceso de retractación, los autores que envíen sus artículos no cometerán estas faltas o, al menos, no intencionalmente. A la par, es importante considerar que el editor y quienes conformen el comité editorial deben ser personas íntegras y honestas que no hayan incurrido en faltas de deshonestidad académica ni en conductas fraudulentas en sus propias publicaciones. La confiabilidad de la revista dependerá, en gran medida, de la solidez ética de su editor y de su comité.
La presión por publicar es muy fuerte en los entornos académicos, pero no puede ser excusa para cometer actos deshonestos o contrarios a la ética profesional. Hacer un frente común en todas las revistas para detectar, prohibir y denunciar públicamente estas malas prácticas es fundamental para elevar la calidad de la investigación y de la publicación de los resultados que de ella emanen. Hacer avanzar la ciencia es valioso, pero hacerlo a costa de lo que sea es traicionar la esencia misma del conocimiento.
* María Elizabeth de los Rios Uriarte es licenciada y doctora en Filosofía por la Universidad Iberoamericana y maestra en Bioética por la Universidad Anáhuac México, donde es profesora e investigadora y coordinadora de investigación de la Facultad de Bioética. Asimismo, es Research Scholar de la Cátedra UNESCO en Bioética y Derechos Humanos.
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