El estrecho de Bab el-Mandeb frente a la escalada de tensiones en Medio Oriente

Animal Político · 21 de julio de 2026

El estrecho de Bab el-Mandeb frente a la escalada de tensiones en Medio Oriente

Por: Adrián Marcelo Herrera Navarro

En los últimos días hemos visto una nueva escalada en los conflictos en Medio Oriente, sobre todo entre Estados Unidos e Irán. Tras el colapso del memorándum de entendimiento entre Washington y Teherán, se reanudaron las hostilidades, mientras que la tregua entre Arabia Saudí y los Hutíes se rompió después de que los Hutíes acusaran a Arabia Saudí de bombardear el aeropuerto internacional de Saná, la capital de Yemen. Sin embargo, el aumento de las tensiones en ambos conflictos parece enfocarse en el control de la navegabilidad de los estrechos de Hormuz y Bab el-Mandeb.

Ante la posibilidad de una escalada de las operaciones militares estadounidenses contra Irán, y los bombardeos de fuerzas prosaudies en Saná, emerge una nueva amenaza: que Teherán, con el apoyo de los Hutíes en Yemen, busque extender el bloqueo marítimo del estrecho de Hormuz hacia el estrecho de Bab el-Mandeb. Esta dinámica ha llevado a que algunos analistas comiencen a referirse a la actual escalada como la “guerra por los estrechos”, debido a la creciente importancia estratégica que han adquirido estos corredores para la seguridad y el comercio internacional.

El estrecho de Bab el-Mandeb ubicado entre las costas de Yemen y Djibuti conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye el acceso obligatorio hacia y desde el canal de Suez. Por este paso transita una parte sustancial del comercio marítimo entre Asia y Europa, además de importantes flujos de petróleo y gas con destino al continente europeo. Cualquier interrupción prolongada obligaría a desviar el tráfico por rutas mucho más largas y costosas, con repercusiones inmediatas para las cadenas globales de suministro, los precios de la energía y el comercio internacional.

Aunque geográficamente Bab el-Mandeb se encuentra bajo influencia directa de los Hutíes en Yemen y no de Irán, la estrecha relación política, militar y tecnológica entre ambos actores convierte este corredor en una herramienta estratégica de presión para Teherán. Ese riesgo ha cobrado fuerza tras la decisión de los Hutíes de imponer un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita en respuesta a los ataques de fuerzas prosaudíes sobre Saná. De esta manera, convergen los intereses de los Hutíes e Irán por incrementar la presión sobre Occidente y sus aliados del Golfo, complementando el cierre del estrecho de Ormuz con restricciones al tránsito por Bab el-Mandeb.

Esta no sería una situación inédita. En los últimos años, los Hutíes han llevado a cabo bloqueos parciales y ataques contra buques vinculados con Israel o con destino a puertos israelíes. Aunque el embargo hutí actual está dirigido principalmente contra Arabia Saudita, no podemos obviar que es al mismo tiempo una clara señal para el resto del mundo de la posibilidad de un cierre o un bloqueo mayor a la par que demuestran su capacidad para interrumpir una de las rutas marítimas más importantes del mundo.

Para la Unión Europea, la seguridad del libre tránsito por Bab el-Mandeb se ha convertido en una prioridad estratégica. Prueba de ello es que la alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, viajó a Djibuti para firmar un nuevo acuerdo de seguridad en el marco de la Operación ASPIDES, con el objetivo de reforzar la presencia militar europea en la zona y proteger la navegación comercial hacia el canal de Suez. La decisión refleja hasta qué punto Bruselas considera que el deterioro de la seguridad en Bab el-Mandeb es una amenaza directa para la economía y seguridad energetica europea, debido al riesgo que un eventual cierre del estrecho representaría para sus cadenas de suministro y su comercio exterior.

Aunque Estados Unidos depende menos que Europa o Asia del tránsito por Bab el-Mandeb, un cierre o una interrupción prolongada también tendría consecuencias importantes para su economía. La reducción del flujo de hidrocarburos y otras mercancías a través del mar Rojo elevaría los costos del transporte marítimo, así como del petróleo, lo que generaría mayores costos de los combustibles, un aumento en los precios de bienes importados y nuevas presiones inflacionarias, complicando la política monetaria y afectando el poder adquisitivo de los consumidores estadounidenses.

Al mismo tiempo un cierre de Bab el-Mandeb también supondría un desafío para la presencia global de Estados Unidos. Washington tendría que destinar más recursos navales para garantizar la libertad de navegación en el mar Rojo y el golfo de Adén, al tiempo que reforzaría la protección de sus aliados regionales, sobre todo porque habría una mayor presión internacional sobre Estados Unidos para garantizar el tránsito por el estrecho. Sobre todo, por los efectos que tendría, no solo para Europa, sino para países como India, Japón, Corea del Sur, o China.

No obstante, es poco probable que Irán busque un cierre total y prolongado de Bab el-Mandeb, por una parte, no tendría que hacerlo pues con el antecedente de Hormuz, ataques concretos contra objetivos específicos serían suficientes para afectar el tránsito, al mismo tiempo de que una medida de esa magnitud afectaría también a China, uno de sus principales socios estratégicos y comerciales. Un escenario más plausible sería la imposición de restricciones selectivas o interrupciones temporales del tránsito marítimo, suficientes para elevar la presión sobre Occidente sin paralizar completamente la ruta. No es casual que Beijing considere este estrecho un punto de interés estratégico, al punto que su única base militar permanente en el extranjero se encuentra en Djibuti, precisamente con el objetivo de proteger el flujo del comercio chino a través del mar Rojo y el canal de Suez.

En última instancia, la evolución del conflicto dependerá de la capacidad de las partes para contener la escalada antes de que esta afecte de manera irreversible al comercio mundial. Sin embargo, mientras las rutas marítimas y la infraestructura estratégica se conviertan en instrumentos de presión, el costo de esta confrontación trascenderá Oriente Medio y se reflejará en la economía global. Si las tensiones continúan escalando y el corredor permanece bajo amenaza, las consecuencias se sentirán mucho más allá del mar Rojo, por lo que la seguridad del estrecho de Bab el-Mandeb se ha convertido en un asunto de interés global.