blogeditor · 21 de enero de 2014
En la XXXV Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública, el Presidente Enrique Peña Nieto reconoció que el delito de secuestro ha registrado un aumento en los últimos 11 meses por lo que planteó la construcción de una nueva estrategia nacional.
Hace unos días, el 8 de enero se reunieron los gobernadores de 10 estados (en los que se registran las tasas más altas de secuestro) con el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, para abordar la estrategia nacional contra el secuestro, es decir ya están consensuando los lineamientos para el combate a este delito.
Hasta ahora se ha dicho que la estrategia se enfocará en el fortalecimiento de las Unidades Especializadas de Combate al Secuestro y habrá una persona al frente de la estrategia.
Al respecto quisiera reflexionar sobre dos puntos que me parecen fundamentales a considerar en el diseño de la estrategia:
Por otra parte, es imprescindible reconocer que las estrategias para combatir el secuestro no son nada nuevo, lamentablemente llevamos años con este tema y hemos probado diferentes fórmulas que han funcionado y otras no tanto.
En 1997 después de la ola de secuestros y delitos violentos y la demanda por parte de la ciudadanía, el gobierno de Ernesto Zedillo implementó la Cruzada Nacional contra el Crimen y la Delincuencia que apostó a que incrementando el presupuesto y endureciendo las leyes los delitos cederían.
En 2004 con Vicente Fox empezamos a hablar seriamente del combate al secuestro; durante su gobierno surgieron los Grupos Especiales Antisecuestro en los estados y en 2005 el delito disminuyó sensiblemente. Atribuyó esta disminución al hecho de que la estrategia conjunto tres factores: prevención, capacidades de coordinación, inteligencia e investigación y sobre todo, confianza social.
Lamentablemente esta disminución del delito sólo fue una coyuntura que no pudo sostenerse en el tiempo y en los años subsecuentes fuimos testigos nuevamente del alza del número de secuestros. Argüimos que aunque estaban las mismas personas atendiendo el tema de secuestro, parte del equipo se dispersó tanto a nivel federal como estatal.
Durante el gobierno de Felipe Calderón la política pública de seguridad se orientó al combate al narcotráfico, sin embargo la realidad exigió que se dirigieran los esfuerzos hacia el combate al secuestro.
[contextly_sidebar id=”85c9dce3f253fc7b6fd4494127c1306b”]En 2008 con la firma del Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, el gobierno federal se comprometió a fortalecer las Unidades Estatales de Combate al Secuestro. Esta figura –por cierto-nos ha costado cientos de millones de pesos y sin embargo no están operando en todos los estados. Si bien en todas las entidades existe un letrero que hace mención a la existencia de estas unidades la operación no es una realidad.
En el Acuerdo también se comprometió que en el Sistema Único de Información Criminal de Plataforma México se crearía un módulo de información sustantiva sobre el delito de secuestro. Sobre este Módulo se nos reiteró que el aplicativo funcionaba en todas las entidades federativas y que con más de 2,900 registros del 2008 al 2012 era posible “conocer y analizar la mecánica operativa con las que operan los grupos delictivos”. Desafortunadamente todo indica que esta información no ha impactado en la disminución del secuestro.
Hemos visto que aun y cuando las Unidades requieren del personal más capacitado para la atención e investigación del delito de secuestro, ocurre que el 100% del personal no está evaluado en el centro de control de confianza, también sucede que el personal no es de carácter permanente y los pasan de un área a otra con lo que la experiencia se echa por la borda.
Hay varias aristas que atender en la nueva estrategia, pero sobre todo se debe reconocer que no es algo nuevo, que existe un esfuerzo institucional que se ha desplegado durante más de una década y sobre todo que hay una emergencia a nivel nacional con el incremento de secuestros que requieren de la atención comprometida del gobierno federal.
Esperamos que esta nueva estrategia cuente con indicadores precisos de seguimiento en el corto, mediano y largo plazo que nos permitan constatar si la estrategia ha funcionado.