Estela

blogeditor · 13 de enero de 2012

Estela

Fuimos testigos nada privilegiados de un bochornoso espectáculo el sábado pasado. Por fin se inauguró, a escondidas y con casi un año y medio de retraso: a piedra y lodo y bajo estricta protección policial, la polémica e indefendible Estela de Luz. Un proyecto marcado por la opacidad, con numerosos vicios de origen, cuestionamientos e irregularidades: sin brújula ni referencia histórica, más cercano a los espejismos kitsch de Las Vegas que a uno de los referentes simbólicos, culturales y ambientales dela Ciudad de México. Viga o estaca de ciento cuatro metros de altura en Reforma y Lieja, a un costado de las rejas de Chapultepec, más emparentadas con las fuentes danzantes de algún hotel-casino que parece haber sido su inspiración. Luz y Sonido: bailables, DJ’s y seudocoreografías que constituirán distracciones peligrosas para los autos y autobuses que circulen por avenidas aledañas. Concesión adicional al magro y ramplón concepto de ‘cultura’ que anima todas las vertientes de gobierno en México. O casi.

Desde que Felipe Calderón defendió la desafortunada obra y sus excesos, las protestas, burlas y choteos en medios convencionales o redes sociales no se hicieron esperar. Desgraciadamente, los Elefantes Blancos han sido parte del legado histórico en un país cuyas decisiones centralizadas e inapelables en temas como el que nos ocupa, siguen siendo la norma.

La implacable geometría del poder caracteriza su diseño. El presidencialismo monumental que no tolera la crítica y se regodea en su propia irrelevancia, presume su miseria. No parecen importar cambios de partido, ni dos sexenios de prometidos cambios y promesas incumplidas. El síndrome faraónico del monólogo incesante frente al espejo permanece como principal divisa.

Tal vez un rediseño pudo haber matizado la propuesta. En su momento, procedía una suspensión definitiva. Más importantes fueron las prioridades mezquinas y ‘razones de Estado’. Había que inflar el negocio y finiquitarlo en su hipertrófica dimensión. En el tramo final del calderonato, este lamentable capítulo señala las deficiencias y atavismos de una administración cuya apuesta ha sido la obstinación: el capricho autista.

La opresión ética y estética es la seña de su identidad. Más allá del balconeo cibernético,la Estelaes un pernicioso ejemplo de dispendio y culto a la personalidad en su versión panista.

Esta espina clavada en el costado de la Ciudadde México remite inevitablemente a las peores épocas del presidente tlatoani. Como cuando José López Portillo estrenó el Palacio Legislativo de San Lázaro: remedo del estalinismo arquitectónico a la mexicana que dio extensión y volumen a nuestra ‘administración de la abundancia’ durante su quinto informe de gobierno: primero de septiembre de 1981. Un año antes de sus lágrimas de cocodrilo, la nacionalización de la banca y la disculpa a los desposeídos de México.

En República Dominicana se vivió una situación similar. El Faro de Colón, sueño o pesadilla planeada y ejecutada por Joaquín Balaguer, costó 70 millones de dólares. Fue inaugurado en octubre de 1992, y es un búnker que proyecta con rayos láser la imagen de una cruz contra el cielo nocturno de Santo Domingo. No se escatimaron gastos. La población fue reubicada del lugar, para satisfacer los deseos del líder moral y político de la nación. Un intento de  sacralización caricaturesca se impuso a la cordura y el sentido común.

Vale también comparar la Estelacon la TorreJuchede Pyongyang, construida en 1982 para celebrar los setenta años del eterno presdente Kim Il Sung en Corea del Norte. De ciento setenta metros de altura, la columna coronada con una llama que mide veinte está concebida para deslumbrar, aplastando. La versión mexicana cuenta con lanzallamas, a ambos costados de sus fases, que se encienden y contaminan al ritmo de la música incidental con la que dio inicio.

Ni se diga, la Biblioteca JoséVasconcelos: proyecto de Vicente Fox y su esposa Margarita Sahagún. Elefantiásico, repleto de goteras y otros ‘inconvenientes’ estructurales que dispararon su costo hasta la estratósfera.

La Biblioteca Nacionalde Francia, ideada en 1988 y terminada en 1996 por el presidente Mitterand, es un cuádruple libro abierto. También, barril sin fondo. Dudoso ‘logro’ y respuesta arquitectónica del tamaño del ego de su promotor principal, que tuvo necesariamente que encontrar variaciones del tema en otras latitudes.

Sobre Reforma también se encuentra la RuinaInstantánea, vergonzosa concesión al despilfarro de una clase política indispuesta a ponerle límites a su desmedida vocación gigantísmica. La nueva sede del Senado, erigida con materiales de relleno; palimpsesto o  pastiche de formas asentadas en el légamo cuyo salón de sesiones se inundó por las lluvias apenas empezó a ser utilizado por sus integrantes. Más de tres mil millones de pesos de presupuesto, el equivalente a tres Estelas y nada qué presumir. Aporte reciente al realismo mágico mexicano, en donde la ciudadanía se limita a cubrir los gastos de mastodontes horrendos sin la opción de ser consultada y en ausencia de mecanismos de rendición de cuentas que eviten futuros sueños de la sinrazón burocrática.

Tal parece que con la mundialización del detritus brutalista, estamos condena a padecer errores que en otros países paga la nomenklatura perdiendo el trabajo, o -en casos extremos- yendo a la cárcel.

Es hora de aventurar propuestas creativas. La Estelao Estafa de Luz: enorme poste desquiciante, requiere funciones pedagógicas nuevas e inaplicables para los que nos obsequiaron el engendro #suavicrema. El daño está hecho. Se vuelve tarea impostergable, trascender el ámbito de la parodia impuesta por funcionarios voraces e ineptos. Dotar de significados trascendentes al corrupto divertimento panista.

El domingo pasado, veinticuatro horas después del evento protocolario, un grupo de ciudadan@s agraviad@s recuperó el espacio simbólico: cercado por la soberbia y la impunidad. Portábamos moños negros y cartulinas. Fue un acto espontáneo, en el que acudimos con muy poca anticipación. Colocamos veladoras, y recordamos los nombres de los ausentes que tenemos la obligación moral de recordar siempre. Existen un par de propuestas concretas que son dignas de ser implementadas: que la Estelade Luz se convierta en el Museo de la Corrupción, y en un Memorial a las Víctimas sin voz de nuestra historia. Asimismo, y a contrapelo de perniciosas intenciones oficiales, que el fiasco dela Estela de Sombra sirva como el arranque de una profunda reflexión que redima tanta atrocidad desmedida.