Claudia Calvin · 3 de octubre de 2011
En esta ocasión el contenido de Animatrix está a cargo de un invitado; Israel Seguin, joven estudioso de las relaciones internacionales, Subdirector del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y quién ha puesto el dedo sobre un tema de vital importancia para el país y su desarrollo y sobre el que los tomadores de decisiones en México dicen poco y los medios de comunicación, de plano, ni mencionan: la infraestructura carretera.
La semana pasada se llevó a cabo un evento internacional en México y la cobertura fue mínima: XXIV Congreso Mundial de Carreteras. Pareciese que se trata de un asunto exclusivo de los ingenieros y los arquitectos. Los políticos están acostumbrados a dar instrucciones para que se construyan caminos cada vez que van de gira y nadie repara en el impacto que estas decisiones tomadas al calor de una visita o de un acto proselitista tiene para una población, para el desarrollo de la comunidad, región y país, y sobre todo, para el medio ambiente. Hablamos, literalmente, de las venas del país cuando hablamos de carreteras y su desarrollo, planeación y construcción no debe ser tomado a la ligera ni dejado en manos de los políticos o los burócratas detrás de un escritorio. Se trata de un tema, uno más, sobre el que los medios de comunicación debiesen informar y sobre el cual los ciudadanos debiesen exigir rendición de cuentas y también enterarse. En fin, se trata de un asunto de vital importancia para el desarrollo interno del país y para su conexión y competitividad en un mundo interrelacionado y global.
Les invito a reflexionar sobre el tema y a dejarme sus comentarios:
“Rara vez quienes estudian los asuntos internacionales se interesan por analizar un tema que tiene muchas implicaciones en los ámbitos económico y político: los caminos. Éstos, no en su sentido figurado sino refiriéndose, sí, a las carreteras, suelen ser tema de discusión resguardado para ingenieros civiles, contratistas, y si acaso, algunos estudiosos de la administración pública. Pero como la pregunta que presenta este artículo lo sugiere, las carreteras son detonadores de competitividad económica y podrían ser una importante premisa para la integración política. Veamos por qué.
La pasada semana se celebró en México el XXIV Congreso Mundial de Carreteras, que reunió a los expertos de la ingeniería de vías terrestres, los consorcios privados y el sector público involucrado en su desarrollo. Debía ser ésta una oportunidad, y esperamos que lo sea, para reflexionar sobre el papel del sistema carretero mexicano como impulsor del desarrollo. No obstante, pocas veces se analiza en su conjunto el tema por los analistas políticos. Por ello, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), a través de su Grupo de Asociados Jóvenes, realizó un ejercicio de análisis sobre el desarrollo de infraestructura vial desde el punto de vista económico y político, y desde el nivel nacional e internacional, que recomendamos ampliamente al lector, pues ahonda en lo que a continuación se explica.
Si nos adentramos al tema, encontraremos cifras que demandan una atención seria por parte de los tomadores de decisiones. Resulta que entre los rezagos de América Latina, por ejemplo, está la brecha que tiene frente a los países del sudeste asiático, ya ni hablar de las naciones industrializadas, en términos de la longitud total de carreteras disponibles. También se encuentra que según datos de la ONU, alrededor de 1.3 millones de personas mueren cada año a causa de accidentes viales, y esto es especialmente preocupante para países como los latinoamericanos, y entre éstos aún más para México, que han visto incrementar considerablemente el parque vehicular. Puesto de una manera más simple, los caminos son una de las cinco mayores causas de muerte en el mundo.
En un nivel más local, pero de enorme significancia, sigue siendo preocupante que las fronteras no dispongan de una capacidad operativa y de una infraestructura física mínimamente adecuadas. Si seguimos el caso de la frontera México-Estados Unidos, hallaremos que los puertos de entrada tienen en promedio 40 años de antigüedad (!). ¿Cuál es la implicación? Consideremos tan sólo el hecho de que el 70 por ciento de nuestro comercio exterior se mueve por carreteras. Si éstas estuvieran en buen estado, quizás podríamos pensar en mayores ganancias para nuestro país, en lugar de los 115 mil millones de dólares que se pierden en productividad y los 3.9 mil millones de dólares mal gastados en combustible, congestionamientos, accidentes y contaminación, según cifras del Texas Transportation Institute.
Entonces, ¿están bien construidos los caminos? La respuesta parece ser que no, los caminos de América Latina no están bien construidos…aún. La buena noticia es que la región ha mejorado en la materia. Observamos una planeación del desarrollo vial cada vez más adecuada, con estrategias de financiamiento cada vez más sostenibles, y con enfoques cada vez más serios sobre seguridad vial que se acompañan con la implementación de nuevas tecnologías.
Ya hablando de México, el Fondo Nacional de Infraestructura ha permitido, por su diseño (siguiendo el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012 y el Programa Nacional de Infraestructura) y por los recursos que ha recibido en los últimos años, la ejecución y financiamiento de proyectos carreteros de gran envergadura. Las iniciativas público-privadas han acelerado en varios casos dichos proyectos. Se ha puesto además mayor énfasis en la operación de las carreteras, y ya no sólo en su construcción. Adicionalmente, destaca la implementación de los Sistemas de Gestión de Calidad en la operación de las autopistas, así como los Sistemas de Transporte Inteligente en las autopistas del Arco Norte y Mazatlán-Culiacán y con proyectos de instalación en La Pera-Cuautla, La Venta y Pacífico Sur. En la frontera México-Estados Unidos es de celebrarse, aunque aún es un paso mínimo, que se hayan inaugurado por primera vez desde hace 10 años, tres nuevos puntos de entrada.
¿Qué falta por hacer? Innumerables son los reportes, estudios y recomendaciones que organismos internacionales han elaborado. Entre éstas últimas está la creación de Fondos Nacionales de Mantenimiento, para la conservación de la infraestructura existente. Sin embargo, esta figura aún no es común en América Latina. Hablando otra vez de nuestro país, para la frontera México-Estados Unidos se ha recomendado la creación de un fondo de infraestructura regional, entre muchas otras recomendaciones, aunque en la parte de Estados Unidos, el Senador John Cornyn (R-Tx) haya sido el único que en algún momento se atrevió a proponer un Fondo de Inversión de América del Norte. México, por cierto, se encuentra en el puesto 57 en términos de infraestructura de transporte, por debajo de países como Corea, Barbados, China, Jamaica y la India, según datos del Foro Económico Mundial.
Los temas que siguen pendientes en la agenda: el estado de abandono de las fronteras a pesar de su importancia estratégica, la asignación de presupuestos suficientes para cubrir las necesidades, la captación de tecnología, y también un cambio en la concepción sobre la atención de los flujos de los vehículos, sobre el servicio que prestan las carreteras, y sobre la importancia de poner énfasis en su operación.
Y todo esto, para tener un sistema de movilidad eficiente, que deje de ser, en sí mismo, la frontera para el crecimiento de los países en la región y que se convierta además, en una camino hacia la integración. En este sentido, es encomiable que México haya dado impulso al Proyecto de Integración y Desarrollo de Mesoamérica. Seguirá siendo un reto que este mecanismo prospere y se mantenga en el largo plazo profundizando la integración regional a través de temas de interés común, entre ellos el de la conexión terrestre.