Rubén Aguilar · 29 de junio de 2012
Orhan Pamuk
Editorial Mondadori
México, 2006
pp. 436
La obra es la autobiografía de Pamuk del tiempo de su niñez a los 20 años, cuando deja de estudiar arquitectura para dedicarse a la escritura. Su vida trascurre en Estambul, donde nace en 1951, y así se establece el diálogo entre la ciudad y la vida del niño, del adolescente y del joven. Es el ir y venir entre la ciudad y los recuerdos que es el subtítulo del libro.
El autor hace memoria su infancia en Nisantasi, el barrio donde estaba el edificio Pamuk, donde vivían sus padres, la abuela y los tíos, hermanos de su padre. Recuerda la manera de ser de la abuela paterna, la de sus padres y sus discusiones que terminan en separaciones temporales de la pareja, que provocan él y su hermano tengan que irse a vivir con familiares. Los pleitos con su hermano mayor, alumno destacado de la escuela. Sus días del colegio y los compañeros de curso.
A la par que transcurre su historia personal, la vida de familia, su afición por la pintura y su primer amor surge la ciudad. Él forma parte de ella, es un estambulíe, que se apropia de manera amorosa y también dolorosa, como todo amor, de esa urbe, cruce de caminos y culturas, que es Estambul, antes Bizancio y antes Constantinopla.
La ciudad se expande y al mismo tiempo se transforma, surgen zonas nuevas al tiempo que otras sucumben al impacto de la modernidad. Da cuenta como se incendian, para desparecer, hermosas casas de madera a las orillas del Bósforo. La Estambul de Pamuk no tiene color y solo la ve en blanco y negro.
En el ir y venir entre la historia personal y de la ciudad presenta a los poetas y artistas que la pintaron, de manera especial señala al alemán Melling que pasó por la ciudad en 1819 y de él son las mejores estampas de la Estambul de inicios del siglo XIX. Describe la “occidentalización” de la ciudad y la influencia francesa en la vida cultural de Turquía. Da cuenta como la obra de Flaubert, Gautier y Nerval fue definitiva en la forja de la imagen exótica de la Estambul pensada y deseada por los europeos.
Recuerda a los hijos de esa cultura “el memorialista Abdülhak Sinasi Hisar, su amigo el poeta Yahya Kemal, sobre quien escribió un libro, el alumno y luego el amigo de este último el novelista Ahmet Hamdi Tanpinar, y el periodista-historiados Resat Ekrem Kocu, los cuatro amargos escritores, vivieron en la soledad a lo largo de sus días, nunca se casaron y murieron solos…”.
Da un vistazo a la obra de periodistas y escritores turcos que se dieron a la tarea de describir a la ciudad y su gente. Menciona las notas de prensa que Ahmet Rasim publicó entre 1895 y 1903 y también los trabajos de Namik Kemal y Ali Efendi. Profundiza en el análisis de Ekrem Koçu, homosexual y solitario, que nunca termina su fascinante Enciclopedia de Estambul, la primera del mundo dedicada a una sola ciudad. Ellos contribuyeron a construir la identidad y conciencia de la ciudad.
La narración está impregnada de un sentimiento de tristeza, nostalgia y amargura. La sensación de pérdida que viven los estamulíes se origina en la gloria pasada que se fue y en el Imperio que ya no es. En la visión de Pamuk se vive y comparte el sentimiento colectivo de la grandeza perdida que ya nunca más será posible recuperar. El mundo pasado se desplomó y terminó por hundirse.
Pamuk hace una descripción amplia y precisa de estos sentimientos y la distinción que existe entre cada uno de ellos, que aunque se parezcan no son iguales y tampoco dicen lo mismo. La amargura se convierte en personaje central, en el hilo conductor de la historia de la ciudad, que también es la historia de la nación turca. Es un sentimiento compartido que crea identidad y sentido de pertenencia.
La obra se ilustra con fotografías familiares de Pamuk y otras que muestran la ciudad “vista” por él. En mi primera visita a Estambul, en mayo y junio de 2012, no vi la ciudad que describe el Premio Nobel. Lo que pude palpar es no sólo un sitio de enorme belleza, historia, cultura y tradición sino un lugar de enorme energía y gran vitalidad de su gente. Seguramente se debe ser turco, para sentir lo que Pamuk trasmite en este texto que es homenaje a su ciudad.