blogeditor · 8 de diciembre de 2014
Nikos, entre la vida y la muerte

Es una trama digna de las novelas de Fiódor Dostoyevsky. Hoy Nikos Romanos, de 21 años; hijo de privilegio de Giorgos Romanos, dentista, y Pavilina Nasioutzik, escritora; joven anarquista declarado, enfrenta la posibilidad de morir en cualquier momento después de mantenerse, a partir del 10 de noviembre, en huelga de hambre. Cumple una pena de quince años. Se le acusa de robar un banco en el pueblo de Velvento con otros cinco cómplices; tras las rejas, Nikos quería estudiar Administración de Empresas en la universidad de Atenas después de haber aprobado el examen de admisión con notas sobresalientes desde la prisión donde se encontraba. Fue testigo, hace un poco más de seis años -el 6 de diciembre de 2008- de la muerte de su amigo Alexandros Grigoropoulos, de 15 años, a manos del policía Epaminondas Korkoneas, elemento condenado por el poder judicial a cadena perpetua, en el tradicional barrio de Exarchias. Alexandros fue alcanzado por una bala en el tórax que truncó su vida y conmocionó a Grecia por varios meses en una espiral que -aunada a problemas económicos aparentemente irresolubles- todavía no termina.




Nikos Romanos buscaba asistir a clases saliendo de la penitenciaría, petición que fue negada por el Ministerio de Educación. Por eso inició su huelga que ha mermado su salud, situándolo al borde de la muerte, una decisión en la que lo acompañan algunos jóvenes arrestados con él, que se abstienen solidariamente de probar alimentos.
Grecia ostenta, como numerosos países en el mundo, un sistema desgastado y tambaleante, con severos defectos en el sistema educativo y la provisión de servicios. Herencia de la Guerra Civil que sostuvo en la posguerra, con sus secuelas actuales. Son públicos y notorios los vínculos que la extrema derecha tiene actualmente con un sector de la policía y las fuerzas que gobernaron al país tras la asonada y Dictadura de los Coroneles, de 1967 al 74, con estrategias únicamente destinadas a reprimir, vigilar, disciplinar y castigar (en términos que Michel Foucault identificaría plenamente) a los jóvenes sin respeto alguno por el debido proceso, y ultrajes sistemáticos a sus derechos vía sentencias draconianas.
![The TOC [Times of Change] (Grecia)](https://front.animalpolitico.com/wp-content/uploads/2014/12/Foto-61-456x256.jpg)

Imagen fotoshopeada para esconder las bestiales golpizas propinadas por fuerzas policiacas que los arrestaron.
La causa de Nikos Romanos generó múltiples muestras de solidaridad en distintas partes del mundo, no sólo en Grecia (y cuando menos un hashtag en Twitter: #NRomanos). Constituye incluso, una amenaza directa a la estabilidad y permanencia de la coalición que, nacida de crisis políticas anteriores, busca implementar recetas neoliberales de austeridad.


Cuando se produjo su arresto el año pasado, las fuerzas griegas del orden actuaron contra los jóvenes acusados de robo con acostumbrado salvajismo. Alteraron las fotos oficiales para que no se notaran las huellas de violencia y tortura inflingidas a cada uno de los consignados; eventualmente se tuvieron que exhibir las imágenes originales ante una opinión pública escéptica y horrorizada de ver los resultados de la investigación policiaca.






Reporte de Amnesty International sobre la policía griega. Buena falta le hace a su contraparte mexicana, de todos los niveles, un examen como éste.

La izquierda genuina, representada por el partido Syriza (Coalición de Izquierda Radical, Synaspismós Rizospastikís Aristerás), lidereada por Alexis Tsipras se perfila como probable ganadora, de convocarse comicios federales anticipados o relámpago del año entrante. El gobierno conservador de Antonis Samaras ha tenido que implementar duras medidas de austeridad, y el electorado podría votar por la opción que representa un instituto político Las últimas encuestas le otorgan a esta agrupación una ventaja de más del cinco por ciento sobre la agrupación gobernante de centroderecha.
Los disturbios en Atenas y otras ciudades griegas resurgen en el aniversario del asesinato de Alexandros Grigoropoulos. Una situación que, en un contexto de creciente crispación social y alentada por la impericia o desinterés de las autoridades, puede salirse de cauce.
Quizá de lo que suceda en Grecia, país controlado en gran medida por un puñado de oligarcas corruptos, que desde hace años enfrenta graves crisis económicos y sociales con escasas oportunidades para las y los jóvenes y en donde la derecha extrema y xenófoba –emparentada con movimientos similares en Hungría, Bélgica, Francia, Holanda y hasta el Reino Unido- tiene un peso específico en las elecciones, con apoyos reales del Estado e influencia en políticas públicas, se extraigan lecciones de lo que no podemos permitir que vuelva a pasar en México.


Probable, posible. Mientras tanto, la vida de Nikos Romanos se extingue poco a poco. No vaya a ser que su muerte (si arriba), a la que está dispuesto a llegar conforme al testimonio de sus padres y sus propias declaraciones al respecto, desate un ambiente tan enrarecido como el que ensombreció a Grecia después del homicidio en Salónica de Grigoris Lambrakis (1912-63) -iconoclasta irremplazable, diputado, miembro de la Comisión Griega para el entendimiento internacional y la paz– en un ataque perpetrado por elementos de organizaciones parapoliciales, tragedia que llevó al cine Costa-Gavras con el filme Z (1969).
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Luis Rosales Gamboa, flamante Encargado del Despacho (como lo fue durante los disturbios del #1DMx 2012), Policía de la Ciudad de México. Subsecretario de Operación Policial hasta su reimposición; por ende, encargado de solucionar el inconveniente que han representado las marchas subsiguientes en el DF. De Guatemala, a Guatepeor.
[contextly_sidebar id=”avrDuVxu1rJZ5dLs16UCpCjIspGMYeCe”]De vuelta en México, DF, la noticia rescatable -entre tanto dolor y desasosiego- consiste en la remoción de un funcionario capitalino que nunca debió haber llegado al puesto que recién abandona: el represor Jesús Rodríguez Almeida por fin deja la Secretaría de Seguridad Pública. La pésima noticia es que, para desgracia de la ciudadanos, regresa –aunque bien visto, nunca se fue- el Jefe Apolo Luis Rosales Gamboa, principal artífice, junto con Rodríguez Almeida (quien fungía en ese entonces como Procurador del DF, en sustitución de Miguel Ángel Mancera), de los atropellos policiacos del primero de diciembre de 2012 (en los días finales de la malograda administración de Marcelo Ebrard) y que inauguraron esta nueva época de ‘concertación’ del tolete (tal y como la entiende el actual jefe de gobierno, y padecemos todos nosotros).
Estos son algunos saldos del pragmatismo ‘izquierdista’. Miguel Ángel Mancera, quien hizo a Joel Ortega Cuevas (jefe de policía del DF durante el criminal operativo que mató a 12 personas en el New’s Divine el 20 de junio de 2008) su coordinador de campaña –tras haberlo exonerado cuando el primero era procurador, puesto que asumió tras la renuncia de su predecesor Rodolfo Félix, precisamente a raíz de los eventos de la discoteca que se encontraba en la Delegación Gustavo A. Madero- y luego director del Metro, ahora otorga una segunda oportunidad a Rosales Gamboa, otro cómplice del asesinato de jóvenes y policías en el New’s Divine; mando de la vieja escuela, señalado por corrupción, nepotismo y delincuencia organizada; veterano, por más señas y desde mediados de los setenta del siglo pasado, de la funesta Hermandad, una cofradía mafiosa, corresponsable de la estrategia policiaca que criminaliza la protesta social.
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Los restos mortales de Alexander Mora Venancio -21 años, uno de los estudiantes secuestrados, junto con otros 42 de sus compañeros de la escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, por elementos policiacos municipales de Iguala y entregados a un grupo criminal, todo bajo la orden y supervisión de funcionarios del Estado de Desecho- han sido identificados. Peritos forenses argentinos confirman su identidad, al examinar restos encontrados en un gigantesco basurero de Cocula. Sobran las palabras; se impone el silencio ante la ignominia. Alexander no debió morir. Extendemos toda nuestra solidaridad para sus parientes y amigos.
Urge tener más sociedad. Justicia. Verdad. Memoria. Contra lo que dice Peña Nieto, no habrá manera de superar la barbarie ancestral hasta que cambiemos para cambiar México. No pasará esto mientras persistan, incólumes, corrupción e impunidad; se requerirá algo más que una ciudadanía propositiva, exigente y sin miedo que tomo las calles y despierta las conciencias. Es un buen inicio, necesario, pero insuficiente; nuestra responsabilidad colectiva consiste en mantener la presión tanto presencial como en redes, y ensayar propuestas de interés público que sean –en una palabra- irreversibles.