El Estado de México: nuestra Ciudad Gótica

blogeditor · 7 de noviembre de 2016

El Estado de México: nuestra Ciudad Gótica

Por: Saul Vazquez Torres (@SawieV)*

En el último año van al menos 19 asesinatos relacionados con intentos de robo en el Estado de México. El más paradigmático ocurrió el pasado lunes 31 en la carretera México-Toluca. Un episodio que para todos los que viajamos día a día esa ruta y nos confrontamos con la vista de los cuerpos fue desagradable, al momento que yo pasé estaban completamente descubiertos.

No debería ser normalizado un fenómeno como este, no tendríamos porque acostumbrarnos a ver vidas humanas terminar de esa manera, o en los puentes como narcomensaje, o en las barrancas como las víctimas de feminicidio en la zona conurbada de la Ciudad de México.

Quizás aún más preocupante es la reacción de ciertos sectores de la sociedad mexiquense; hemos renunciado completamente al funcionamiento de nuestro Estado, es más, calificamos como indeseable la participación del mismo en la solución de crímenes. Imágenes como las siguientes han aparecido en distintas redes sociales, pidiendo clemencia y complicidad por parte de la sociedad mexiquense. Han construido un relato en el cual los asesinos son defensores sociales, una especie de Batman tropicalizado.

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El problema es que la sociedad en la que vive Batman es un caos. Ciudad Gótica no es el modelo de ciudad al que debemos aspirar. Fiscales corruptos, policías ineficientes y violencia generalizada son los factores que llevan al personaje conocido por los mexicanos como Bruno Díaz a tomar la violencia en sus manos, y no le va bien. Ante la falta de instituciones confiables no termina bien de atrapar a uno de sus antagonistas (que han escapado tanto de prisión como El Chapo Guzmán) cuando tiene que enfrentar al siguiente. Ciudad Gótica y su atormentado millonario nunca encuentran paz.

No sólo es ineficaz la defensa de Batman a su ciudad, sino en muchas ocasiones contraproducente. La destrucción de la ciudad y sus espacios públicos, la creación de enemigos frustrados por sus actos de violencia contra sus seres queridos, son tan solo algunas de las consecuencias que los apologistas mexiquenses de la violencia no están contemplando. Las fronteras entre buenos y malos nunca son tan sencillas como en los cómics. Si empezamos a tolerar el asesinato en robo, ¿cuál será la línea para juzgar culpables e inocentes? ¿Qué crímenes no serían meritorios de esta discrecional pena de muerte?

Esto se inscribe en la coyuntura de la iniciativa del Senador Jorge Luis Preciado para legalizar que los mexicamos puedan portar armas. No hay que mirar muy lejos para ver los resultados que eso ha tenido en Estados Unidos, donde los tiroteos se han vuelto una trágica tradición ya sea en sus preparatorias públicas o como actos de violencia en contra de la comunidad LGBTTTI.

Es una invitación a la catástrofe, a esperar que en cualquier momento el asesinado o sea quien intentaba cometer un crimen, sino alguien que tuvo la mala fortuna de estar en el momento y lugar equivocados. No todos tenemos la destreza física y estabilidad emocional que requiere portar un arma.

A mis paisanos mexiquenses; cada acto de violencia entre ciudadanos es un paso atrás en nuestro desarrollo. Hoy tenemos que apostar al Estado, no a la ausencia del mismo. No permitamos que la mediocridad de nuestras autoridades nos hagan pensar que es imposible vivir en paz. Los villanos están departiendo alegres en sus casas de campo en Malinalco, en sus ranchos en Ixtapan o mansiones en Las Lomas mientras los mexiquenses nos asesinamos entre nosotros. No son normales los feminicidios, no es normal la pobreza y mucho menos es normal que nuestra procuraduría sea incapaz de encontrar a Paulette que estuvo todo el tiempo en su propia cama.

Nuestro silencio es cómplice, no sólo de quién asesinó en La Marqueza, sino de quienes asesinaron en Atenco y en Tlatlaya, nuestra indiferencia es la que crea ese espiral descendente hacia Ciudad Gótica. No seamos cómplices de criminales en ninguno de sus niveles, ante la violencia, ante la corrupción es solamente la sociedad civil organizada quienes pueden recuperar auténticamente la justicia.

Mientras los villanos que tienen capturado nuestro Estado sigan nombrando un poder judicial a su modo, gastando nuestros impuestos en asignaciones irregulares de obra pública y con su ineficiencia frenar nuestro desarrollo económico, no importa cuantos asesinatos cometamos, nunca acabaremos con la desigualdad y falta de oportunidades detrás de la violencia. Nos convertiremos en una sociedad donde sólo quedan los asesinos y los corruptos, en una trágica Ciudad Gótica.

*Saul Vazquez Torres es estudiante de Relaciones Internacionales en el ITESM Campus Santa Fe, Congresista Nacional del Partido de la Revolución Democrática e integrante de Iniciativa Galileos.

Agradezco a Brenda Vazquez Uribe la inspiración para la analogía en el título y cuerpo del artículo.