Espejito, espejito…

blogeditor · 28 de marzo de 2011

Espejito, espejito…

Espejito, espejito, ¿Quién es la más linda?

Era la vigésima cuarta vez que preguntaba lo mismo y el espejo nada, por supuesto. Sin embargo, algo sucedió instantes después, toda la habitación pareció sobre-iluminarse y el espejo se sacudió violentamente. El desconcierto y la sorpresa la derribaron, fue a parar contra el rincón más alejado.

-¿Me has hecho esa pregunta a mi?- dijo el espejo.

Ella ni siquiera podía balbucear.

-¿De verdad crees que puedo saberlo?.

Ella seguía con la mirada fija y los músculos tensos.

-El espejo exclamó, casi apoltronado contra la pared- mira, no sé ni tu nombre, tampoco supe el de tu abuela y mucho menos el de tu madre. Tengo casi cien años en tu familia y no ha faltado ocasión en la que alguna de las mujeres me ha hecho la misma pregunta, también la han formulado algunos caballeros, estás escuchándome?

Ella siquiera dejó caer su cabeza. -no sé de dónde han sacado la idea de preguntarme, no puedo contestar, es decir.., no debo contestar!. La mirada de ella navegaba de una lado a otro contenida por el marco de madera. -¿La más linda de qué? ¿del universo, de tu región o de esta inmunda habitación?. ¿De qué?- le gritó. -De qué?, de qué?, de qué?, de qué?, de qué?, y así 24 veces. Ella se incorporó, trastabilló y huyó. Nunca nadie supo a dónde.

Espejo de madera realizado por Daniel Rozin. Cientos de motores mueven y direccionan cientos de trocitos de maderas para reflejar la imagen captada por una cámara

Muñecotaaa…

-Hola muñequita divina!

-Dije “hola” maleducada!

-Eh?!, no piensas responder? –Eres muy linda, pero eres una frígida, insensible, es mejor que lo sepas de una vez. Antes de cerrar la puerta y dirigirse a un bar, le grita: -indiferente, méndiga con cara de mosquita muerta! (ruido de portazo).
Ya hacía mucho tiempo que su mente se debatía en desvaríos, esa noche la creyó de carne y hueso -como las verdaderas-. A ella jamás le importó sus sentimientos y nunca había hablado, tampoco se había reído, mucho menos lo había acompañado a una cena o un viaje. A decir verdad, no le importaba pues ella era así y el ya lo sabía desde un principio. El se alejó de su casa, se fue a un bar, bebió más de 8 martinnis. El barman sintió mucha pena de verlo así, tan triste y desolado, le regaló 2 tragos más. Salió tambaleándose, fue juntando pintura de las paredes en sus hombros y cuando estaba cruzando la avenida a pocos metros de su casa, un camión lleno de Toyotas lo embistió.

Murió instantáneamente y lo más triste fué que 6 de esos preciosos autos salieron despedidos del camión y se destruyeron contra el asfalto. Al otro día la empresa, tal como estaba estipulado en el contrato, fue a su casa, retiró a la dama y dispuso de todos los preparativos para enterrarla junto a él. No se espanten (¿o sí?), ella jamás estuvo viva.

Hace poco tiempo salió una nueva generación de muñecas sexuales en Japón. Estas nuevas versiones tienen esqueletos de metal, cubiertos por látex, vinilo o siliconas y cabello natural. Las fábrica una empresa que se llama Orient Industry y se venden por Internet.
Estos particulares “consuelos sexuales” pueden llegar a costar 6.000 euros y son conocidas por el nombre de “dutch wives” (esposas holandesas) – “dachi waifu”. La empresa te las envía a tu casa, empacadas muy discretamente y te ofrece un servicio de post-venta muy curioso: una vez muerto, la empresa se compromete a recoger tu muñeca, realizar los rituales pertinentes para su alma y luego enterrarla a tu lado.
Se pueden preguntar; ¿Estas cosas se venden? Supongo que sí, ya que no es la única empresa, además de Orient Industry, existe Real Doll y Mercadoll (copias del original nipón).

Estas últimas tienen versiones personalizables, se puede elegir, color de piel, de ojos, de cabello y ya están a pasitos de lograr que emita gemidos y respiraciones entrecortadas, movimientos pélvicos de ritmo controlado por el usuario y hasta generación de calor corporal.

Hay muchas muñecas que ya se alquilan en lujosos hoteles, me refiero a estos androides, no a las que…bueno, aún se alquilan. ¡Pero qué gente!.