Escuelas democráticas: escuchar todas las voces

Redacción Animal Político · 19 de diciembre de 2025

Escuelas democráticas: escuchar todas las voces

El libro “Escuelas democráticas, una perspectiva desde México” recoge 27 historias de docentes en 16 estados de México. No es un tratado teórico, sino una compilación de narraciones donde las y los autores comparten sus perspectivas, los retos que enfrentaron, y los cambios que operaron en sus espacios escolares para lograr entornos incluyentes donde la diversidad se valora y la ciudadanía se fortalece en las prácticas cotidianas.

Escribir el libro fue, en sí mismo, un proceso democrático en el que las y los docentes de educación básica -preescolar, primaria y secundaria- y ganadores del Premio ABC otorgado por Mexicanos Primero desde 2008, levantaron la mano para iniciar un camino de aprendizaje mutuo. Las y los autores eligieron si querían trabajar de manera individual o en equipo con colegas de sus escuelas o zonas escolares; un maestro decidió escribir con dos de sus exalumnas, ahora estudiantes de preparatoria. A partir de ahí, se realizaron talleres virtuales y presenciales para la revisión de los textos.

La primera pregunta que surgió fue: ¿cómo se ve una escuela democrática? Las maestras y maestros tenían alguna idea, incluso habían elegido el tema que tratarían en sus capítulos, pero faltaba un marco conceptual que guiara el trabajo y que les permitiera a todas, a todos -y también a las y los lectores- entender cómo algo tan abstracto como la ciudadanía se vive en la realidad escolar.

Recurrimos así a los 4 pilares de las escuelas democráticas trabajados por la profesora Linda Nathan de la Universidad de Harvard. En el libro encontrarán dichos pilares descritos de manera profunda, aquí empezaremos hoy a hablar del pilar 1 y las 5 experiencias que en él se enmarcan. Cabe aclarar que en un mismo relato pueden estar presentes más de un pilar, incluso los 4.

La educación democrática enfatiza el flujo abierto de ideas, opciones y perspectivas, independientemente de su popularidad

Estudiantes y adultos tienen la libertad para expresarse sin limitar los derechos de otras personas. Los entornos de aprendizaje democráticos deben crear espacios seguros y empoderadores que permitan que todas las voces y perspectivas sean escuchadas. Las discrepancias no pueden deshumanizar.

Fueron Martha del Estado de México, Teresita de Querétaro, Juan Carlos de Tamaulipas, Blanca de Puebla y Carlos Ángel de Hidalgo quienes muestran en sus narraciones que las escuelas democráticas permiten escuchar las diversas voces, y que cuando toda la comunidad participa y los derechos se respetan, se pueden generar ambientes apropiados para el aprendizaje. Así sucedió en la secundaria en la que Martha es directora y que enfrentó el reto de la violencia, pero que encontró en la comunidad una fuente de consenso para generar soluciones que protegieran a sus estudiantes. O la primaria donde Teresita es maestra y se atrevió a explorar nuevas maneras de expresión a través del arte, no solo para desarrollar habilidades pictóricas, sino para crear un lenguaje nuevo que permitiera mejor acompañamiento socioemocional.

Por su parte, Juan Carlos escribe sobre el recreo como espacio para llegar a acuerdos, vivir la ciudadanía y solucionar conflictos, porque la escuela no es únicamente una suma de materias impartidas, también es un espacio para reconocer al otro y vivir en comunidad incluso mientras se juega. Coincide con Blanca, docente de preescolar que generó estrategias en el aula para que sus estudiantes pudieran expresar qué y cómo querían aprender, desafiando la creencia de que las niñas y niños más pequeños no pueden tomar decisiones. Ella nos recuerda que en la escuela democrática se escuchan todas las voces sin importar la edad o, mejor aún, entendiendo que se puede participar desde los primeros años de vida.

Y finalmente está la historia de Carlos, que desafió la idea tradicional de la disciplina impuesta por el docente: frustrado porque su grupo mostraba comportamientos irrespetuosos para el maestro, entre compañeros decidió que la solución no era endurecer las reglas de manera vertical, sino generar juntos acuerdos de convivencia que se cumplieran desde la importancia de interiorizar el respeto y no desde el castigo o la amenaza, logrando así mejorar el comportamiento y, principalmente, mayores habilidades ciudadanas para formar parte de un salón de clase y de una comunidad.

Esta es una primera aproximación a las narraciones que se encuentran en el libro. Esperamos que dichas experiencias sean inspiradoras y que permitan a las comunidades escolares encontrar posibilidades para transformar la escuela en espacios de escucha y participación, porque la democracia no es un tratado que se enseña, se vive en cada aula, en cada escuela y en cada zona escolar cuando hay espacio para todas las voces.

* Laura Ramírez es directora de Fortalecimiento de Comunidades Educativas en Mexicanos Primero.