¡Es una instrucción, Mario!

blogeditor · 8 de octubre de 2020

¡Es una instrucción, Mario!

‘-Señor presidente, no creo que sea buena idea la desaparición de los fideicomisos. Se viene la elección intermedia. Las comunidades científicas, culturales, periodísticas y de víctimas que antes nos apoyaban se verán gravemente afectadas, ahora están organizadas y en contra de la iniciativa- dijo Mario.

-Mario, ¿estás en favor o en contra de la transformación? No me digas que ya te convencieron aquellos conservadores- reviró el Presidente-. ¡Es una instrucción!

-Sí, señor. ¿Eliminamos también el fideicomiso de la Secretaría de Defensa Nacional con el que compraríamos armas por 30 mil millones de pesos?- preguntó temeroso Mario.

-¡Estás loco! Separa y protege todos los fondos para los militares. Todos. Ellos sí los necesitan. Te repito: ¡es una instrucción!-. Colgó el presidente.

Así de rápido terminó la conversación. Un Mario Delgado temeroso a perder el poco poder que tiene comparado con toda la dignidad que ha perdido en los últimos años. Decía Aung San Suu Kyi que no es el poder lo que corrompe sino el miedo; el miedo a perder el poder corrompe a quienes lo ejercen y el miedo al castigo desde el poder corrompe aún más a quienes están sujetos a él. ¿Cuáles son las consecuencias de ir en contra de una instrucción? ¿La pérdida del liderazgo de su bancada en la Cámara de Diputados? ¿La sustitución simplona de hacer encargos políticos a otra persona y entrar en el ostracismo a los ojos y gracia del presidente?

¿A qué costo están dispuestas las personas a perder su dignidad y el respeto de sus pares? Una instrucción puede guardar en sus entrañas consecuencias gravísimas. Como ejemplo: la acumulación de instrucciones incontestables, ejecutadas por burócratas eficientes y efectivos, detonó en la Alemania Nazi el holocausto. En los juicios de Núremberg, la principal justificación para eliminar culpa y responsabilidad fue que los dirigentes, funcionarios y colaboradores nazis sólo seguían órdenes y cumplían diligentemente su trabajo, como Mario. Stanley Milgram en 1974 demostró, con mucha facilidad, cómo se pueden crear escenarios en los que las personas siguen órdenes voluntariamente, incluso en perjuicio de otras personas.

¿Quién pone un alto a decisiones irracionales y caprichosas? ¿En qué momento surgen las voces sensatas que frenan la destrucción de instituciones? ¿Cómo explicar que el poder no está en las manos de una sola persona, sino en los pesos y contrapesos que hemos creado para nuestro sistema político? La batalla entre la obediencia y la razón deja de lado todo criterio propio, lo subsume a la instrucción. Así Mario. Basta la foto y testimonio adjuntos debajo para entender la dimensión de la exigencia que le hicieron el martes para evitar la eliminación de los fideicomisos, que afectará profundamente a las comunidades científicas, culturales, periodísticas y de víctimas.

”SÍ a la razón NO a la obediencia” deberían de enmarcarlo en la sede nacional de Morena. pic.twitter.com/aE0lvtTeTC

— José Luis Gallegos (@jlgallegos_) October 7, 2020

Los seres humanos tendemos a poner, en ocasiones, los valores de la lealtad y obediencia por encima de otros valores como la igualdad, libertad e incluso el respeto al prójimo, ya sea por una necesidad gregaria de ser aceptados o de no ir contracorriente. Esto ayuda al ser humano a adaptarse y sobrellevar su vida cotidiana en los grupos que nos rodean y en los que deseamos permanecer. Sin embargo, justificar la lealtad y la obediencia en la ejecución de una instrucción que daña gravemente a terceros, conduce rápidamente a cometer actos atroces. Así lo explicó Hannah Arendt para los regímenes fascistas de Italia y Alemana en la Segunda Guerra Mundial. Con la justificación de la obediencia surgía la banalidad de la maldad.

No necesitamos más Marios en la vida pública de este país, necesitamos personas que estén dispuestas a cuestionar y cuestionarse, a escuchar en serio, a procesar y adecuar las opiniones de una sociedad tan diversa como la nuestra en ejercicio deliberativos. No consultas propagandísticas como la de los expresidentes, sino consultas sobre decisiones tan relevantes como la de la desaparición de los fideicomisos o sobre qué tanto poder queremos seguirle dando o quitando a los militares. Necesitamos actores políticos que dimensionen, antes de ejecutar, las implicaciones de una instrucción, que sepan cambiar de opinión con base en los argumentos y en la evidencia. Necesitamos más héroes y heroínas que alcen la voz y rompan la obediencia ciega y actúen en favor de la igualdad y en contra del miedo.

@luisffernandez