Maricela Rosales · 6 de junio de 2011
Abordé el taxi para llegar rápidamente a un lugar no muy lejos de mi casa y, para sorpresa mía, el joven taxista llevaba en el coche un cartelito que decía: “El amor no es pecado”. Entonces y como es mi costumbre quise hablar de este tema con él y así tomar nota, una vez más, del pensamiento que se alberga en éstos seres que irremediablemente se ven expuestos a horas y horas de reflexión sobre múltiples temas y no precisamente por que así lo deseen, sino por como siempre digo yo, “caminante no hay camino”…no es canción, son las obras y marchas de la ciudad que nos impide avanzar. En fin, solo resumiré la conversación en unas cuantas líneas, que más o menos fueron así:
– ¿Se ha enamorado alguna vez? -Sí, una vez, locamente. -¿Se casó con ella? -No. -Pero ¿por qué? -Porque si ella se enamoró de mí, eso quería decir que se podía enamorar de cualquiera…
Bajándome del taxi, pensé en la connotación tan violenta de éstas palabras, de la distancia irremediable que nos aleja a hombres y mujeres. Pensé lo difícil que es ser hombre y poder dominar las inseguridades creadas a través de la vida y de lo difícil de ser mujer y sortear la vida con un mil de imposiciones envueltas en costumbres.
Recordé el cuento que se narra en la obra de teatro “La Piedra de la paciencia” en la cual uno de los momentos más poderosos de la puesta surge cuando la mujer, cual Scherezada, con el rostro iluminado en medio de las tinieblas de la noche, cuenta una historia que es una metáfora de lo que mueve al ser humano (el amor a uno mismo, el amor al padre y el amor a la madre).
“La Piedra de la Paciencia” de Atiq Rahimi, es una historia que le ha dado la vuelta al mundo la crudeza temática, su belleza y su simpleza en la manera en que está escrita. Está basada en la historia de muchas mujeres que están casadas bajo el yugo del Talibán, es un soliloquio que ofrece un paseo por la cuerda floja que separa los abismos del amor y del horror.
¿A poco no? hombres y mujeres por igual guardamos decenas de fantasmas en nuestro interior a lo largo de nuestra vida y que al dejar fluir o soltar son un alivio espiritual.
Dentro de esta obra hay un momento donde la actriz se sienta y cuenta una anécdota relacionada con su abuela:
“(…) es un cuento muy perturbador. Cruel. Pero ¡tiene poderes mágicos! (…) Sea lo que sea, al principio nuestra abuela nos ponía sobre aviso, diciéndonos que su historia era un cuento mágico, que podría traernos buena suerte o desgracias a nuestra vida real. Esta advertencia nos daba miedo, pero al mismo tiempo nos excitaba.”
Muchas veces las palabras no explican con claridad lo que sentimos. Es inútil tratar de explicar aquellas cosas que se encuentran en el fondo del alma, sin el temor de decir la palabra incorrecta… otras veces, tememos el agobiar o hacer de las personas que queremos un saco de descarga para ello, cuando a veces son pequeños periodos que pasan y que la gente que mas queremos sabe que estamos allí para todos los momentos en los que nos necesiten…
El poder de las palabras es descomunal, peligroso, casi religioso, como el poder de un “si” o un “no”, el poder de cambiar el camino de una persona (o cambiar el nuestro) al dar una respuesta, nos debería de hacer pensar en escoger con cuidado en los momentos importantes lo que vamos a decir y lograr la conjunción perfecta con lo que sentimos… no por ello debemos callar, ni dejar de actuar, simplemente ser honestos, sinceros y libres, siempre fieles a nuestro corazón y al instinto que de una manera u otra nos indica lo que nos hace felices. ¿Destino? No lo sé… Cuenta una leyenda japonesa que al regresar de China, Kakúa (Uno de los primeros maestros del budismo Zen) fue llamado por el emperador y le pidió que le contara acerca de toda la sabiduría que había acumulado en China. Kakúa extrajo su shakuhachi (flauta de bambú), y toco una melodía, le hizo una reverencia y se fue. El emperador comprendió lo que quería decir… no siempre se requieren palabras…
Amigos y amigas, sí es difícil ser hombre y ser mujer, así igual de difícil.
Por cierto, no dejen de ir a ver la Piedra de la Paciencia, está dirigida por Daniel Giménez Cacho, excelentemente bien dirigida, se presenta en el teatro El Milagro, son dos horas y media…larga pero de verdad logra meterte a la atmósfera reflexiva y conmovedora de la historia.
Nota Mental:
Me gusta escuchar y compartir con ustedes alguna canción o video que en particular me gusta y más aún, me encanta cuando una poesía me hace decir:
¿Porque demonios no se me ocurrió a mí? Así que aquí les dejo este fragmento y este video de una canción que esta semana me dedicaron y que espero disfruten. El fragmento es de origen anónimo y el video es de Alejandro Filio (cantada por un videoaficionado de Youtube llamado Antonio Gallegos, con una voz preciosa)
Hasta la próxima.
“Guiño los ojos esperando que este sol tardío me caliente.
Estoy en esta silla de enea que me acompaña todas las tardes.
No, jamás me sentaba y nunca supe apreciar lo que la vida me regalaba.
Aquí aprecio lo que me calienta y olvido mi pasado.
Durante unos segundos siento que la modorra me invade y dejo que esta efímera felicidad descanse.
Voy dejando que los recuerdos que me angustian se deslicen sobre mi frente con las gotas de sudor y ahora, apoyado en la pared (yo que tantas veces caí al fondo del precipicio), descanso sobre dos patas de mi silla y guardo un fino y delgado equilibrio.”
Anónimo