blogeditor · 4 de mayo de 2015
Las mujeres representan dos tercios del total de trabajadores familiares que trabajan en negocios familiares sin percibir remuneración directa por ello. En nuestra sociedad se ve normal, así como también se ve normal que sean las niñas y las mujeres quienes se dediquen al cuidado de los infantes y de las personas mayores.
NO. No lo es.
Esto es resultado de una economía que construye desigualdades y que no le apuesta a la paridad sustantiva ni a la igualdad de género.
El informe que acaba de presentar ONU Mujeres El Progreso de las Mujeres en el mundo 2015-2016. Transformar las economías para realizar los derechos da cuenta de ello y propone acciones concretas en materia económica para fortalecer los derechos humanos de las mujeres.
El eje del mismo es una premisa evidente: la política económica y la política social van de la mano. No son dos políticas divergentes. Reconoce que el modelo de desarrollo actual vulnera el desarrollo de la mujer y sólo mediante su incorporación a la economía y su participación, podrá incidir en el crecimiento del país y por ende, participar de manera igualitaria.
La única forma en la que los derechos humanos de las mujeres serán respetados y en la que se podrá transitar de una igualdad formal a una sustantiva es generando condiciones de prosperidad y desarrollo. Se dice fácil, pero ¿qué medidas son necesarias?
[contextly_sidebar id=”ybklclSGffLqAtsw4i7YukrM3GBBDY5x”]De entrada, es necesario trabajar en tres ejes: 1. Corregir las desventajas socioeconómicas de las mujeres, 2. Acabar con los estereotipos, el estigma que acompaña a la necesidad de recibir apoyo económico y la violencia (para quienes aún dudan que la violencia tenga un costo sobre el PIB y la economía), 3. Fortalecer su poder de acción, voz y participación.
El informe señala, además, que para transformar las economías y realizar los derechos económicos y sociales de las mujeres es necesario actuar en tres áreas prioritarias:
Si no se toman medidas específicas que permitan incorporar a la mitad del recurso humano con el que cuentan los países: las mujeres, jamás podrá hablarse de crecimiento, desarrollo y prosperidad y se agudizarán de manera permanente las desigualdades y por ende, la injusticia. La incorporación de las mujeres al mercado y a la economía no es un tema “de mujeres”, es un asunto de desarrollo, crecimiento, competitividad y si, también de justicia e igualdad.
Me parece relevante que el informe de manera clara y contundente establezca la correlación que hay que tener presente en todo momento para definir políticas públicas: solamente en un contexto de crecimiento, prosperidad y desarrollo puede promoverse de manera real la igualdad sustantiva.
Mientras persista un modelo económico y social que sólo defienda la igualdad formal, la desigualdad prevalecerá.
Sin cambios de fondo en el uso del tiempo, en la concepción, diseño e instrumentación de políticas económicas, fiscales, hacendarias y sociales; mientras los estereotipos y la discriminación persistan, sin la construcción de entornos de educación y trabajo seguros para niñas y mujeres, hablar de igualdad seguirá siendo un discurso y sólo eso… palabras que se las llevará el viento.
Hay que invertir en la igualdad y hay que hacerlo ya.
Las cifras son claras:
(Cifras y datos de ONU Mujeres)
Hay que financiar la igualdad, invertir tiempo esfuerzo, talento y maximizar recursos en ello. Se tiene que trabajar en varios ejes de manera simultánea y sumar talento del sector público, privado, de la sociedad civil, fomentar acciones colectivas. El eje sigue siendo algo muy sencillo pero que no se aplica: transversalizar el perspectiva de género en las políticas y en las decisiones y cambiar el enfoque de análisis y planeación: fundamentar la política macroeconómica en los derechos.
Así de sencillo… y parece que así de complicado también.