¿Es necesario el concepto de especismo vegetal?

blogeditor · 26 de octubre de 2022

¿Es necesario el concepto de especismo vegetal?

Esta pregunta surge de la reciente publicación en este espacio de dos columnas tituladas “Antiespecismo vegetal: el caso de las galletas Oreo” y “Los efectos del especismo vegetal: el peyote”, en las cuales Adrián Vega y Jaqueline Alcázar sostienen, partiendo de la propuesta del botánico italiano Stefano Mancuso, que las plantas tienen intereses en un sentido equivalente a los de los animales humanos y no humanos y, por tanto, se puede hablar de “especismo vegetal”. Para ejemplificar su argumento, presentan el caso de las galletas marca Oreo (señalando que su producción no puede ser considerada vegana, pues no cumplen con la condición de que “en su producción no se vean afectados los intereses de ninguna otra especie”) y el del peyote (el cual es utilizado de forma instrumental, para generar efectos psicodélicos en quien la consuma, atendiendo con esto un interés innecesario).

Si bien el objetivo que persiguen con su propuesta es sostener que “el especismo afecta no sólo los intereses de los animales no humanos, sino también los de las plantas”, me parece que hay tres elementos que deben ser considerados antes de aceptar su propuesta: 1) Los alcances del término “especismo”; 2) El hecho de que la “neurobiología de plantas” no es una propuesta científicamente aceptada, y 3) Existen otros argumentos éticos sólidos para incluir a las plantas y a la naturaleza en general en nuestro círculo de consideración moral. Considero que estos tres puntos pueden servir para ampliar la discusión sobre el “especismo vegetal”.

1. Especismo

Para Richard Ryder, quien acuñó el término especismo, las revoluciones de la década de 1960 contra el racismo, el sexismo y el clasismo se olvidaron de los animales no humanos. Para él, como para muchos, es evidente que otras especies animales sufren dolor, estrés o miedo, igual que nosotros, porque compartimos un proceso evolutivo con estos seres. No existe una diferencia “mágica” entre animales y humanos, de hecho se trata de un continuo evolutivo. Con los animales compartimos, filogenéticamente, una serie de características que nos permiten inferir la presencia y desarrollo de estructuras anatómicas y fisiológicas encargadas de percibir sensaciones agradables y desagradables, acompañadas de respuestas de acercamiento o aversión.

Este argumento es razonable y aceptado por el ámbito científico. Existe un continuum evolutivo, por lo que podemos sostener que considerar únicamente los intereses de los seres humanos es arbitrario y, por ende, injustificado. De ahí que se presente la necesidad de pensar también en un continuum ético que considere a las otras especies con quienes compartimos la capacidad de sentir dolor y placer. Por eso Ryder, en un comunicado publicado en 1970, sostiene:

Aparte del derecho a vivir, un claro criterio moral es el sufrimiento, el sufrimiento por ser apresado, por sentir miedo y aburrimiento, así como dolor físico.

Si asumimos que el sufrimiento es una función del sistema nervioso, entonces es ilógico argumentar que los otros animales no sufren como nosotros —es precisamente debido a que los animales poseen sistemas nerviosos similares al nuestro que son ampliamente estudiados.

Aunque fue Peter Singer, con su obra Liberación animal, quien popularizó el término “especismo”, definiéndolo como “una forma de discriminación fundada sobre la idea de que los intereses de los seres humanos tienen mayor valor que los de cualquier otra especie”, lo hace partiendo de los argumentos de Ryder. Siendo así, el especismo se fundamenta en la idea de que para que un ser pueda tener intereses, necesita contar con la capacidad de tener experiencias conscientes; en este sentido, una planta no los tiene.

Además, cabe señalar que las estrategias evolutivas que han desarrollado las plantas difieren significativamente de las de los animales.

2. Neurobiología de plantas

Desde hace un par de décadas se ha desarrollado un número cada vez mayor de estudios que tienen por objetivo investigar a las plantas desde una nueva perspectiva, esto es, bajo la hipótesis de que la señalización química presente en ellas es equiparable a un sistema nervioso y, por tanto, podemos hablar de “inteligencia” o “neurobiología de plantas”. Dentro de sus principales exponentes está Stefano Mancuso, director del Laboratorio Internacional de Neurobiología de Plantas. Sin embargo, esta propuesta, además de ser poco aceptada por la comunidad científica (principalmente por la falta de rigurosidad en sus planteamientos), no alcanza para sostener que las plantas, más allá de un sentido metafórico, puedan tener intereses según la forma que la idea del especismo señala.

Desde 2007, Amedeo Alpi y colaboradores señalaron estar preocupados sobre cómo la neurobiología de plantas iba ganando adeptos, argumentando que este concepto no aporta al conocimiento sobre la fisiología de plantas, biología celular o señalización, y sí provoca confusión. Más recientemente, en 2020, Jon Mallat y colaboradores sustentaron 12 razones por las cuales es incorrecto hablar de experiencia consciente en plantas, y comparten tres conclusiones: 1) No se ha demostrado que las plantas presenten dos comportamientos asociados a la consciencia: anticipatorios y proactivos; 2) No hay un proceso de integración de información característico de la presencia de consciencia, y 3) La aseveración de que las plantas presentan aprendizaje pavloviano no es relevante.

En conclusión: si una entidad carece de consciencia, esa entidad no experimenta las cosas que ocurren. Y es que esto último es la parte central de la propuesta del especismo: la capacidad de sentir dolor y placer es lo que confiere solidez al argumento, y no la supervivencia, como sostienen quienes están a favor de la neurobiología de plantas.

3. Existen otros argumentos

Hasta el momento, la presencia de consciencia es uno los argumentos más sólidos para considerar éticamente a los animales no humanos. Definir este concepto aún genera mucho debate, y quizá debido a esto es que Marcuso y Calvo, entre otros, pretenden extenderlo hasta sostener que las plantas presentan esta característica en “otro grado”.

Peter Singer tiene razón cuando comenta que aún falta mucho por conocer tanto de las plantas como de la consciencia; pero sería reduccionista pensar que el especismo es el argumento más fuerte para ampliar hacia ellas nuestro círculo de consideración ética pues, como vemos, depende de cubrir los requisitos de sintiencia, de consciencia y, por ende, de intereses que puedan ser afectados. El ser vivo que no tenga estas características simplemente no puede ser protegido por este argumento, y esa es la gran crítica que Holmes Rolston III le hace al concepto de especismo: que deja de lado la vida no sintiente (esto es, a las plantas y a la mayoría de los insectos).

Desde una perspectiva ética contamos con propuestas biocéntricas y ecocéntricas para sostener que las plantas —entre otros organismos vivientes sin sistema nervioso central o estructuras neuronales que permitan la sintiencia—, los ecosistemas y la naturaleza tienen valor propio, independiente del valor instrumental que podemos darle como humanos, y que debemos reconocer ese valor inherente para dejar de ver todo como “recursos naturales” o como “cosas” a nuestra disposición.

* Fabiola Villela Cortés es bióloga, maestra y doctora en Ciencias, campo de estudio principal Bioética, por la UNAM. Es profesora de asignatura en la Facultad de Ciencias y responsable de la Unidad de Educación Continua de la Dirección General de Divulgación de las Humanidades de la Coordinación de Humanidades de la UNAM.

 

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