Es de demócratas no votar

Redacción Animal Político · 16 de mayo de 2025

Es de demócratas no votar

Como muchas otras personas me he encontrado en un conflicto durante las últimas semanas. La elección del Poder Judicial está a punto de celebrarse y durante mucho tiempo me debatí a mí mismo si ir a votar o no. Soy una persona que considera que la política se trata de compromisos, no de berrinches, y durante días he tratado de pensar en cuál es la mejor ruta ante uno de los procesos que más pueden cambiar la realidad de nuestro país.

Después de meditarlo mucho, de escuchar argumentos de todas las posturas y de tratar de salir de mis propios prejuicios, filias y fobias personales me ha quedado claro que lo mejor que podemos hacer las personas que nos consideramos demócratas es no votar (e incluso promover el no hacerlo). Creo que al final de todas las razones, de todos los debates y argumentos hay una realidad muy sencilla que tenemos que tomar en cuenta: este gobierno está intentando por todos los medios posibles desmantelar la democracia. En ese sentido, el abonar a cualquier proceso que les otorgue legitimidad, por muy democráticas que parezcan estos, es ayudarles a tal propósito.

¿Por qué fue tanta la insistencia de parte de Morena y sus aliados para promover la elección? ¿Por qué fueron al extremo de presionar al Tribunal Electoral para permitirse invitar a votar siendo que ellos mismos habían aprobado que no se pudiera? Porque de alguna manera la reforma al Poder Judicial se ha convertido en uno de los hitos de este gobierno y el anterior, son parte de su legado y narrativa y de su éxito depende su legitimidad.

Me queda claro (como casi a todo el mundo) que no les interesan los resultados de la elección, ya saben quién va a ganar en los puestos que les importan y tendrán manera de controlar a los que no les sean afines con el Tribunal de Disciplina Judicial. Lo que realmente les importa es que esos resultados (que ellos ya escogieron) sean legitimados por una participación amplia (o por lo menos satisfactoria) y que puedan colgarse la medalla de demócratas mientras acaban con la democracia.

He leído y escuchado varios argumentos para promover la participación, algunos mejor intencionados que otros, pero me parece que todos ellos tienen fallas si se toma en cuenta lo anteriormente escrito. A continuación, ofrezco mi esfuerzo por refutar algunos de ellos.

1. “Es un proceso que ya se decidió y que participe yo o no, va a suceder, por lo que es mejor estar presente”

En teoría de la democracia básica se enseña que no hay espacios vacíos y que la mejor manera para comenzar a orientar las cosas hacia una dirección que se considere más favorable es involucrarse y pelear uno de esos espacios. Sin embargo, usar ese principio en este caso me parece errado porque parte del supuesto que se puede cambiar el resultado de la elección.

Para el momento en el que esto está siendo publicado ya han avanzado bastante las pláticas dentro del grupo gobernante sobre a quién se va apoyar y quiénes ganarán la elección, ¿de verdad alguien ve un escenario donde Lenia Batres, Loretta Ortiz o Yazmín Esquivel no vuelvan a la Suprema Corte? Todas y todos los candidatos lo saben, la manera de ganar es llegando a un acuerdo con algún referente de Morena para que las estructuras del partido financiadas con dinero público les apoyen. Los espacios ya están decididos, no hay una competencia real, no es tanto “estés tú o no, va a suceder”, es más “estés tú o no, ya sabemos quien va a ganar”.

2. “Como oposición también pueden / podemos ganar posiciones”

Este argumento se basa en entender a las elecciones como una competencia de los distintos grupos que componen a la sociedad. Es cierto que las elecciones “normales” están basadas en este principio, entendiendo que hay diversos grupos que compiten por el poder e influencia y donde nadie gana todo y nadie pierde todo. En este escenario, se espera que como cada parte tiene una “porción” del poder e influencia se tiene cierto equilibrio y, por lo tanto, la oposición debería buscar esos espacios en esta elección.

Esto no debería aplicar al Poder Judicial justo porque este poder debería ser un espacio imparcial, sin orientarse ni en pro del gobierno ni en pro de la oposición. Las personas que marchamos en contra de la reforma al Poder Judicial lo hicimos no porque quisiéramos jueces, ministros y magistrados anti-Morena, sino porque queríamos que tuvieran un rol imparcial. El suponer que la oposición tiene una “oportunidad” de tener algunas personas fichadas dentro de este proceso es caer en la trampa de buscar ventaja donde debería haber justicia.

3. “Una persona verdaderamente demócrata participa cuando hay mecanismos de participación”

Hay una distinción bien clara que se tiene que hacer: no todos los mecanismos de participación “democrática” se usan para fines democráticos. Se ha estudiado bastante el fenómeno, pero creo que ya está comprobadísimo que los mecanismos que tradicionalmente se utilizan en procesos democráticos pueden y son a menudo manipulados por regímenes autoritarios. Algunos ejemplos pueden ser el referéndum que Rusia realizó en los territorios invadidos de Ucrania en donde resultó que todos querían formar parte de la Federación Rusa, o las elecciones que se realizan en China periódicamente, pero donde la ciudadanía solamente tiene una opción.

No necesitamos incluso ir tan lejos: el gobierno anterior manipuló repetidamente los mecanismos de democracia participativa que tanto costó implementar en el país. La consulta de la cancelación del aeropuerto de Texcoco (decisión que ya estaba tomada), la rifa del avión presidencial (que no vendió el avión), la consulta del juicio a expresidentes (que nunca se inició en ningún tribunal) o la revocación de mandato a los tres años del sexenio de Andrés Manuel López Obrador (que nadie pidió) fueron claros ejemplos de cómo se utilizaron estos mecanismos no para incentivar la participación o abrir procesos de toma de decisión, sino para movilizar a sus bases y promover una narrativa.

4. “Hay personas dentro del proceso que se merecen una oportunidad y que no están a favor del gobierno”

Este me parece que es el argumento más frecuente que se utiliza por alguna parte de la oposición para participar tímidamente en el proceso y me parece también el más trágico de todos. Es triste porque es verdad que en el proceso del Poder Judicial hay cientos de personas que han hecho una carrera judicial, saben de su materia y están comprometidas y comprometidos con la justicia en el país. Son personas que no pensaron nunca en su vida tener que hacer política y que están luchando por mantener su trabajo, su profesionalización y su sustento que les ha costado años de preparación.

Sin embargo, y por muy triste que suene, eso ya no importa desde el momento en el que se aprobó y validó la reforma. Su buena voluntad y preparación poco importará mientras el gobierno mantenga el Tribunal de Disciplina Judicial; con él podrán destituir y disciplinar a todas las personas que tomen decisiones que les perjudiquen. Si una de las motivaciones más fuertes que pudo tener una persona para inscribirse a participar en el proceso era conservar su trabajo, también esto será un factor de peso al momento de ejercer su función, y cuando tenga que escoger entre decidir de acuerdo a derecho o a de acuerdo a lo que no le meta en problemas con el Tribunal de Justicia, me temo que escogerá la segunda.

5. “¿Cómo es que llamas a no participar en esta elección, pero sí en las ‘normales’ que se hacen cada 3 años?”

Las elecciones constitucionales que se realizan en México cada 3 años son unas de las más profesionales y con más candados de todo el mundo. Han sido el producto de todo un desarrollo histórico y social que ha creado reglas, procedimientos y manuales claros de lo que se tiene que hacer en cada etapa del proceso. Todas y todos sabemos de los candados como la tinta en el dedo, las urnas separadas, la presencia de representantes de casilla, el conteo por parte vecinas y vecinos, el PREP, las campañas con recursos debidamente fiscalizados, entre otras medidas que ya están tan normalizadas, que se nos hacen difícil pensar en una elección que no las tenga. La elección judicial no tiene ninguna de ellas.

El proceso de la elección judicial carece de todos los candados que como sociedad hemos decido que necesitan nuestras elecciones para ser confiables, tanto en el momento de la elección como en la competencia. No hay absolutamente ninguna certeza de que el proceso será limpio, vigilado e imparcial. Esta elección no es comparable a las que acudimos cada 3 años, las cuáles sí tienen todos estos candados y en las que llamar a la participación sí es llamar a un proceso con todas las características necesarias de una elección democrática y genuina.

Es por esto que he concluido que, en esta ocasión, es de demócratas no votar.

* José Antonio Cárdenas Rodríguez (@T_Cardenas_) es consultor independiente. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM y Maestro en Políticas Públicas por la London School of Economics. Campeón Nacional de Debate Político y miembro de SomosMX y Somos Impacto.