blogeditor · 9 de marzo de 2014
Por: Maurizio Montes de Oca Flores (@MauMontesdeOca)
“Aunque lamentamos y condenamos el fenómeno de Avándaro, también nos alienta nuestra convicción de que en este tipo de actos y espectáculos sólo es partidaria una reducida parte de nuestra población juvenil”.
Luis Echeverría Álvarez
Los gobiernos emanados del Revolucionario Institucional nunca se mostraron afines a las expresiones culturales de los jóvenes en masa; hoy muchos se preguntan si la cancelación del festival Hell & Heaven se inscribe dentro de esa fobia. Después de 1968, las concentraciones juveniles eran disuadidas por la policía que los acusaba azarosamente de ser comunistas y los subían en una julia: era la época de las razzias, una política policial represiva que consistía en recorridos por colonias populares de las ciudades en los que se detenía a jóvenes que lucían sospechosos para acusarlos posteriormente de cualquier delito.
México fue uno antes del fatídico 2 de octubre y otro después, uno temeroso y represivo, ensimismado. Para el 11 de septiembre de 1971 (meses después del Halconazo), coincidía la caída de Salvador Allende en Chile con el Festival de Rock y Ruedas que logró juntar a un cuarto de millón de jóvenes en Avándaro, un pequeño pueblo del Estado de México. El Woodstock mexicano agrupaba a las mejores bandas de rock de aquellos años: Los Dug Dug’s, Three Souls in my Mind, Peace & Love… En palabras del historiador Eric Zolov “fue la expresión de un cuestionamiento largamente incubado, alimentado por una inquietud y rabia crecientes contra la estructura patriarcal autoritaria de la sociedad mexicana”. A pesar de ser un espacio de convivencia que hizo presentes a miles y miles de jóvenes, llenándolos de alegrías y éxtasis según narran los relatos y del saldo blanco del evento, el gobierno a través de los medios que controlaba comenzó una campaña de desprestigio que censuró y confinó al rock mexicano a la ulterioridad de los hoyos funky: “Música, droga y sexo, el frenesí de Avándaro”, “Avándaro, la locura”, “Nudismo y mariguana”, “¡Avándaro, el infierno!”. Los senos y las piernas al ritmo de la música asustaban a un gobierno acostumbrado al secretismo y la simulación que olía a rancio.
Los espacios se cerraron herméticamente para los jóvenes rockeros, Televisa programaba música disco durante el resto de la década de los 70 y ya para los 80 (con el rock totalmente sumido en los hoyos funky y los cafés), la televisión y el radio eran inundados con Mijares, Daniela Romo, Pandora, Timbiriche y Yuri, algunos resultaron ser más drogadictos y frenéticos que los rockeros que censuraban.
[contextly_sidebar id=”be981aee93eadc3e9267e8c3e63d9f17″]Así pasaron años que combinaban una apertura hacia el exterior con una cerrazón interior durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, en el que una de las bandas campeonas de la censura fue Molotov, que incomodó con sus contenidos irreverentes. Desde su primer álbum que hacía una sátira del título de un álbum de Maná, Molotov pasó de boca en boca y en los medios fueron censurados con cuadros borrosos y bips sus videos. La censura llegó al punto de cancelar conciertos suyos. Y regresamos al punto original ¿la cancelación del Hell & Heaven es un acto de censura? Partiendo del supuesto de que no se cumplen las condiciones de seguridad para su realización, aún queda un tema pendiente para el gobierno del Estado de México. Veamos:
El gobierno del Estado de México encabezado por el gobernador Eruviel Ávila canceló uno de los eventos más esperados por muchos jóvenes rockeros en México, el festival Hell & Heaven, que agrupaba a un buena parte de las mejores bandas de metal de todo el orbe. Mediante comunicados de prensa, el Gobierno del Estado de México, a través de la Secretaría de Gobernación y Protección Civil, solicitó la cancelación del concierto por no cumplir las condiciones necesarias. Todas pueden atenderse antes de que comience el festival.
No obstante el saldo blanco que ha registrado el Hell & Heaven desde sus inicios, el gobierno del Estado de México no se ha preocupado por la inseguridad que se vive en otro tipo de eventos en la entidad, en los que no se cumplen las condiciones mínimas de seguridad y los muertos y heridos son una constante. Se argumenta la prevención de daños a la vida y los bienes de las personas, sin embargo, en ese mismo recinto de Texcoco hubo tres asesinatos previos a la realización de la emblemática Feria del Caballo 2012 con un narcomensaje “Aquí comienza la fiesta”. Durante los primeros tres días del evento se sumaron siete más, uno más dramático que el resto, fue asesinado por nueve impactos de bala y arrojado a unos metros del estacionamiento del recinto. En agosto del mismo año, ocurrió una balacera al interior de un baile en el que se presentaban Los Héroes del Norte, el recinto apagó las luces en el momento y tuvo que cancelarse la presentación que era grabada para la televisión, sin la declaración de ninguna autoridad.
En tiempos del gobierno de Enrique Peña Nieto también se presentaron incidentes gravísimos, como la balacera registrada en una presentación de Alejandro Fernández en la que una joven de 25 años resultó lesionada, o la balacera registrada en Chalco en una presentación de La Arrolladora con un aforo de 40 mil personas. Este año también brilló por su ausencia Protección Civil en un evento realizado el 14 de febrero por el DIF de la entidad en el que cayó una lona dejando heridas a más de 30 personas. Por otra parte, el Carnaval de Coyotepec dejó un muerto y dos lesionados luego de una balacera frente a la presidencia municipal hace unos días. Y la nota roja continúa…
¿Por qué si ni siquiera en sus propios mítines pueden garantizar la seguridad de sus asistentes, hay una preocupación tan grave sobre este evento que registra saldo blanco en sus anteriores emisiones? ¿El Gobierno del Estado de México puede garantizar la seguridad de sus ciudadanos en los eventos masivos? ¿Cuál es la política de Protección Civil del gobierno mexiquense? ¿No debería cuestionarse dados los incidentes arriba mencionados? Hay un problema serio de seguridad en el Estado de México, donde en 2011 la tasa de ejecuciones en Ecatepec superaba la registrada en Reynosa, Tamaulipas y ahora la entidad ocupa el segundo lugar en homicidios dolosos.
¿Hay razones para pensar en la censura? Quizás. Lo cierto es que entre la confusión de cancelar o no por motivos de seguridad, hay un rastro de heridos y asesinados en eventos recreativos que el gobierno de la entidad no ha atendido y atenta contra el desarrollo de las personas y el acceso a la cultura, un derecho fundamental para cualquier persona.
* Maurizio Montes de Oca Flores es estudiante de Ciencias Políticas y Administración Pública en la UNAM y conductor en el programa Contrapoder