blogeditor · 28 de mayo de 2013
Por: Valeria Moy (@ValeriaMoy)
El Plan Nacional de Desarrollo (PND) suele considerarse un conjunto de buenos deseos a los que nadie les da mucha importancia. El PND 2013-2018 sigue siendo una lista de buenas intenciones, pero acompañadas ahora de indicadores para medir el avance. Como sabemos, lo que no se mide no se puede mejorar. Además, este PND tiene una novedad: es la primera vez que se incluye el tema de equidad de género. No sólo se incluye, sino que también se plantea su medición y es en esto en donde quiero concentrar.
La equidad de género se mide a través del Índice de Desigualdad de Género (IDG) del PNUD, que parte del Índice de Desarrollo Humano y se ajusta por desigualdad entre hombres y mujeres. Los indicadores permiten medir los obstáculos que enfrentan las mujeres para el pleno goce de sus derechos.
Se miden considerando la tasa de mortalidad materna, la tasa de fecundidad adolescente, las mujeres y hombres con al menos educación secundaria completa, la participación de mujeres y hombres en escaños parlamentarios a nivel nacional y la tasa de participación de mujeres y hombres en la fuerza laboral. La escala va del 0 al 1, siendo el 0 la mayor igualdad.
A nivel mundial se observa un IDG promedio de 0.463. En Europa, el promedio es 0.28 mientras que en África Subsahariana el promedio es 0.58. Los Países Bajos tienen la mayor igualdad (0.045) y Yemen la mayor desigualdad (0.747). México tuvo en 2012 un índice de 0.382 mostrando una mejoría a partir de 2010, cuando el IDG fue 0.408. Es decir, estamos mejor que el promedio mundial y aparentemente vamos mejorando.
El PND plantea “promover la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres para ejercer sus derechos reduciendo la brecha en materia de acceso y permanencia laboral”. Suena bien. Sin embargo, las líneas de acción que sugiere para lograr este objetivo son tan ambiguas y poco creíbles como esta: “fomentar políticas dirigidas a los hombres que favorezcan su participación en el trabajo doméstico”. ¿Qué es eso? ¿Las políticas se implementan o se fomentan? No entiendo cómo podría fomentarse una política que favorezca el que los hombres tiendan su cama y laven su ropa. Pero aunque no lo entienda, la eficiencia de estas acciones se medirá con el IDG.
La obsesión con tener cuotas de género me es ajena. La obsesión tendría que estar en otorgar las mismas oportunidades en el desarrollo. Los puestos, cualesquiera que sean, deberían de ser ocupados por las personas mejor capacitadas para desempeñarlo. No es trivial. Para que las mujeres estén bien capacitadas necesitan muchas cosas antes de llegar a su etapa laboral: haber crecido en un entorno igualitario en su familia y haber tenido las mismas oportunidades de salud, alimentación y educación que los varones.
También tendría que trabajarse en mejorar las condiciones que enfrentan las mujeres una vez que tienen hijos. Es en ese momento cuando el balance familia/trabajo cambia, y si queremos que las mujeres permanezcan en el sector laboral, las líneas de acción del PND deberían tocar este tema con claridad, por ejemplo, la creación de guarderías confiables y mayor flexibilidad laboral.
Si bien el PND acierta al darle a la planeación un sentido de género, no se plantea ninguna línea de acción concreta y no se menciona lo más relevante que es el acceso a las mismas oportunidades y condiciones para ponernos en el camino de lograr una verdadera equidad. Medir no es suficiente para igualar.
* Valeria Moy es profesora de Economía en el ITAM.