Redacción Animal Político · 29 de agosto de 2025
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) define el edadismo como el conjunto de estereotipos, prejuicios y discriminación hacia las personas en función de su edad. Aunque muchas veces pasa inadvertido, sus efectos son concretos: condiciona la atención médica, reduce oportunidades de participación social y vulnera derechos fundamentales.
En México, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo Nueva Edición (ENOEN) residen casi 18 millones de personas de 60 años y más y la discriminación por edad es uno de los principales obstáculos para una vida digna. La Encuesta Nacional sobre Discriminación reveló que una de cada cinco personas mayores declaró haber sido discriminada en el último año, siendo el sector salud uno de los principales espacios de exclusión. Estudios realizados con médicos en formación muestran que el envejecimiento suele asociarse a términos negativos como “frágil” o “dependiente”. Estas percepciones no son inocuas: se traducen en diagnósticos tardíos, tratamientos limitados y cuidados insuficientes.
El edadismo no afecta a todas las personas por igual. Las mujeres mayores enfrentan una doble discriminación: por edad y por género. HelpAge International documenta cómo las desigualdades acumuladas —salarios más bajos, trayectorias laborales interrumpidas por cuidados, mayores exigencias de juventud en lo social— se reflejan en menos acceso a pensiones, servicios de salud y espacios de participación. En México, una de cada siete mujeres mayores de 60 años reportó haber sido discriminada por su edad.
Las ciudades tampoco suelen estar pensadas para el envejecimiento. En México, muchas personas mayores enfrentan transporte público poco accesible: conductores que no se detienen, banquetas deterioradas o inexistentes, ausencia de elevadores o escaleras eléctricas. Esto limita su movilidad y las obliga a depender de automóviles particulares o acompañantes para tareas básicas. Así, se restringe su acceso a hospitales, espacios públicos o instituciones de justicia. La falta de infraestructura accesible no solo reduce su autonomía: vulnera directamente sus derechos.
Más allá de la exclusión, el edadismo tiene costos económicos considerables. Un estudio internacional estimó que la discriminación por edad en los servicios de salud representa 63 mil millones de dólares anuales. Uno de cada siete dólares destinados a la atención de personas mayores corresponde a los ocho padecimientos más costosos en este grupo. La raíz de ese gasto está en la discriminación directa en la atención médica, en los estereotipos negativos que condicionan decisiones clínicas y en las percepciones que afectan incluso el autocuidado de las propias personas mayores.
En 2025, la OMS lanzó la primera escala global para medir el edadismo (WHO Ageism Scale), un instrumento que permite identificar y cuantificar actitudes y prácticas discriminatorias. México podría dar un paso relevante al adoptar herramientas de este tipo para diseñar políticas basadas en evidencia. A ello deben sumarse campañas educativas que transformen imaginarios colectivos y programas que ajusten los servicios públicos a las necesidades reales de una sociedad que envejece.
El Día Nacional de las Personas Mayores no debe limitarse a la celebración: es una oportunidad para promover una cultura de encuentro entre generaciones y reconocer a las personas mayores como titulares plenos de derechos. El futuro de México será cada vez más longevo. El desafío —y la oportunidad— es construir instituciones públicas a la altura de ese cambio demográfico.
Combatir el edadismo es un acto de justicia. Significa garantizar que envejecer no sea sinónimo de invisibilidad, sino de reconocimiento, participación y dignidad. Como lo expresa el Club de la Porota: “envejecer en una cultura que no me descarte. Que no me invisibilice. Que no me desempodere. Que respete mi derecho a decidir. Que valore mi impronta, mi experiencia”. Ese es el país que debemos construir: uno donde la vejez sea vista como una etapa de derechos plenos y no como una condena social.
* Berenice Mena Quintana (@Mena_Bere05) es especialista de la Comisión Americana del Adulto Mayor (CADAM) de la CISS. Es maestra en trabajo social y diseñadora industrial.