Centro de Análisis de Políticas Públicas · 25 de noviembre de 2010
Por: Edna Jaime
Estamos ante un desafío fenomenal y no actuamos en consecuencia. Esta es mi conclusión básica luego de presenciar una sesión más del Consejo Nacional de Seguridad Pública, un foro peculiar que está abierto al público pero que, sin embargo, guarda para sus miembros la información más sustanciosa. Al menos eso es lo que me parece porque la verdad de las cosas es que en las sesiones del consejo no se debate, no se analiza y tampoco se rinde cuentas. Lo que sí se hace es revisar la evolución de procesos y acciones que se asumen -porque nunca se prueban- como “correctas” para avanzar en la construcción de capacidades para hacer frente al crimen. La Federación -dueña del dinero y los conceptos- ilustra a los gobiernos estatales (renuentes de asumir sus responsabilidades), las rutas a seguir para generar plataformas de cooperación, para generar información que se traduzca en inteligencia, cuerpos policiacos confiables, etc. Los gobiernos estatales, por su parte, aprueban con poca convicción sustantiva (de ahí lo lento del avance en algunas de las metas), pero sí con mucho interés material (porque les implica más dinero del ya de por sí abultado presupuesto en seguridad).
En estas dinámicas el Ejecutivo Federal y los gobernadores debaten, mientras que en las calles el crimen sigue haciendo de las suyas.
La prensa ha destacado ya la información que publicitan las autoridades: el porcentaje de avance en la certificación de mandos y personal operativo de los cuerpos policíacos, la creación de unidades antisecuestro en los estados, el número de centros de evaluación certificados y demás. Pero, más que analizar en esos temas, me parece que lo importante es hablar de lo que no se dijo. En las tres horas de duración de la sesión, no hubo una sola mención a la realidad objetiva que nos rodea: la violencia brutal presente en algunas regiones del país, las bajas civiles, el incremento de secuestros y extorsiones, y el costo que el crimen y violencia tienen en nuestra frágil economía, por poner sólo algunos ejemplos. Se plantearon, eso sí, modelos parsimoniosos sobre seguridad, pero ninguna meta concreta ni ningún indicador que nos permita a los ciudadanos valorar si vamos o no por el camino correcto. Si aceptamos este estado de las cosas, la verdad es que no nos quedaría de otra que sumarnos a un acto de fe colectiva y esperar a que lo que hoy se siembra tal vez en la generación de los hijos de nuestros nietos pueda cosecharse…,- si para entonces queda país habitable.
En el colmo de la habilidad para esconder lo que incomoda, el Consejo, o algunos de sus miembros, ideó la manera para que los resultados de la encuesta victimológica que este año levantó INEGI y que reporta delitos del 2009, se retrasara en su entrega y no pudiera ser analizada y presentada por ICESI (Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad) con oportunidad como lo había hecho desde el 2002, cuando el Instituto realizó su primera encuesta. En esta ocasión, antes que ICESI pudiera hacer público su análisis, las bases de datos con los resultados de la encuesta fueron entregados a los gobernadores en un CD.
En los saludos de despedida vi a políticos sonrientes estrechando manos y expresando su entusiasmo. Pensé: O derrochan habilidades histriónicas o se han creído su propia ficción.