Once razones para homenajear a la ministra plagiaria

Redacción Animal Político · 25 de febrero de 2023

Once razones para homenajear a la ministra plagiaria

Justo cuando parecía que la bochornosa historia para resolver el caso del plagio de la tesis de licenciatura de Yasmín Esquivel en la UNAM quedaba en suspenso por el dictado de una suspensión en un juicio de amparo, una investigación conducida por Zedryk Raziel y Beatriz Guillén, publicada en el diario El País, dio a conocer un nuevo plagio de la todavía ministra de la Suprema Corte. En esta ocasión se trata de su tesis de doctorado en la Universidad Anáhuac, en la que al menos el 46 % no es otra cosa que un burdo plagio. La todavía ministra y doctora copió textualmente las más variadas líneas y párrafos de autores internacionales como Atienza, Ferrajoli, Fioravanti y Pérez Luño, así como también de otros nacionales como Burgoa, Carpizo y Carbonell.

El descaro no podría ser mayor y la afrenta no tiene precedentes en la historia contemporánea de la justicia mexicana. Las magnitudes del caso ya no pueden ni deben tomarse a la ligera. Resulta inconcebible que una de las once personas que ocupa un asiento en la máxima institución de impartición de justicia en México intente ignorar las consideraciones éticas y políticas de sus acciones. Su honorabilidad, competencia y probidad están en entredicho.

En ese sentido, llevamos ya algún tiempo tratando de llamar la atención sobre las graves deficiencias de la formación de la abogacía en México. Los problemas transitan desde una escasa e irrisoria regulación para acceder a la profesión, hasta una eclosión de escuelas de Derecho. La cifra parece inverosímil, pero es una alarmante realidad: con más de 3,000 programas de derecho en el país, es simple y sencillamente imposible aquilatar la calidad de buena parte de la educación jurídica.

Precisamente, en este mismo espacio, en ocasión del otorgamiento de un doctorado honoris causa al “periodista” apodado Lord Molécula y de la manera en que la entonces encargada de la Coordinación Operativa Institucional de la Guardia Nacional, Patricia Rosalinda Trujillo, presumía sus 12 doctorados (9 de ellos honoris causa), reflexionamos respecto de la patética instrumentalización y banalización de los grados académicos en el país.

Igualmente, ante el escándalo que causó Samuel García —entonces el senador por Nuevo León y hoy gobernador de dicha entidad— por el descubrimiento de que una de las firmas de su segundo doctorado era apócrifa y que la ilustre escuela en la que se doctoró eventualmente se transformó en una concurrida taquería, escribimos en un artículo en una revista de aquella localidad sobre lo absurdo que resultan las formas, las apariencias y la necesidad de reconocimiento por encima del fondo, el esfuerzo  y la vocación por el conocimiento.

El asunto que hoy nos motiva a retomar la cuestión no podría ser otro que el del plagio de las tesis de licenciatura y doctorado en Derecho de Yasmín Esquivel. Se trata, como hemos dicho, de un escándalo mayúsculo y de la mayor relevancia pública, pero que en realidad es solo un síntoma de problemas longevos y estructurales. La crisis de la educación es producto de un sistema educativo mediocre y desregulado que ha florecido en medio de una precaria y arcaica cultura jurídica en la que poco interés ha existido para remediar sus males.

Más allá del cinismo, las mentiras y las contradicciones de la defensa de Esquivel, lo cierto es que el presente escándalo invita a reflexionar sobre la patética relación que tiene un sector del gremio jurídico con el poder. El caso de la ministra plagiaria ha evidenciado a sujetos y asociaciones que, al defender lo indefendible, han terminado por poner de relieve una complicidad y servilismo por demás descarados.

Nos referimos no solo a los “juristas” que individual o colectivamente salieron a respaldar a Esquivel tan solo unos minutos después de que Guillermo Sheridan publicara la contundente evidencia del primer plagio (uno de los cuales, cabe recordar, ahora se descubre como el incauto asesor de la tesis doctoral en la Anáhuac que avaló el segundo plagio), sino también a aquellas instituciones que a lo largo de los años se han ido encargando de adornar engañosamente la figura de un personaje de cuestionables méritos y cualidades morales. Nos referimos, por supuesto, a la nefasta práctica de ciertas instituciones por otorgar doctorados honoris causa que con frecuencia no son sino el producto de una transacción: la persona laureada recibe la inmerecida distinción a cambio de una módica cantidad de dinero. Una farsa a cambio de una lana.

En el caso de Esquivel, esto ha generado una situación francamente paradójica. A estas alturas es difícil saber si la involucrada podrá mantener su título de abogada y de doctora en Derecho. Sin embargo, pase lo que pase, tenemos una certeza: con o sin licenciatura, a la ministra plagiaria le sobrarán grados académicos. Yasmín Esquivel podrá convertirse en la ministra pasante, pero jamás dejará de ser doctora. Sin tener el menor mérito académico, la propuesta por López Obrador ha sido premiada en los últimos años, una y otra vez, con los más variados reconocimientos y doctorados. Se trata, hay que decirlo, de un logro nada despreciable para alguien cuyas dos obras más famosas no son otra cosa que productos de sendos fraudes académicos.

Al existir cientos de agrupaciones jurídicas que no pasan de ser negocios disfrazados de clubes sociales donde la zalamería y los besamanos abundan, la verdad es que el otorgamiento de grados y títulos académicos resulta un acto absolutamente trivial y vulgar. Por eso, es llamativo que hace unas semanas, una asociación denominada “Institución Nacional para la Celebración del Día del Abogado” que le había otorgado un diploma y un reconocimiento a Yasmín Esquivel en 2015 se lo haya retirado aduciendo su falta de integridad.

En estra tragicomedia, ante la falta de consecuencias legales por los plagios de la ministra pirata, quizá una alternativa como gremio jurídico consista aplicar la ley del hielo a la involucrada esto es, hacerle saber, precisamente, que muchos de estos honores no son sino un mero fraude.

En tal sentido, siguiendo la lógica de evidenciar las farsas dentro de la profesión jurídica nacional, nos hemos dado a la tarea de recopilar una lista —que claramente para nada es de carácter exhaustivo— de algunas de las múltiples instituciones que le han otorgado un doctorado honoris farsa o un irrelevante reconocimiento a alguien que ni siquiera debería ostentarse como profesionista.

1. Instituto Mexicano de Líderes de Excelencia (IMELE)

Aunque tiene escasa relación con el ámbito jurídico y más bien se enfoca en programas de coaching y superación personal (en sus propias palabras, surge con “el fin de formar verdaderos Líderes de Excelencia, con valores superiores”), esta institución decidió entregarle un honoris causa a Esquivel a inicios del 2019.

Dentro de las destacadas personalidades que comparten el honoris causa con Esquivel se encuentran el polémico Fiscal General de Morelos, Uriel Carmona, el actor Eric del Castillo, y el cantante “Samo”. Cabe mencionar que en el claustro doctoral de dicha institución, codo a codo con la plagiaria Esquivel, se encuentra el Papa Francisco —no es broma—… aunque él probablemente no lo recuerde.

La información de su página de Internet es escasa, pero es muy precisa al señalar que, para obtener el honoris causa del IMELE, son necesarios los méritos profesionales y que, además, resulta indispensable entregar un donativo a una fundación que se les indique (¿habrá hecho el donativo don Jorge Mario Bergoglio o le habrán dado una exención papal?).

Doctorado honoris causa del Instituto Mexicano de Líderes de Excelencia (IMELE) para Yasmín Esquivel

2. Claustro Nacional de Doctores Honoris Causa

Esta institución que otorgó un honoris a Esquivel en diciembre de 2019 tiene por objeto, “entre otros, otorgar reconocimientos y galardonar a personalidades del mundo académica (sic), político, social, empresarial, artístico, y demás; que tengan méritos a favor de la sociedad mexicana en general”.

Como dato curioso, en el discurso de recepción la todavía ministra agradeció al director de dicha institución, Roberto Vidal Méndez, quien fue secretario de Seguridad Pública de Tabasco durante el sexenio de Roberto Madrazo y procesado en 2009 por cohecho y portación de arma de fuego.

Apelando a su fuerte compromiso con la ética y su inquebrantable sentido de justicia, Esquivel afirmó, en su discurso de recepción, que “el quehacer jurisdiccional que corre a cargo de la Suprema Corte tiene una función fundamental para ajustar el Derecho a la realidad social, pues armoniza a la Constitución con las exigencias y necesidades de la sociedad, sus valores y principios”.

Doctorado honoris causa de Claustro Nacional de Doctores Honoris Causa a Yasmín Esquivel

3. Consejo Doctoral Mexicano y el Centro de Estudios Superiores en Ciencias Jurídicas y Criminológicas

Este doctorado honoris causa, así como la medalla “Mujeres por la Igualdad” en reconocimiento por su trayectoria académica, fue otorgado a Esquivel en junio de 2019 por una universidad privada que presume impartir 9 carreras y 30 posgrados con más de 11 sedes en la Ciudad de México y otras 6 fuera de la capital del país.

Aunque el Consejo Doctoral Mexicano no cuenta con un sitio de Internet en donde se puedan revisar los criterios por los que otorgan sus reconocimientos, dicha agrupación saltó a la fama por un episodio de ironía involuntaria. Esta institución presentó una denuncia penal contra otra institución de su misma naturaleza que entregó un doctorado honoris causa a la presentadora de televisión Laura Bosso,  aduciendo que el prestigio de tales reconocimientos se ponía en entredicho. Los aduladores criticando la lisonjería.

Doctorado honoris causa de Consejo Doctoral Mexicano y el Centro de Estudios Superiores en Ciencias Jurídicas y Criminológicas para Yasmín Esquivel

A estos tres doctorados honoris farsa habría que sumar, además, la participación de Yasmín Esquivel en el otorgamiento de otros doctorados honoris causa a diversas personalidades. A manera de inception jurídico, la multihomenajeada ha sido partícipe en de los más variados homenajes. Hoy me homenajeas a mí, mañana te homenajeo a ti.

4. Cumbre Mundial del Conocimiento 2022

Siguiendo ese orden de ideas, por ejemplo, en la Cumbre Mundial del Conocimiento 2022, la todavía ministra entregó el honoris causa al cantautor español Alejandro Jaén. Galardonado en el VII Festival del Bolero, Jaén escribió unas líneas que bien podría dedicar hoy Esquivel a su aspiración por presidir la Suprema Corte: “Afuera esta lloviendo y yo en mi habitación, tan solo acompañado de un viejo café… le pregunté a la noche si vas a volver, yo sigo imaginando lo que pudo ser…”.

Honoris causa entregado por Yasmín Esquivel al cantautor español Alejandro Jaén en la Cumbre Mundial del Conocimiento 2022

5. Claustro de Doctores Honoris Causa (de nuevo)

Ya como parte del claustro de Doctores Honoris Causa, y en plena pandemia, la ministra no dejó pasar la oportunidad para ahora ella entregar dichos reconocimientos aunque fuera de manera virtual. Bien es sabido que en medio de una emergencia sanitaria los reconocimientos no pueden detenerse, y que no hay mayor homenaje que rendir homenaje a otros.

Yasmín Esquivel entrega doctorados honoris causa en el Claustro de Doctores Honoris Causa

6. Huésped distinguida de Pátzcuaro

En otro tipo de homenajes (todavía más estrafalarios) podemos encontrar la entrega de las llaves de la ciudad de Pátzcuaro, Michoacán, a manos del presidente municipal, Julio Arreola Vázquez, como parte de las actividades conmemorativas del aniversario 488 de tal localidad. Aunque el gobernador del estado no tuvo la oportunidad para asistir a tan relevante evento, envió en su representación a la secretaria de Desarrollo Urbano y Movilidad, quien según la prensa enfatizó la “de la magistrada (sic)”, a quien describió como “una profesionista con conocimientos y experiencia probada, que a diario enfrenta un sinfín de retos, con dignidad y entereza”. Asimismo, asistió la regidora de Educación, Asuntos de la Mujer y Salud, quien destacó, como no podía ser de otra forma, el título de “Licenciada en Derecho (sic)” de la todavía ministra.

Yasmín Esquivel recibe el reconocimiento de Huésped distinguida de Pátzcuaro

7. Miembro honorario del Consejo de la Ciudad de Morelia

Continuando su tour por tierras michoacanas, Yasmín Esquivel se hizo también presente en la capital del estado que vio a Morelos nacer. El Ayuntamiento de Morelia distinguió a la todavía ministra con el nombramiento como miembro honorario del Consejo de la Ciudad y le entregaron las llaves de la ciudad en sesión solemne de cabildo.

Yasmín Esquivel recibe el reconocimiento como Miembro honorario del Consejo de la Ciudad de Morelia

8. Sala de Lactancia “Yazmín (sic) Esquivel Mossa”, en San Antonio

En medio de la peor pandemia de la historia reciente, cuando continuaban las restricciones para actividades no esenciales, y en el momento en el que la judicatura mexicana enfrentaba enormes complicaciones para poder seguir funcionando, a la ministra Yasmín Esquivel Mossa le pareció apremiante tomar un vuelo a San Antonio, Texas, para conocer una sala de lactancia que fue bautizada con su nombre —o algo parecido a su nombre, pues el consulado tuvo el tino de escribir mal el primer nombre de la ministra—. Así, el surreal pero al parecer importantísimo “homenaje” realizado por el cónsul Rubén Minutti Zanatta —quien dicho sea de pasó fungió como colega de la ahora ministra cuando se desempeñaba en un tribunal local de la Ciudad de México—, sirvió como excusa para que la familia Riobóo Esquivel hiciera un par de trámites consulares en aquellas tierras. Aunque ninguno de los integrantes del matrimonio es residente de esas tierras extranjeras, lo cierto es que ello no fue impedimento para obtuvieran una matrícula consular, esto es, el documento que, por disposición reglamentaria, es “inscripción oficial de los mexicanos que residen en el exterior”.

Sala de Lactancia “Yazmín (sic) Esquivel Mossa”, en San Antonio

9. Medalla al Mérito en Derecho Administrativo en la Universidad Autónoma de Nuevo León

La ministra Esquivel también ha sido laureada en el estado de Nuevo León. En noviembre de 2019, la flamante ministra de la Corte fue premiada con la “Medalla al Mérito en Derecho Administrativo Dr. Jorge A. Treviño Martínez” de manos del rector Rogelio Garza Rivera, quien afirmó que la presea se entregaba a la ministra plagiaria por ser “una destacada abogada (sic) comprometida con la legalidad (sic), la equidad de género (sic), los derechos humanos (sic), la transparencia (sic) y la rendición de cuentas (sic)”. La ministra, por su parte, expresó la necesidad de que las escuelas de Derecho reformaran sus planes de estudio para poder hacer frente a los retos de la reforma en materia de justicia laboral. No ofreció, sin embargo, ningún tipo de consejo al alumnado sobre cómo elaborar tesis, ni hizo referencia a sus trabajos de titulación.

Medalla al Mérito en Derecho Administrativo en la Universidad Autónoma de Nuevo León a Yasmín Esquivel

10. Reconocimiento en la Universidad Michoacana

De vuelta en tierras michoacanas, la ministra acusada de plagio fue homenajeada en 2022 por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. En esta ocasión, no recibió ni un doctorado, ni una medalla, ni mucho menos las llaves de la ciudad. La Universidad Michoacana simplemente le otorgó un “reconocimiento”. La ministra que plagió su tesis de licenciatura y doctorado y que defendió a capa y espada la validez de la prisión preventiva oficiosa fue reconocida por “su labor académica (sic)” y por su “labor realizada en pro de los derechos humanos (sic)”.

Reconocimiento en la Universidad Michoacana a Yasmín Esquivel

11. Un homenaje llamado Yasmín Esquivel Mossa

Como corolario, en definitiva, no podemos pasar por alto el hecho de que Yasmín Esquivel Mossa ha dado ese difícil paso que sólo ciertas personas alcanzan a lo largo de su vida: hacer que su nombre se convierta en reconocimiento. Eso sucedió a la todavía ministra —paradojas de la vida— unos cuantos días antes de que Guillermo Sheridan develara que su título profesional era producto de un fraude académico. En plena contienda por la presidencia de la Suprema Corte, el Pleno del del Tribunal Superior Agrario determinó que era apremiante establecer el “Reconocimiento Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Yasmín Esquivel Mossa”. La presidenta de dicho órgano jurisdiccional, Maribel Concepción Méndez de Lara, explicó que se eligió a la ministra ya que “el Derecho Agrario requiere referentes contemporáneos”, y porque la ministra se había distinguido por proponer “criterios innovadores para garantizar el respeto a las y los integrantes de ejidos y comunidades”.

Reconocimiento Ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Yasmín Esquivel Mossa del Tribunal Agrario

Para cerrar: un homenaje a la homenajeada

A estas alturas, la todavía ministra Esquivel probablemente solo tenga dos alternativas congruentes: renunciar a la Corte o doblar la apuesta y pelear por la única distinción que le hace falta, esto es, la Licenciatura Honoris Causa. Con ella, no sólo podría intentar defender su permanencia en la Corte, sino que abriría un capítulo más en los absurdos de la educación jurídica. Así, aunque la acusen de mentirosa y plagiaria, la todavía ministra podría decir que, al menos en eso, es una mujer congruente. Y es que si algo ha distinguido a Yasmín Esquivel, además de su falta de credenciales para ser jueza constitucional, es su fascinación con el elogio fácil e inmerecido.

Claramente a la todavía ministra le gusta aceptar cualquier tipo de reconocimiento. Eso, quizá, demuestra sus ganas de brillar no por méritos propios sino por amiguismo, por su afán de protagonismo. Y es que no hay que olvidar que más allá del escándalo de los plagios, no hay que ir muy lejos para recordar que Yasmín Esquivel jamás debió llegar al máximo tribunal. Basta leer sus sentencias y votos para adentrarse en un mundo donde las pésimas argumentaciones no son sino un intento de hacer pasar las filias políticas por razones jurídicas.

Esa maldita predisposición por aceptar cualquier reconocimiento, ante la ausencia de algún mérito jurisdiccional, académico ético, es el retrato perfecto de una jueza constitucional que no debería ser ni ministra ni jurista, ni doctora, ni reconocida. Como bien ha referido el profesor Roberto Lara en un reciente texto al respecto: “los mexicanos, y especialmente los juristas, nos sentimos burlados no por el sistema jurídico, sino por una determinada forma de entenderlo y operarlo”. El caso de Esquivel es un doloroso espejo de muchos de los problemas del gremio.

Si el affair de la tesis de Esquivel no llega a buen puerto, quizá no tengamos otro remedio que aceptar que, como ha dicho varias veces Alejandro Madrazo, tristemente parece que el gremio no tiene remedio. Queremos pensar que no será así —pero, honestamente, habría que moderar nuestro optimismo—.