Ensayo sobre la ceguera itamita

blogeditor · 3 de noviembre de 2016

Ensayo sobre la ceguera itamita

Por: Mónica Meltis (@monicameltis), Cristina Macgregor (@crismacg), María Zilli (@godzzilli) y Carolina Torreblanca (@caro_whitetower)

El pasado martes el ITAM cumplió 70 años. Celebró su aniversario con un pomposo evento, anunciado durante todo el año y promocionado con hashtags llenos de orgullo por los logros que ha tenido esta institución (#orgulloITAM, #ITAM70años). Entre estos logros, es claro, no podemos incluir la promoción de la igualdad de género. En el panel del foro de celebración no hubo ni una sola mujer. La mesa y el evento, en sí cuestionables por razones nada sorprendentes (la presencia de @ManceraMiguelMx y @EPN, el premio a @FelipeCalderon), sirvieron para sacar a relucir un problema intrínseco al ITAM: la insistencia de la institución en tomar los temas de género de manera superficial y su ceguera ante la patente desigualdad que replica y reparte desde su más alta mesa hasta todas sus aulas.

Nuestra indignación podría parecerles sobrada a varios. Sabemos que el ITAM (evidentemente) no se propuso explícitamente hacer un panel solamente de hombres. El problema es lo que no se propuso: no se intentó hacer el esfuerzo adicional que requiere conformar un panel diverso, porque no lo consideraron necesario. No es evidente para todos, sobre todo si (como la gran mayoría de los itamitas) no han tenido educación con perspectiva de género, la razón por la cual son tan dañinos los paneles de puros hombres. Son dañinos por la falta de diversidad en las opiniones que los paneles generan, por su papel en la permanencia de la idea que ser hombre y ser líder es lo mismo, porque hacen que una gran parte de la comunidad itamita se sienta no representada y por un largo etcétera. La realidad es que probablemente ninguna de las personas que organizaron el evento en el ITAM se dio cuenta de que su panel era de puros hombres. El ITAM no sabe que tiene un problema porque se niega a verlo, porque la norma es que los hombres estén al mando y una institución que se niega en diagnosticar sus propias carencias, difícilmente va a poder remediarlas.

Como exalumnas y miembros de la comunidad, creemos que es nuestra responsabilidad ser críticas ante eventos como éstos que evidencian, una vez más, la tan urgente necesidad de impulsar y reconocer el trabajo de las mujeres en la academia, la vida profesional y el ámbito público y político, darles un lugar en la mesa de “personas sobresalientes”. ¿Por qué cuesta tanto reconocer el trabajo de las mujeres, alumnas y profesionistas, que han pasado por esta institución? Nos rehusamos a aceptar que llegar a la cabeza de una secretaría es lo único que el ITAM debe celebrar y fomentar como visión de éxito de 70 años de trayectoria.

Sin duda, hay cosas que nos hacen sentir orgullosas del ITAM: nos hemos sentido orgullosas de marchar junto a compañeras y compañeros exigiendo justicia para otros estudiantes cuyas voces han sido apagadas, sentimos orgullo de haber sido enseñadas por profesoras y profesores que sí reconocen nuestra capacidad e inteligencia, y también nos sentimos orgullosas de que el ITAM sea una institución cuya calidad académica es poco cuestionable. Pero la realidad es que el evento de ayer poco hizo por reflejar estas cosas.

La falta del reconocimiento de sus exalumnas no sólo se refleja en el panel y el “club de Tobi” que se presenció durante la ceremonia del día de ayer. Desde 1999, sólo en una ocasión se ha otorgado el premio de “Carrera al Universo” a una mujer, el máximo reconocimiento al mérito profesional que otorga la H. institución y no por falta de mujeres brillantes, más bien a causa de una evidente ceguera y falta de reconocimiento a éstas.

No solo es irrespetuosa la falta de mujeres en el panel sino que es irresponsable tratándose de una institución que forma profesionistas y personas. Es irresponsable porque pareciera que estos son los únicos roles y modelos que promueve la institución. Es irresponsable porque pareciera que éstos son roles a los que nos enseñan a aspirar, roles que se replican dentro de las aulas. Este tipo de eventos muestran al ITAM como una institución a la que solo le interesa tomar acciones superficiales para promover la igualdad, casi como una estrategia de comunicación política sin sustancia, porque cuando se trata de tomarse una foto o firmar un acuerdo (como #HeForShe) rápidamente nos formamos en la fila, pero cuando se trata de reconocer el trabajo de alumnas y ex alumnas, las filas se vacían y nada de lo acordado parece permear.

Así como el ITAM exige de sus alumnos y alumnas la máxima excelencia, nosotras les exigimos también que se priorice atender temas de igualdad de género, acoso y misogina dentro y fuera de las aulas, que se reconozca el enorme papel que muchas alumnas han tenido en miles de ámbitos y le otorgue, por lo menos, el mismo peso que le da a sus contrapartes hombres. Exigimos también que a nuestros profesores y miembros de todos los niveles en la institución que se implemente una política de inclusión real. Ojalá que no nos tome otros 70 años reconocer a las mujeres del ITAM.

 

* María Zilli, Carolina Torreblanca, Mónica Meltis  y Cristina Macgregor son cuatro exalumnas del ITAM que quieren su lugar en la mesa.