Enredos religiosos de los últimos tiempos

blogeditor · 11 de febrero de 2016

Enredos religiosos de los últimos tiempos

Por: Raúl Méndez (@rulwolf)

“Si a mí me piden quitarme el sombrero, ¿qué diferencia hay en pedirle que se quite su turbante?”, “no entiendo el afán de querer mostrar su identidad con un trapo en la cabeza”, estas fueron algunas de las principales quejas expresadas en medios sociales por mexicanos consternados ante el escándalo provocado por Waris Ahiuwalia al no poder abordar un avión tras negarse a despojarse de su turbante, indumentaria religiosa sikh,[1] en público.[2]

¿Por qué tanto alboroto ante la visita del Papa a México?, ¡tenemos otras cosas más importantes en qué preocuparnos!”, dice otro sector de la población molesto ante el despliegue mediático, político y de reacomodo vial por el próximo arribo del obispo de Roma.

Aún más, muchos se preguntan por qué razón las iglesias siguen existiendo, por qué la gente ora cuando existen médicos, por qué tienen los testigos de Jehová que despertarme los sábados tocando a mi puerta, ¿por qué no ha desaparecido la religión si ya tiene mucho que Galileo demostró que el sol no gira alrededor de la tierra?

Al no poder dar una respuesta clara y directa, me amparo al abrigo de José Ortega y Gasset, quien reflexionando sobre por qué Inglaterra aún conserva reyes, argumentaba: “La monarquía en Inglaterra ejerce una función determinadísima y de alta eficacia: la de simbolizar”.[3]

En LEXIA sabemos de tan necesaria función y por eso una herramienta que ha marcado nuestra trayectoria es el Metaforama®, el cual profundiza en el discurso y en el poder generador de metáforas de consumidores, ciudadanos y audiencias para encontrar eso no dicho, sino sentido. Hemos visto que como los reyes y la religión, las marcas, los gobiernos, incluso empaques y etiquetas sintetizan historias, valores, utopías y frustraciones.

[contextly_sidebar id=”t9Do5JbAHIvWw9tNgmoNPHduNfWpqhpN”]Esto es muy relevante en una época en la que algunos se alegran al escuchar que la religión desaparecerá próximamente, al menos en nueve países.[4] Aunque por otro lado, también se dice que en 40 años el Islam representará a casi la tercera parte de la humanidad.[5] Lo cierto es que la religión ha resistido a dos vehementes augurios de desaparición: primero el de la Ilustración, que suponía que la “mayoría de edad” de la razón rompería las cadenas de la fe. La segunda sentencia de muerte de la religión vino de la sociología de la secularización de los pasado 60’s y 70’s, que señalaba cómo el capitalismo tardío, el avance tecnológico e industrial y los procesos de urbanización terminarían con el poder de legitimación social de algo tan anacrónico como la creencia en dioses y ángeles.

Pero hoy la religión sigue presente y actualizándose. Si bien los millennials representan la generación con más desafiliación religiosa,[6] esto no significa que no tengan creencias, ¡todo lo contrario!, al mismo tiempo son una generación que busca equilibrio espiritual, estabilidad emocional, vínculo con fuerzas trascendentes como la naturaleza o el universo. No es que dejen la religión, sino que la adaptan de formas no ortodoxas ni apegadas a las iglesias tradicionales.

Hervieu-Léger, socióloga francesa, señala que paradójicamente al volverse heterodoxa y desinstitucionalizada, la religión encuentra nuevos nichos de socialización.[7] Esto da como resultado el auge de grupos “neopaganos” o “esotéricos”, así como religiones alternativas como la Wicca, el nativismo o las nuevas fórmulas de la New Age.

No parece, pues, que estemos ante la debacle de la religión ni de la espiritualidad, sino solo ante una recomposición de carácter global pero afianzada en contextos locales.

Ante el neolenguaje digital orwelliano que acorta palabras y pensamientos hasta desaparecer en emojis, la humanidad aún requiere simbolizar cuestiones de profunda existencia; tras los cinco eternos segundos de atención que se le dedican (obligatoriamente) a los comerciales de YouTube, los usuarios buscan metáforas con las cuáles explicar su realidad y construir otras nuevas.

Dios, los ángeles, duendes, brujas, encantamientos, milagros, las bendiciones del Niño Fidencio, las oraciones del umbanda brasileño en tiempos de Carnaval, la mano sanadora del predicador, los turbantes sikh obstinados y la figura del Papa en México no son parte de una fauna fantástica que solo habita en la imaginación de unos desequilibrados, sino anclajes simbólicos y de socialización para interpretar el mundo. Seguimos siendo esos animales semióticos que están a la caza de significados para la vida. La religión, no de manera exclusiva desde luego, tiene la fuerza para generar un “mundo nuevo y extraño” (Karl Barth dixit) de experiencias y posibilidades.

Marcas, gobiernos, fabricantes, desarrolladores, necesitan comprender que sus consumidores, audiencias, públicos y usuarios tienen dimensiones existenciales, creativas y de compromisos de conciencia que van más allá de la satisfacción de necesidades.

En esta era digital, con sus nuevas reglas de comunicación mediante lo micro, incluso lo nano, aún pervive el deseo de crear metáforas y “nuevos mundos” como le gustaba decir a Paul Ricoeur. Esto, dicho sea de paso, es lo que Laura García ha puesto sobre la mesa con su reciente libro “Enredados”, una serie de reflexiones sobre las nuevas formas de transmisión de sentido en la redes sociales, en particular por parte de la generación millennial. El libro viene sazonado con micronarrativas tuiteras entre las cuales se encuentran algunas que quien esto escribe, allí escribió.

No veremos desaparecer a la religión en los próximos años, pero sí la veremos, como de hecho ya lo hacemos, adecuarse a las nuevas formas de significación minimalista y evanescente, pero, al mismo tiempo, misteriosa y fascinante.

 

* Raúl Méndez Yáñez es Coordinador del Área Insights Management en LEXIA Insights Solutions, antropólogo social por la UAM-Iztapalapa con especialización en Cultura. Realizó estudios de hermenéutica y semiótica en el Seminario Teológico Presbiteriano, forma parte de la Comunidad Teológica de México y de la Red de Investigadores del Fenómeno Religioso en México (RIFREM). Editor del libro de micronarrativa “Dioses cortos y otros cuentos. Antología de teoficciones”, Editoral ALJA, 2013, así como de diversos artículos especializados y capítulos de libro sobre transformación religiosa, de género y cultura digital.

 

 

[1] La religión sikh es originaria de la India, se caracteriza por el monoteísmo (a diferencia del hinduismo) y por su visión del cuerpo, sus atuendos y rituales (Sikh Dharma), como parte de una experiencia espiritual y moral integral. Ver Sandra Santos, “Los cuerpos sikhs: Un caso de corporalización y ostentación de la identidad religiosa”, Quaderns-e, Institut Català d’antropologia, 2009.

[2]Aeroméxico se disculpa con actor indio a quien impidió abordar por usar turbante”.

[3] José Ortega y Gasset, “La rebelión de las masas”, ESPASA Libros, 2005.

[4]La religión desaparecerá en nueve países, dice un estudio”, BBC Mundo, 22 de marzo de 2011.

[5]El islam crecerá más que cualquier otra religión en el mundo en 40 años: Centro Pew”, La Jornada, 03 de abril, 2015.

[6] Pew Forum of Religion, “Religion among the Millenials”.

[7] Daniéle Hervieu-Léger, “Algunas paradojas de la modernidad religiosa Crisis de la universalidad, globalización cultural y reforzamiento comunitario”, Revista Versión, UAM-Xochimilco, no. 21, 2008.