Redacción Animal Político · 9 de enero de 2026
Este 6 de enero no solo conmemoramos; miramos hacia 2031, cuando el Día de la Enfermera y del Enfermero cumpla 100 años. Llegar a ese centenario debería implicar algo más que celebración: llegar con una decisión clara sobre el lugar que ocupa la enfermería en el futuro de la atención en salud.
El reto es ambicioso y, al mismo tiempo, realista: reconocer a la enfermería como una de las inversiones más estratégicas para que los sistemas de salud sean sostenibles, resolutivos y profundamente humanos. Esta apuesta no compite con otros componentes del sistema; los complementa. En un contexto de presión financiera, envejecimiento poblacional y aumento de enfermedades crónicas, fortalecer a la enfermería es una forma concreta de proteger lo esencial: la continuidad y la oportunidad en la atención.
El desafío actual de los sistemas de salud ya no es solo de volumen, sino de continuidad. El crecimiento de las enfermedades crónicas no transmisibles exige que la atención no se fragmente entre consultas. Requiere seguimiento cercano, educación terapéutica, ajustes oportunos del plan de atención y detección temprana de complicaciones.
Ese trabajo ocurre, muchas veces, en una franja silenciosa: cuando la persona vive su tratamiento, decide si cambia o no hábitos, identifica —o no— señales de alarma y logra —o no— llegar a tiempo. Ahí es donde la enfermería sostiene el hilo de la atención, como puente entre la indicación clínica y la vida cotidiana; como presencia cercana que orienta, acompaña y genera confianza.
Las médicas y los médicos son indispensables para el diagnóstico y las decisiones clínicas complejas. Pero la continuidad que previene descompensaciones y hospitalizaciones evitables se construye con equipos capaces de acompañar a las personas entre consultas y entre niveles de atención. En ese acompañamiento, la enfermería suele llevar la batuta del seguimiento, el monitoreo y la coordinación de la red de servicios.
Además, esa continuidad puede potenciarse con tecnología. El uso del expediente clínico electrónico, la teleorientación, los recordatorios y el monitoreo remoto permiten identificar riesgos de manera temprana y ajustar el plan antes de que el problema se convierta en una urgencia. La enfermería está en una posición privilegiada para operar estas herramientas con sentido clínico y humano.
La evidencia internacional es consistente. El informe State of the World’s Nursing 2025 de la Organización Mundial de la Salud subraya que invertir en educación, empleo, liderazgo y práctica profesional de enfermería es clave para fortalecer los sistemas de salud y avanzar hacia la cobertura universal. También confirma algo fundamental: una dotación adecuada de enfermería se asocia con mejores resultados en salud.
Esa ventaja depende de una ecuación completa. En México, la OCDE estima alrededor de 3.0 personas enfermeras por cada mil habitantes y 2.7 médicos y médicas por cada mil, lo que equivale a poco más de una enfermera por cada médico. En los países de la OCDE, el promedio es cercano a 2.5 enfermeras por médico.
Esta brecha se traduce en tiempos limitados para el seguimiento, mayores dificultades en la vigilancia clínica y retos en la coordinación durante las transiciones entre urgencias, hospitalización y atención ambulatoria.
El desafío comienza también en la formación. La OCDE ubica a México entre los países con menor producción de egresadas y egresados de enfermería: en 2021, menos de 2 por cada 10 mil personas. Esta cifra cobra relevancia en un país con una elevada carga de enfermedades crónicas que requieren atención continua, no solo consultas aisladas.
De acuerdo con la ENSANUT 2022, el 47.8 % de la población adulta presenta presión arterial elevada y 18.3 % vive con diabetes, incluida la no diagnosticada. A esto se suma una alta prevalencia de obesidad, que incrementa el riesgo cardiometabólico. Cuando la atención se interrumpe, el daño se acumula y se refleja en los desenlaces más graves: según el INEGI (2024), las enfermedades del corazón siguen siendo la primera causa de muerte en México.
El punto es claro: cuando la atención llega tarde o se fragmenta, las personas pagan el costo primero. Por eso, fortalecer a quienes sostienen la continuidad todos los días —con conocimiento, presencia y trato humano— es una decisión sanitaria estratégica.
El 6 de enero puede ser algo más que una fecha conmemorativa. Puede convertirse en un recordatorio público de una decisión alcanzable para la seguridad social en salud: poner a la enfermería en el centro del modelo de continuidad mediante tres acciones concretas. Roles clínicos definidos de seguimiento, especialmente en enfermedades crónicas y transiciones hospitalarias; trayectorias claras de desarrollo profesional, con liderazgo clínico y reconocimiento ligado a resultados en salud, y herramientas para la continuidad, como protocolos, educación terapéutica, monitoreo y coordinación apoyados en soluciones digitales.
Estas decisiones honran el trabajo cotidiano de la enfermería y, al mismo tiempo, hacen que el sistema funcione mejor. Si vamos a llegar al centenario, que sea con un sistema que cuide de verdad. La decisión empieza hoy. Y se llama enfermería.
* Abel Eduardo Zavala es investigador especialista en seguridad social en la Conferencia Interamericana de Seguridad Social.