Enfermedades y epidemias en el Antiguo Testamento

Redacción Animal Político · 15 de febrero de 2025

El Antiguo Testamento ofrece un valioso testimonio sobre la percepción y el manejo de las enfermedades infecciosas en las civilizaciones del Antiguo Cercano Oriente. En un mundo sin conocimientos microbiológicos ni medicina moderna, las enfermedades eran vistas como castigos divinos o pruebas de fe. La falta de infraestructuras sanitarias, el contacto con animales y la escasa comprensión de la higiene favorecían la propagación de epidemias. Las culturas de la región, como Egipto y Mesopotamia, desarrollaron conocimientos empíricos sobre la salud, aunque la colección de textos sagrados en el Antiguo Testamento (Santa Biblia) refleja un enfoque en el que la enfermedad estaba profundamente ligada a la moralidad y la observancia religiosa.

Rollo del Mar Muerto (c. 100 a.C.). Fragmentos del pergamino 1QIsab que contiene Isaías (Is 57:17-59:9).
Rollo del Mar Muerto (c. 100 a.C.). Fragmentos del pergamino 1QIsab que contiene Isaías (Is 57:17-59:9).

El Antiguo Testamento y la mortalidad

El Antiguo Testamento constituye el fundamento de las tradiciones religiosas y culturales del judaísmo y el cristianismo. Para los judíos representa su Escritura Sagrada (Tanaj), mientras que para los cristianos es vista como una preparación y profecía que anuncia la llegada del Mesías. La Biblia (como nombre propio de todo el conjunto de libros), escrita principalmente entre los siglos XII a.C. y II a.C., abarca un amplio periodo que refleja la evolución histórica, cultural y religiosa del pueblo de Israel. Desde los relatos más antiguos, como los himnos y tradiciones orales recogidos en el Pentateuco (Torá), hasta textos más tardíos como el libro de Daniel, cada etapa de composición está vinculada a eventos históricos significativos, como el período del Reino Unido de Israel (siglo X a.C.), el exilio en Babilonia (siglo VI a.C.) y la posterior restauración (siglo V a.C.). La transmisión de estos textos, inicialmente oral y luego escrita (en hebreo, arameo y griego helenístico), fue un proceso dinámico llevado a cabo por diversas comunidades y autores a lo largo de los siglos. Así, el Antiguo Testamento conserva una rica tradición cultural que ofrece una perspectiva única sobre las percepciones antiguas de la mortalidad, la enfermedad, la salud y la relación entre lo humano y lo divino.

La mortalidad humana en la Biblia es un tema central vinculado al pecado original. En el Jardín del Edén, Adán y Eva tenían acceso al árbol de la vida, símbolo de inmortalidad y comunión con Dios (Génesis 2:16-17). Sin embargo, al desobedecer y comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, la muerte física y espiritual se convirtió en una realidad para la humanidad (Génesis 3:14-19). Como consecuencia, fueron expulsados del Edén para impedirles acceder nuevamente al árbol de la vida, estableciendo así la condición mortal del ser humano (Génesis 3:22-24).

Exodo de Egipto. La línea roja muestra la supuesta ruta de los israelitas durante su éxodo de Egipto y 40 años vagando por el desierto. De la Santa Biblia publicada por William Collins, Sons, & Company en 1869. Crédito: Álbum / Universal History Archive/Universal Images Group.
Exodo de Egipto. La línea roja muestra la supuesta ruta de los israelitas durante su éxodo de Egipto y 40 años vagando por el desierto. De la Santa Biblia publicada por William Collins, Sons, & Company en 1869. Crédito: Álbum / Universal History Archive/Universal Images Group.

Las enfermedades y epidemias más significativas

Si se escucha atentamente la palabra de Dios:

«…, y haces lo recto a sus ojos, y obedeces sus mandatos y guardas todos sus preceptos, no lo afligiré con ninguna de las plagas con que afligí a los egipcios; porque yo soy Yahvé, el que te sana» (Éxodo 15:26).

Se puede encontrar una relación entre la ética religiosa y la salud pública.

Las diez plagas en Egipto: Siglo XIII a.C., durante el reinado de Ramsés II o Merneptah (aproximadamente 1250 a.C.), basándose en evidencias arqueológicas y en la primera mención de Israel en la Estela de Merneptah (aprox. 1207 a.C.). Las diez plagas de Egipto son el elemento central de un relato narrado en la Biblia, según el cual el dios Yahveh infligió a los habitantes de Egipto una serie de calamidades, con el fin de que su monarca dejara libres a los esclavos hebreos (Éxodo 7-11). Allí se describe cómo los profetas Moisés y su hermano Aarón amenazan al Faraón con el castigo divino si no accede a las demandas de Yahveh para dejar que su pueblo salga de Egipto. Así, las diez plagas enviadas tenían un doble propósito: liberar a los israelitas de la esclavitud y demostrar su supremacía sobre los dioses egipcios. A medida que cada una de las plagas azotaba Egipto, la situación se volvía más crítica, pero el faraón seguía resistiéndose a la voluntad divina.

En la quinta plaga (Éxodo 9:1-7), Dios ordenó a Moisés advertir al faraón que, si no dejaba  ir a su pueblo, enviaría una peste mortal sobre el ganado egipcio. Esta enfermedad afectó a los caballos, asnos, camellos, vacas, ovejas y cabras. Los animales egipcios que estaban en los campos murieron, pero el ganado de los israelitas permaneció intacto. La plaga golpeó también la economía de Egipto, y demostró la impotencia de los dioses egipcios relacionados con los animales, como Apis (el toro sagrado) y Hathor (diosa con forma de vaca), que no tenían poder frente a Yahvé. En la sexta plaga (Éxodo 9:8-12), Moisés y Aarón esparcieron ceniza al aire, lo que provocó llagas y úlceras en los egipcios y sus animales. Incluso los magos egipcios fueron afectados y no pudieron oponerse a Moisés. Esta plaga afectó la salud de los egipcios y, de nuevo, expuso la ineficacia de sus dioses de la medicina, como Thot e Imhotep.

«… y se convertirá en polvo fino sobre todo el país de Egipto, y originará, en hombres y ganados, úlceras que segregan pus por todo el país de Egipto» (Exodo 9:9).

El relato de la quinta plaga sugiere una enfermedad zoonótica (como ántrax, peste bovina, brucelosis o leptospirosis) con impacto en la economía y la alimentación. La sexta plaga, con llagas, sarpullido y úlceras en humanos y animales, ilustra la transmisión de enfermedades cutáneas, posiblemente bacterianas, parasitarias o micóticas (peste, lepra, leishmaniasis, micetomas, esporotricosis), exacerbadas por condiciones ambientales. Además, evidencia cómo las epidemias afectan la estructura social y económica, limitando la capacidad laboral y desafiando el conocimiento médico de la época. La distinción entre israelitas y egipcios podría reflejar diferencias en exposición a riesgos, inmunidad o prácticas higiénicas, conceptos fundamentales en epidemiología.

Lepra (tzara’at). Las referencias a la lepra, especialmente en Levítico 13-14 y otros pasajes, tienen un fuerte significado en términos de salud pública. La ley para el leproso establecía medidas detalladas para la detección, aislamiento y reintegración de las personas afectadas, lo que refleja principios básicos de epidemiología y control de enfermedades infecciosas. Se exigía que los sacerdotes examinaran a los afectados, determinando si la enfermedad era contagiosa, y, en caso afirmativo, debían ser aislados fuera del campamento (Levítico 13:1-59).

«Cuando uno tenga en la piel tumor, úlcera o mancha blancuzca reluciente, si se forma en su piel una llaga como de lepra, será llevado al sacerdote Aarón o a uno de sus hijos sacerdotes» (Levítico 13:2).

Además, se estipulaban protocolos de purificación y reintegración para quienes sanaban, incluyendo lavados rituales, rasurado y sacrificios (Levítico 14:1-57). Estas normas, que tenían un propósito religioso, también ayudaban a contener brotes y minimizar la propagación de enfermedades en una sociedad sin conocimientos médicos avanzados.

«El que se purifica lavará sus vestidos, se afeitará todo el pelo, se bañará y quedará limpio. Entonces podrá entrar en el campamento; pero durante siete días ha de habitar fuera de su tienda» (Levítico 14:8).

En términos modernos, esto se asemeja a las estrategias de cuarentena, diagnóstico y control de enfermedades infecciosas, evidenciando una preocupación temprana por la salud comunitaria y la prevención de epidemias. La lepra se menciona con frecuencia en la Biblia como una enfermedad endémica y estigmatizante. Ejemplos incluyen a Moisés (Éxodo 4:6-7), Miriam, hermana de Moisés, (Números 12:10-15), Naamán (2 Reyes 5:1-14), Giezi (2 Reyes 5:25-27), y el rey Uzías (2 Crónicas 26:19-21).

El día séptimo… bañará su cuerpo y quedará limpio (Levítico 14:9). Ilustración 23 de C. T. Tang, La ley del leproso – G. C. Willis.
El día séptimo… bañará su cuerpo y quedará limpio (Levítico 14:9). Ilustración 23 de C. T. Tang, La ley del leproso – G. C. Willis.

 

Plaga de los filisteos. Esta epidemia ocurrió durante el período de los jueces de Israel, poco antes del reinado de Saúl, el primer rey de Israel. Según algunas cronologías bíblicas, la batalla de Afec, en la que los filisteos robaron el Arca de la Alianza al pueblo de Israel, habría sucedido alrededor del año 1070-1050 a.C. Los filisteos llevaron el Arca a Asdod y la colocaron en el templo de Dagón, su dios. La estatua de Dagón cayó dos veces ante el Arca, con la segunda caída resultando en la rotura de su cabeza y manos (I Samuel 5:1-5). Dios castigó a los habitantes con tumores dolorosos, y se menciona la presencia de ratones que devastaban la tierra, lo que ha llevado a considerar que la enfermedad podría haber sido peste bubónica, transmitida por pulgas de roedores infectados con Yersinia pestis. La peste bubónica se caracteriza por la inflamación dolorosa de los ganglios linfáticos (bubones), fiebre y alta letalidad, lo que encaja con la descripción en la narración bíblica. El pánico llevó a trasladar el Arca a Gat y luego a Ecrón, pero en cada ciudad se desataba la misma plaga.

«Tras esto, la mano del Señor descargó terriblemente sobre los azocios y los asoló; e hirió a los de Azoto y su comarca en la parte más secreta de las nalgas. Al mismo tiempo las aldeas y campos de aquel país comenzaron a bullir, y apareció una gran multitud de ratones; con lo que toda la ciudad quedó consternada por la gran mortandad que causaban» (I Samuel 5:6).

Los filisteos consultaron a sus sacerdotes y adivinos, quienes recomendaron devolver el Arca con cinco ofrendas de oro en forma de hemorroides (tumores) y ratones, como símbolo de arrepentimiento para apaciguar a Dios (I Samuel 6:1-5). Históricamente, las primeras evidencias confirmadas de peste bubónica provienen de análisis de ADN en restos humanos de la Edad del Bronce (alrededor del 3000-1000 a.C.), lo que sugiere que la bacteria Y. pestis ya existía antes de los brotes documentados en la historia escrita.

«Y éstas son las ciudades que ofrecieron las hemorroides hechas de oro, que los filisteos tributaron al Señor para expiar el pecado: Azoto, Gaza, Ascalón, Get, Accarón, una cada ciudad» (I Samuel 6:17).

Si la enfermedad filistea fue otra infección, como disentería hemorrágica, no hay una fecha aproximada para su aparición, ya que las enfermedades gastrointestinales causadas por bacterias o protozoos han existido desde que los humanos formaron asentamientos urbanos, desde el Neolítico. En cualquier caso, el relato bíblico refleja el impacto de las epidemias en la antigüedad y su relación con condiciones sanitarias, presencia de roedores y percepción religiosa de las enfermedades.

El cazador de ratas. Jan van Vliet; artista; 1632; Países Bajos. 

El cazador de ratas. Jan van Vliet; artista; 1632; Países Bajos. 

La peste tras el censo de David. En II Samuel 24:15-25 y I Crónicas 21:14-30 se relata una plaga enviada por Dios como castigo tras el censo ordenado por el rey David, considerado un acto de desconfianza en la protección divina, ya que los censos en la tradición bíblica solían tener fines militares o económicos, reflejando una dependencia en el poder humano. Como consecuencia, a través del profeta Gad, Dios le dio a David tres opciones de castigo: tres años de hambre, tres meses de derrota ante sus enemigos o tres días de peste. David, confiando en la misericordia divina, eligió la peste, que en solo tres días causó la muerte de 70,000 personas en Israel. Reconociendo su culpa, David pidió que el castigo recayera sobre él y su familia en lugar del pueblo. Construyó un altar en la tierra que compró a Arauná el jebuseo y ofreció una serie de sacrificios y ofrendas de paz. Cuando el ángel del Señor estaba por destruir Jerusalén, Dios se compadeció y detuvo la peste.

El relato de la epidemia tras el censo de David (c. 980-970 a.C) puede interpretarse en términos de salud pública como un ejemplo de cómo las decisiones políticas pueden influir en crisis sanitarias. En el siglo X a.C., los censos implicaban movilidad y contacto masivo, factores que podrían haber facilitado la propagación de una enfermedad infecciosa de rápida transmisión, como peste o alguna fiebre hemorrágica. La muerte de decenas de miles de personas en tres días refleja el impacto devastador de una epidemia y la urgencia de respuestas efectivas. La construcción del altar y la realización de sacrificios pueden verse como una acción colectiva para detener la crisis, similar a las medidas sanitarias en brotes epidémicos. Además, la culpa de David enfatiza la responsabilidad del liderazgo en la protección de la salud pública, destacando la necesidad de decisiones prudentes para evitar catástrofes sanitarias.

Elie Delaunay. Peste à Rome 1869. huile sur toile. H. 131,5 ; L. 177,0 cm. Achat au Salon, 1869 © RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / René-Gabriel Ojéda

Elie Delaunay. Peste à Rome 1869. huile sur toile. H. 131,5 ; L. 177,0 cm. Achat au Salon, 1869 © RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / René-Gabriel Ojéda.

Serpientes venenosas en el desierto. Los pasajes que relatan el episodio de las serpientes venenosas en el desierto tienen varios elementos que podrían ser interpretados desde una perspectiva de la salud pública moderna. En estos versículos, mientras viajaba por el desierto, el pueblo de Israel fue atacado por serpientes venenosas como castigo por sus quejas contra Dios y Moisés. Al pedir perdón, Dios instruyó a Moisés para que hiciera una serpiente de bronce y la levantara en un asta, de manera que todo aquel que mirara a la serpiente sería sanado de la mordedura de las serpientes venenosas (Números 21:6-9). Esto es comparable con los diversos riesgos sanitarios que enfrentan las personas desplazadas o en condiciones de vulnerabilidad, donde el acceso a atención médica y las condiciones sanitarias son limitadas. Al seguir las instrucciones divinas, Moisés es el líder proporcionando solución a la crisis sanitaria que enfrentaba la comunidad. En la salud pública moderna, el liderazgo efectivo en momentos de crisis (como emergencias o desastres naturales) es crucial para gestionar la respuesta y proteger a la población. El pasaje también tiene un mensaje sobre el comportamiento responsable. La mordedura de serpiente fue en parte consecuencia de la actitud negativa y la falta de fe del pueblo. Esto podría ser interpretado como una lección sobre la importancia de la cooperación con las medidas de salud pública y la identificación de riesgos para la salud asociados con ciertos comportamientos, como el desdén por las advertencias. También se reflejan temas que siguen siendo relevantes en salud pública hoy: la importancia de la prevención, la intervención temprana, la educación pública y el liderazgo en tiempos de crisis.

Enfermedades en las maldiciones de la Ley. Yahveh también castigaba a su propio pueblo: las maldiciones que acompañan la desobediencia de Israel incluyen una variedad de enfermedades, agudas y crónicas, similares a las que afectaron a Egipto (Deuteronomio 28:15-46). Enfermedades de la piel, como úlceras e infecciones; ceguera y condiciones que causan pérdida de visión; parásitos intestinales y dolencias digestivas graves; enfermedades febriles, relacionadas con infecciones como malaria o tifus; trastornos mentales causados por el sufrimiento extremo, como desquiciamiento; enfermedades zoonóticas y, finalmente, desnutrición severa, resultado de la escasez de alimentos, que afectaría la salud física y mental. Estas enfermedades representan tanto problemas sanitarios como advertencias sobre las consecuencias de la indisciplina, que conlleva sufrimiento físico, espiritual y colectivo. Desde un punto de vista moderno, estas enfermedades reflejan muchas de las crisis sanitarias que podrían haber afectado a las antiguas sociedades, a menudo vinculadas a condiciones de vida precarias, malnutrición y la falta de acceso a cuidados médicos.

El castigo de Senaquerib, rey de Asiria, ocurrió en el año 701 a.C., cuando su ejército sitiaba Jerusalén. Según la Biblia (2 Reyes 19:35-37; 2 Crónicas 32:21; Isaías 37:36-38), el Ángel de Yahvé mató a cientos de miles de soldados asirios en una sola noche, lo que obligó a Senaquerib a retirarse a Nínive, donde fue asesinado años después.

«Aquella misma noche salió el Ángel de Yahvé e hirió en el campamento asirio a ciento ochenta y cinco mil hombres; a la hora de despertarse, por la mañana, no había más que cadáveres» (Isaías 37:36).

Algunos historiadores creen que una epidemia, posiblemente peste bubónica o disentería, pudo haber diezmado sus tropas. En su obra Historias (Libro II, 141) Heródoto menciona una plaga de ratones que afectó a los asirios, lo que podría relacionarse con enfermedades zoonóticas como peste o tularemia. El historiador judío del siglo I, Flavio Josefo, citando al babilonio Beroso en Contra Apionem (Libro I, 19), escribió: “Cuando Senaquerib, rey de los asirios y de los babilonios, emprendió una expedición contra Egipto y contra el reino de Judá con un gran ejército, el rey egipcio reunió también fuerzas considerables contra él, pero antes de que se librara la batalla, se apareció a Senaquerib un dios en sueños y le advirtió que no emprendiera la guerra contra Egipto, sino que regresara sin combate”.

La caída de Senaquerib, obra temprana de Peter Paul Rubens (1614).
La caída de Senaquerib, obra temprana de Peter Paul Rubens (1614).

 

La muerte de Herodes. En Hechos 12:23 se describe la muerte de Herodes I el Grande de una manera dramática y directa: “Al instante un ángel del Señor lo hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos”. Según este pasaje, Herodes fue castigado por no dar gloria a Dios cuando fue aclamado por la gente como un dios, lo que se consideró un acto de arrogancia. Este relato aparece también en otras fuentes históricas, como los escritos del historiador judío Flavio Josefo, quien describe que Herodes murió el año 4 a.C., después de sufrir una infección abdominal grave. En su obra Antigüedades Judías (Libro 17, Capítulo 6), Flavio Josefo describe una enfermedad que comenzó con dolores intensos en el abdomen y se agravó con fiebre alta y una hinchazón generalizada. Algunos estudiosos sugieren que podría haber sido una forma de peritonitis, una inflamación del revestimiento del abdomen, posiblemente causada por una infección bacteriana mixta. Otra posibilidad es que haya sido una forma de uremia (intoxicación por productos de desecho en la sangre debido a insuficiencia renal), que podría haber causado la inflamación y el dolor abdominal. El hecho de que la muerte de Herodes sea descrita como “comido de gusanos” sugiere un proceso de descomposición acelerada, que se podría asociar con una gangrena de Fournier o una esquistosomiasis (enfermedad parasitaria causada por gusanos del género Schistosoma). Esto habría provocado que su cuerpo se descompusiera rápidamente, explicaría la agonía y el intento de suicidio.

Discusión

A pesar de la interpretación religiosa de la enfermedad, la legislación mosaica contenida en el Antiguo Testamento muestra un interés pragmático por la salud pública. Las prácticas de higiene, como el lavado ritual de manos y la eliminación adecuada de desechos humanos (Deuteronomio 23), ayudaban a prevenir enfermedades. Se establecían normas de purificación y lavado después de enfermedades o contacto con cadáveres (Números 19:11-16), así como la cuarentena de enfermos para evitar contagios, especialmente en casos de lepra y flujos corporales (Levítico 13-14). También se regulaba el consumo de alimentos, prohibiendo carnes en mal estado o de ciertos animales propensos a transmitir enfermedades (Levítico 11, 17). Para evitar infecciones y contaminación, se ordenaba la eliminación de desechos lejos de los campamentos (Deuteronomio 23:12-14) y el cuidado del agua potable (Éxodo 15:22-25). Además, se imponían restricciones para prevenir enfermedades de transmisión sexual (Levítico 15, 18). Estas leyes, aunque tenían un propósito religioso, reflejan principios sanitarios avanzados que ayudaban a prevenir epidemias y mantener la salud de la comunidad.

Las leyes sanitarias del Antiguo Testamento tuvieron un impacto duradero en la organización de la salud pública en sociedades posteriores. Muchas normas bíblicas fueron incorporadas a las prácticas médicas medievales y premodernas, influyendo en la creación de sistemas de saneamiento y aislamiento de enfermos. Si bien la comprensión científica de las enfermedades ha avanzado enormemente, principios como el aislamiento de pacientes, el consumo seguro de alimentos y la higiene básica siguen siendo fundamentales en la salud pública actual. La intersección entre religión y medicina en la Biblia ilustra cómo las sociedades antiguas intentaron controlar las enfermedades con los conocimientos y creencias de su tiempo, sentando las bases de la salud pública moderna.

*José Alberto Díaz Quiñonez es presidente de la Sociedad Mexicana de Salud Pública A.C. (@saludpublicaac). Es Doctor en Ciencias Biomédicas por la UNAM, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, el Sistema Nacional de Investigadores y la Academia Nacional de Medicina de México.

 

Referencias:

Sagradas Escrituras. Nueva Biblia de Jerusalén (1998) – referencias, notas e introducciones a los libros. Accedido 10 de febrero de 2025.

Este texto forma parte de una serie sobre epidemias y pandemias: