blogeditor · 17 de marzo de 2016
Por: Mariano Ruiz Funes Molina (@marianorfm)
El proceso electoral en Estados Unidos continúa, al día de hoy se han realizado elecciones primarias o caucus en aproximadamente 29 estados. Una de las maneras de explicar el éxito o fracaso de un candidato es analizando la forma en la que sus equipos de campaña utilizaron las diferentes herramientas de comunicación a su disposición. Durante el proceso de selección interno de 2016, tres herramientas han destacado por su importancia pero sobre todo, por el efecto que han tenido al interactuar entre ellas mismas: encuestas, debates y programas de infotainment.
Históricamente, las encuestas han sido un insumo importante tanto para los votantes como para los estrategas de campaña; tan sólo para el proceso de selección interno de 2016 se han levantado alrededor de 150 encuestas a nivel nacional[i]. Para los electores las encuestas son una herramienta que les permite conocer la posición que ocupa su candidato en la contienda, o bien, son un atajo de información para que los ciudadanos decidan acerca de la utilidad de su voto. Por su parte, los equipos de campaña utilizan los estudios demoscópicos para orientar las acciones, mensajes y propuestas de los candidatos. Además, en las primarias norteamericanas, las encuestas son un elemento fundamental para la permanencia de un candidato en el proceso. Por ejemplo: Jeb Bush obtuvo resultados adversos en las primeras tres elecciones primarias y las encuestas en estados posteriores no mostraban signos que sugirieran una posible mejoría por lo que el candidato decidió “suspender su campaña”.
En Estados Unidos, los debates representan el momento más importante de una campaña por lo que acaparan un gran número de televidentes. De acuerdo con un estudio realizado por Pew Research Center[ii], 69 por ciento de los encuestados aseguró haber visto alguno de los debates del proceso electoral 2016. En un debate, los electores pueden conocer directamente las propuestas y observar a los candidatos sin el cobijo de su equipo; por tanto, son una herramienta relevante para reafirmar o modificar las percepciones que los votantes tienen acerca de los candidatos. El estudio antes mencionado encontró que 65 por ciento de las personas que vieron alguno de los debates considera que fueron de ayuda para conocer más a los candidatos.
Por su parte, para los candidatos, los debates son un arma de doble filo pues son una oportunidad pero también un riesgo. Este tipo de encuentros representan una posibilidad única para exponer las inconsistencias y/o evidenciar las debilidades de sus oponentes y, al mismo tiempo, destacar las fortalezas del candidato frente a millones de espectadores (figura 1). Un buen desempeño en un debate puede generar un impulso positivo o momentum en la campaña, e inclusive ser el factor decisivo para ganar una elección.
Los debates también representan un riesgo para los candidatos debido a que tener un mal desempeño en ellos puede traer consecuencias negativas en las aspiraciones de los candidatos. En la medida en la que alguno de los participantes demuestre poco conocimiento de los temas, responda de manera inadecuada a las preguntas de los moderadores, no pueda defenderse de los ataques de sus contrincantes o muestre signos de nerviosismo, los electores percibirán que el candidato no es apto para ocupar el cargo por lo que existe la posibilidad de que modifiquen sus preferencias. Por ejemplo, Donald Trump decidió no participar en el próximo debate programado del Partido Republicano[iii] debido a que, al ser el puntero de la contienda, asistir al debate sólo les daría la oportunidad a sus rivales de atacarlo y recortar distancias. Además, desviaría la discusión de los medios de comunicación al desempeño de los candidatos en el debate en lugar de concentrarse en los triunfos electorales que Trump ha obtenido hasta el momento.
[contextly_sidebar id=”Hf9vsUoMlBJ8eBzvNbTgVqRPYNw2XkhI”]Una de las diferencias más grandes entre el sistema electoral mexicano y el sistema norteamericano es que mientras el segundo permite a los medios de comunicación decidir discrecionalmente el tiempo de cobertura, positiva o negativa, que dedican a algún candidato en específico, en México el tiempo de cobertura está limitado por la autoridad electoral en aras de mantener un reparto equitativo de exposición en los medios de comunicación.
Entre los programas de radio y televisión que abordan temas políticos, los programas que mezclan información con entretenimiento, conocidos como infotainment, han adquirido mayor relevancia en las campañas debido a que difunden temas políticamente relevantes entre audiencias que, tradicionalmente, no dan seguimiento al proceso electoral.
Generalmente, los programas de infotainment retoman el contenido de los eventos de campaña o declaraciones de los aspirantes y lo presentan a sus audiencias de manera cómica y sencilla. En otras ocasiones, los propios candidatos asisten a los programas para dar a conocer sus propuestas a través de bailes, bromas e imitaciones[iv]. Así, este tipo de programas acercan a los candidatos a públicos nuevos, convirtiendo las campañas en algo divertido y comprensible para todos los ciudadanos.
Si bien las tres herramientas de comunicación tienen importancia por sí mismas, el proceso de selección interna de los candidatos en Estados Unidos ha dado lugar a una interacción entre las herramientas que ha potenciado sus efectos. En primera instancia, debido al número de contendientes, los organizadores de los debates definieron umbrales mínimos de respaldo que debe tener un candidato en las encuestas para poder participar en los debates. De esta manera, las cadenas televisivas segmentaron a los aspirantes en dos grupos: los debates “estelares” y los debates secundarios. La magnitud y el efecto de la interacción entre las encuestas y los debates ha sido tal que la totalidad de los candidatos republicanos que participaron en alguna ocasión en un debate secundario ya abandonaron la contienda (figura 2).
Como se explicó anteriormente, el desempeño de los candidatos que, de acuerdo a su posición en las encuestas, participaron en alguno de los debates tendrá un efecto positivo o negativo que se verá reflejado en las encuestas. Además, los aspectos más relevantes del debate serán retomados por los programas de infotainment que magnificarán el efecto de los aciertos y, especialmente, de los errores de los candidatos, por lo que reforzarán o modificarán las percepciones de los electores, sobre todos de aquellos que no tuvieron interés en seguir el debate. Las nuevas preferencias de los electores serán captadas por las encuestas posteriores al debate que, a su vez, definirán a los participantes de los siguientes debates en la agenda.
En suma, las encuestas, los debates y los programas de infotainment refuerzan o modifican las percepciones que el electorado tiene de los candidatos. La interacción de estas herramientas de comunicación potencia el impacto individual que tiene cada una magnificando los aciertos y los errores de los candidatos. La relación y los efectos de las variables ayudan a explicar una parte del éxito que ha tenido Donald Trump en el proceso de nominación del Partido Republicano.
A través de diferentes acciones y herramientas de comunicación, los partidos políticos en Estados Unidos han logrado que el tiempo que dedican los electores a reflexionar sobre los candidatos haya aumentado en comparación con elecciones anteriores. En el proceso electoral de 2016, 74 por ciento de los ciudadanos[v] aseguraron haber dedicado “mucho” o “algo” de su tiempo a pensar acerca de los candidatos.
En contraste, en México ha surgido un debate en torno al alejamiento de los ciudadanos de la política. La mayoría de los análisis señalan a los partidos políticos como los únicos causantes del fenómeno. Si bien es innegable que los institutos políticos, así como los actores que los integran, tienen un alto grado de responsabilidad en la pérdida de interés de los ciudadanos, es una visión simplista no considerar otros factores como posibles causas.
Otra de las causas del distanciamiento entre votantes y políticos es la sobrerregulación del sistema electoral el cual reduce el efecto de las herramientas de comunicación debido a que, entre otras, limita la publicación de encuestas[vi], define las reglas de los debates de tal manera que elimina la confrontación de ideas de los candidatos y prohíbe la discusión y aparición de los candidatos en medios de comunicación imposibilitando a los actores políticos alcanzar a aquellas audiencias que no están interesadas en el proceso electoral. Es conveniente analizar qué cambios requiere el modelo de comunicación política con el objetivo de incentivar la participación e interés de los mexicanos en la política.
* Mariano Ruiz Funes Molina es Politólogo del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Consultor en SPIN, Taller de Comunicación Política®. Email: [email protected]
[i] Conteo actualizado al 16 de marzo de 2016.
[ii] Debates Help Fuel Strong Interest in 2016 Campaign (Disponible aquí).
[iii] Como respuesta a la cancelación de Donald Trump, John Kasich anunció que no participaría en el debate que se iba a realizar el 21 de marzo en Salt Lake City por lo que el debate se canceló.
[iv] Un ejemplo del contenido de los programas de infotainment puede ser visto aquí o aquí.
[v] Debates Help Fuel Strong Interest in 2016 Campaign.
[vi] Para mayor información al respecto se sugiere consultar: Estrada, Luis. 2013. “Regulación de encuestas pre-electorales y de salida comparada”, en Ugalde, Luis Carlos y Gustavo Rivera Loret de Mola, Coordinadores, Fortalezas y Debilidades del Sistema Electoral mexicano (2000-2012): Ideas para una nueva reforma electoral. La perspectiva estatal e internacional. Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación e Integralia. PP. 360-394.