En vivo, y a todo color

blogeditor · 3 de mayo de 2012

En vivo, y a todo color

En 1960 tuvieron lugar los primeros debates presidenciales televisados en los Estados Unidos. El senador demócrata John Fitzgerald Kennedy compartió escenario y midió propuestas con el vicepresidente republicano Richard Milhous Nixon.

Aquí el video del debate de Kennedy-Nixon.

Fueron cuatro los programas, pero el marcado contraste entre los dos candidatos durante su primera presentación: Nixon lucía cansado y sin rasurar, y se recuperaba de una lesión en la rodilla, frente al vigoroso semblante de su rival marcó la diferencia. Se calcula que setenta millones de personas fueron testigos de la primera tentativa de presentar a los aspirantes a la presidencia mediante esta modalidad.

La historia de los debates en la UniónAmericana es larga, y alcanza su punto más alto con los que se programaron más de un siglo antes de que la TV transmitiera en blanco y negro: por primera vez, a los aspirantes presidenciales al iniciar la década de los sesenta.

Stephen Arnold Douglas era senador demócrata por Illinois, y en 1858 accedió a que se celebraran siete encuentros públicos con el republicano Abraham Lincoln, en una época en donde las batallas entre federalismo y derechos estatales, la esclavitud y el peligro de una guerra civil que estallaría tres años después (ya con Lincoln como presidente), eran cuestiones urgentes que requerían ser dirimidas ante una opinión pública cada vez más informada. Recorrieron Lincoln y Douglas los siete condados. Miles de personas tuvieron oportunidad de escucharlos, y millones pudieron leer notas en periódicos y panfletos: analizando ideas contrapuestas, que sentaron un precedente difícil de igualar. Lincoln perdió esa elección, pero se proyectó nacionalmente gracias a la cobertura de medios impresos a esos debates. Hoy son parte integral de la cultura cívica norteamericana. Aquí, una transcripción de cada uno de ellos.

Abraham Lincoln, republicano. Perdió la elección para el Senado por Illinois en 1858, pero prevaleció en la presidencial de 1860

Stephen A. Douglas, demócrata y también rival de Lincoln parala Presidencia, dos años después

Los debates Lincoln-Douglas, en la filatelia y cultura popular de EU.

Los debates continuos: durante las elecciones internas entre los dos partidos se han vuelto costumbre en la democracia norteamericana. Constituyen una oportunidad inmejorable para que las y los electores conozcan a quienes aspiran gobernarl@s. Los formatos son abiertos, con participación de medios convencionales y más recientemente de ciudadanos y redes virtuales. Los disparates, tropiezos o aciertos de sus participantes pueden modificar las percepciones y el curso de campañas que en la actualidad cuestan demasiado, y no están diseñadas para el exabrupto o la revelación espontánea. Son quizá la única ventana para señalar las virtudes o defectos de políticos que en otras circunstancias seguirían siendo un producto promovido –detergente o inmundicia empaquetada- con presupuestos descomunales, gracias a que la Suprema Corte permitió que las corporaciones pudiesen gastar a su arbitrio en campañas electorales.

México llegó tarde a la costumbre de televisar debates. Tuvo que empezar a cuartearse la Presidencia Imperial para que en 1994 el candidato emergente del PRI Ernesto Zedillo alternara con Cuauhtémoc Cárdenas y Diego Fernández de Cevallos en un intento primerizo que ganó el panista, (quien, dicho sea de paso, bajó misteriosamente la intensidad de su campaña después de haber barrido con sus adversarios).

Desde entonces se han celebrado estos ejercicios democráticos cada sexenio, pero con múltiples asegunes y churriguerescas condiciones. Aún así puede afirmarse que la participación de los contendientes en 2000 y 2006 modificó desenlaces previstos. Eso quizás explique la renuencia de los que encabezan las preferencias para exponerse demasiado, y el formato estilo Kabuki que se ha impuesto en los dos debates convocados por el IFE para la elección de 2012.

Es impostergable la consolidación una masa crítica ciudadana que exija que los debates abiertos se vuelvan parte del calendario electoral. Otros países también ensayan esta modalidad, con buenos resultados.

Al poder debe cuestionársele sin cortapisas y la obligación de las y los candidatos es convencer con argumentos, más allá de eslóganes o fórmulas huecas y facilonas.

Ricardo Salinas Pliego (uno de los principales beneficiarios de las privatizaciones emprendidas durante el sexenio de Carlos Salinas, quien junto con Emilio Azcárrraga: zar de Televisa, es el verdadero responsable de la educación nacional), desafía al IFE y decide transmitir un partido de liguilla en lugar del primer debate presidencial. Desde su cuenta en Twitter, truena en contra del ‘grupito de autoritarios’ (sic) que se atreven a cuestionar su decisión, y la del alfeñique llamado Federación Mexicana de Futbol. Su hija Ninfa –parte de la telebancada enla Cámarade Diputados- es candidata al Senado por el PVEM. Algunos la colocan como titular de Semarnat en caso de que Peña Nieto obtenga la Presidencia.

Muy distinta es la actual saga familiar del magnate de los medios Rupert Murdoch, ‘no apto’ para dirigir su consorcio (que incluye, en los Estados Unidos, Estudios Fox y la tendenciosa estación por cable Fox News) . OFCOM, el órgano regulador autónomo http://bit.ly/6cxjG podría incluso suspenderle la concesión otorgada por el gobierno. Su hijo James ha tenido que soportar investigaciones judiciales y preguntas incómodas del Parlamento. El escrutinio -así sea tardío- a los poderosos que debería ser la norma en este país, es un mecanismo de defensa institucional que se accionó en Gran Bretaña a partir de señalamientos muy graves.

James y Rupert Murdoch, sudando la gota gorda en el Parlamento Británico

A la familia Murdoch, intocable en otros tiempos, se le acusa de haber permitido la intervención masiva de celulares en cientos de casos que incluyen a miembros de la familia real. The Guardian, ejemplo de periodismo independiente, acreditó pagos a policías, intercambio de favores en las más altas esferas del gobierno y la incorporación de mandos de Scotland Yard en la nómina del News of the World. La gota que derramó el vaso fue el descubrimiento de alteración de mensajes del celular de Milly Dowler, una adolescente de 13 años secuestrada cuyo cuerpo fue hallado por la policía en 2002 . Para su familia, estos cambios eran evidencia de que aún se encontraba viva. Todo el montaje, urdido por reporteros del tabloide de Murdoch para incrementar las ventas del periódico.

Milly Dowler

Era demasiado, aún para uno de los hombres más poderosos del mundo. La comisión legislativa encargada de investigar el caso, acaba de publicar su reporte oficial.

Aquí Salinas Pliego pontifica, como lo hizo después del asesinato de Paco Stanley. ¿Aspirará a ser algún día, el Berlusconi mexicano?

El vástago de Murdoch está siendo investigado, intensivamente y sin concesiones. Mientras tanto, aquí la hija de Salinas Pliego se prepara para seguir siendo juez y parte: ocupar una curul de la telebancada en el Senado.

Al poder se le debe confrontar con la verdad descarnada, y la risa. Cuando el periodismo convencional renuncia al cumplimiento de esa función, los cómicos y bufones tienen que suplirlo.

La asociación de corresponsales de la Casa Blanca celebra su cena formal, en compañía de los grandes tomadores de decisiones en Washington, desde los años veinte. Lo que empezó siendo cónclave cerrado, evoluciona con el tiempo y se ha vuelto tradición. A partir de los años ochenta, participan también cómicos y animadores que a veces revelan que el Emperador va desnudo. Los presidentes en funciones son invitados asiduos.

El periodismo que privilegiaba la confrontación con el poder político y económico pierde autoridad y peso específico, en la medida en que se ha incorporado a las grandes empresas de medios. Por ese motivo, la cena –a ratos, hierática, con dosis de humor ‘permitido’- recibe cobertura preferente en las secciones de espectáculos.

Pero hay casos aislados, donde se cuela la razón y la realidad a la fantasía amurallada. Los lugares comunes y las pantomimas del poder, se desmoronan. Lo que hizo Stephen Colbert: a unos cuantos metros de George Walker Bush en 2006, no tiene precedente.

Colbert: creatura de la sátira política  inspirado precisamente en los reaccionarios opinadores de Fox News como Bill O’Reilly o Sean Hannity, exhibió la bancarrota moral que predicaba la  política de Bush, y la complicidad de la prensa cortesana en cada uno de sus abusos. Gremio de millonarios con derecho de picaporte y jugosísimos contratos, que fungió –con raras excepciones- como estenógrafo y porrista del republicano y su gabinete durante las invasiones a Iraq y Afganistán (costumbre que se ha mantenido, durante el mandato de Obama), y que desacreditó por ‘irrespetuosas’ las certeras puyas de Colbert. Puede verse la reacción de Bush durante el show, para constatar qué tanto calaron sus palabras.

Lo que se necesita en México es continuar cultivando el escepticismo y la duda. Resistirse al desánimo, y a las múltiples tentativas de Restauración autoritaria. Que se multipliquen los debates, y se privilegie el interés público. Limitar los excesos de nuestros aprendices de Murdoch será complicado, pero somos cada vez más y mejor organizad@s. Que cunda el espíritu de Stephen Colbert, y el de su precursor mexicano: el legendario Jesús Martínez Palillo. Mucho más allá del choteo, o el despotrique de sobremesa: en vivo, y a todo color.