blogeditor · 16 de abril de 2013
Creo que no hay necesidad de recordarles que durante este mes de abril, más de uno tendremos que caerle con nuestros centavitos a Lolita. Sin embargo, por desgracia aún somos muy pocos los mexicanos y las mexicanas que cumplimos con la obligación de pagar nuestros impuestos. Habrá quienes dicen que aunque estén en la informalidad como muchos mexicanos, cuando van a comprar algo a la tienda (formal) pagan un impuesto, llamado IVA, y no encuentran mucha razón por la cual tienen que pagar más.
Sabemos también que México es el país miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que menos recauda en impuestos y eso se debe a muchas cosas, entre ellas, que los políticos prefieren evitar tener el mal gusto y el pésimo detalle de cobrárselos a los ciudadanos, sobre todo a nivel local. Todo ello, porque las elecciones están a la vuelta de la esquina y quieren su voto.
Por ejemplo, hoy sabemos que del total de los recursos que disponen los gobiernos estatales y municipales para gastar, solamente alrededor del 15% viene de impuestos que cobran ellos, el resto es transferido por papá federación. Esto hace que sean sumamente dependientes de lo que les mande el Gobierno Federal y hace que no quieran molestarse en cobrar impuestos, ¿cómo para qué?
Otra de las razones es porque muchas de las autoridades locales carecen de las capacidades técnicas para recaudar impuestos, como por ejemplo el predial, que es un impuesto a la propiedad. Ello, principalmente porque se requiere tener los registros de la propiedad al día en los que se tenga claro el tamaño de los terrenos, las características de los inmuebles, los servicios públicos con los que cuenta la zona y por tanto, se pueda determinar de a cuánto tiene que caerle el propietario cada bimestre.
En este sentido, se me ocurre que si los gobiernos municipales tienen ese enorme reto de poder financiar y operar un registro catastral eficiente y actualizado y por lo tanto, cobrar el impuesto predial, entonces que armen un convenio de colaboración con los gobiernos estatales para que sean éstos quienes inviertan en modernizar y actualizar dichos registros catastrales y por tanto, cobren de manera más eficiente el impuesto predial. Un ejemplo puede ser el Distrito Federal, cuyo gobierno centraliza el registro catastral de las propiedades y cobra el impuesto predial (independientemente de que en el Distrito Federal no haya municipios).
Otra de las razones por la que los ciudadanos se rehúsan a pagar impuestos, es que dudan que su dinero vaya a ser bien utilizados por los burócratas y políticos e inclusive llegue a parar a la cuenta de banco de más de uno. Dirán los ciudadanos y las ciudadanas “¿para qué carajos pago mis impuestos si se los van a conejear?” Sin duda, esos ciudadanos y ciudadanas son el clásico ejemplo de que la burra no era arisca, sino que la hicieron, y la larga tradición de corruptelas cometidas por nuestra clase política y nuestra burocracia no nos deja contradecirlos y contradecirlas.
Sin embargo, en días pasados, me encuentro con la buena noticia que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, papá de Lolita, ha tenido el tino de darle respuesta a la incredulidad de los ciudadanos, y ciudadanas, quienes temen (aunque sólo Judas temió) de que sus impuestos sirvan, más que para resolver algún problema prioritario para el país, para financiar las cirugías de alguna lideresa sindical, el financiamiento de una vida que ya quisiera París Hilton, o la compra de chucherías costosas compradas en tiendas como Luis Güitrón o en la Kermés. En voz del coordinador de asesores del Subsecretario de Egresos de Hacienda, Arturo Acevedo, la dependencia anunció que a cada ciudadano y ciudadana que tenga el buen detalle de cumplir con su obligación de pagar impuestos, se le informará en qué se gastarán, ya que se les enviará la versión electrónica del Presupuesto Ciudadano 2013. Esto es muy importante, porque nos permitirá conocer en qué y cómo es que se usarán nuestros impuestos, y cómo esto contribuirá a cambiar en alguna medida la realidad del país. Es un pequeño paso para Hacienda, pero un gran paso para nuestro país.
Por lo pronto, a nosotros y nosotras, nos toca cumplir.