blogeditor · 16 de diciembre de 2015
Llegué temprano a mi casa, bajé a preguntarle a dos de mis vecinas, la de la tienda de abarrotes y la de la tienda de marcos, si no habían multado a nadie por el nuevo reglamento de tránsito. A nadie. La noticia me puso un tanto triste, en mi calle hay una ciclovía no confinada que es constantemente invadida por los automovilistas y el nuevo reglamento contempla multas por varios miles de pesos a los conductores a los que la ciclovía se les borra de la vista como por arte de magia.
[contextly_sidebar id=”0U9GeD1udv4S73MZzw5SlE1pa4AYOKua”]La entrada en vigor del nuevo reglamento de tránsito es una buena noticia para peatones y ciclistas. Es la traducción de la ley de movilidad que modifica la pirámide de prioridades en las calles: en primer lugar el peatón, en segundo lugar el ciclista, en tercer lugar el transporte público y por último el automóvil. La secuencia tiene lógica, las calles en las ciudades son un natural igualador social en lo público, de ahí que el hecho de que los automovilistas gozaran de todos los privilegios, hizo creer que las calles eran suyas.
Aunque parece una obviedad, cuando se habla de movilidad urbana, se están hablando de personas. Más movilidad no quiere decir que haya más coches o carriles sino que más personas se puedan mover dentro de la masa urbana de la mejor manera (eficiente si se puede) posible. El Estado debe usar todas las herramientas posibles para garantizar el derecho al tránsito. El nuevo reglamento va en este sentido. Las que parecen ir en sentido contrario son algunas de las opiniones en contra del nuevo ordenamiento; están empeñados en señalar que somos ciclistas y peatones el estorbo y que se pagará más en mordidas que en multas –como normalizando que son ellos quienes están más dispuestos a dar una mordida que a cumplir una sanción.
Aunque el reglamento es un avance, el gobierno de Miguel Mancera ha demostrado que es capaz de impulsar políticas contradictorias sin pudor alguno. Más ecobicis pero deprimido en Mixcoac, Fondo para ciclistas pero Shopultepec, supuesta rehabilitación del metro pero el desastre de Oasis en Coyoacán. La esquizofrenia de las políticas del GDF aunada con su gusto por el lucro privado de bienes públicos, no es una buena noticia. En mi calle hoy no multaron a nadie, si los automovilistas fueran suficientemente conscientes de que las calles NO les pertenecen, no tendrían que multar a nadie.