blogeditor · 3 de agosto de 2021
“Debemos tomar partido. La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima.
El silencio ayuda a quien atormenta, nunca al atormentado”.
Elie Wiesel
Todo indica que México decidió perder de nuevo una oportunidad. Pasó la consulta y parece ser que será una anécdota más y no una oportunidad para iniciar procesos profundos de verdad, justicia y paz. El desmoronamiento es más amplio. En días recientes fueron asesinados dos familiares que buscaban a personas desaparecidas. Estos no son casos aislados, se trata de un fenómeno antiguo.
Por un lado, el Estado ausente no asume su responsabilidad básica de garantizar la paz, la seguridad, la verdad, la justicia y la búsqueda de personas desaparecidas. A esto se suma la colusión de distintas partes del Estado con grupos criminales para la negociación y gestión de territorios, mercados ilícitos y uso de la fuerza.
En Tamaulipas algunos familiares de personas desaparecidas decidieron, ante la negativa del Estado de ser Estado, pedir una tregua a criminales para realizar trabajos de búsqueda.
La ciudadanía gestionando con grupos criminales. Esto me recordó de inmediato las palabras de Javier Sicilia durante los diálogos con el presidente Felipe Calderón en 2011. Ante la negativa del ejecutivo de entonces de asumir su responsabilidad, Sicilia le preguntó que si ante ese escenario lo que procedía era negociar directamente con el crimen organizado.
Diez años después, quince del inicio de la brutal espiral de violencia, las condiciones parecen seguir igual y el horror más profundo. Es el crimen organizado quien informa a colectivos de víctimas sobre fosas clandestinas y zonas de exterminio como ocurrió con Colinas de Santa Fe en Veracruz y La Bartolina en Tamaulipas. A pesar de que el Estado tenía conocimiento de estos sitios, tuvo que ser el crimen quien notificó a familiares de personas desaparecidas.
Ante esta ausencia y colusión del Estado, sin importar quién gobierne, parece no haber más que una alternativa: articularse desde abajo. Trazar una agenda de mínimos para buscar la verdad, la justicia y la paz a pesar del Estado. Sin esto no habrá nunca transformación posible de la vida pública.
Obligar a la clase política a asumir sus responsabilidades básicas solo será posible con una movilización potente. Quedan varios interrogantes. ¿Quiénes puede convocar y articular? El EZLN y algunos colectivos de víctimas han levantado la mano. Es momento de escucharlos y sumarse, de lo contrario seguiremos hundiéndonos, más y más, en el horror.
Podemos seguir actuando como si todo esto no ocurriera, simular acciones de cambio, seguir en el análisis sofisticado, mantener una cómplice neutralidad política o asumir la responsabilidad histórica de estos momentos de gran oscuridad. Cada quien con su conciencia ante el desamparo.