En el 2024 no prolonguemos más nuestra ingenuidad

Redacción Animal Político · 10 de abril de 2023

En el 2024 no prolonguemos más nuestra ingenuidad

He participado en la elaboración de propuestas a favor de la seguridad, la justicia y la paz en cinco transiciones presidenciales. En el 2024 se cumplirán 30 años de la reforma constitucional que creó el Sistema Nacional de Seguridad Pública, órgano de Estado que debía construir acuerdos políticos que dieran paso a una política precisamente de Estado en la materia. Acaso la más contundente evidencia de que eso no sucedió es que esas tres décadas han visto pasar instituciones policiales federales civiles fracasadas una tras otra, hasta llegar a la entrega de la función a las Fuerzas Armadas. La militarización de la seguridad pública representa en sí misma la capitulación de cinco presidentes de las tres fuerzas políticas formales más representativas, cada uno de los cuales no pudo, no supo o no quiso, en su calidad de jefe de Estado, liderar la profesionalización del sector.

Mi aprendizaje más importante, luego de cinco elecciones presidenciales, es que las propuestas y las promesas en las campañas, al menos en estos temas, no importan o importan muy poco en el ejercicio de gobierno. Elección tras elección nos han ido quitando la esperanza, sintetizó una mujer indígena en un taller.

De cara al 2024, es urgente comenzar por reconocer que la sociedad civil organizada, la academia y el periodismo han sido una y mil veces utilizados para construir auditorios favorables. Las investigaciones que se han pedido en campañas y luego de ellas, en los periodos de transición, se cuentan por centenas. Las propuestas tal vez por miles, al igual que los compromisos y las promesas. Y lo segundo que debe tenerse claro es que este fenómeno es transversal a los colores políticos. Es cierto, lo puedo afirmar por experiencia propia, siempre hay liderazgos que buscan el cambio, pero salvo excepciones contadas y generalmente efímeras, esos liderazgos auténticamente reformistas, en especial los que no tienen compromisos a favor de la impunidad, tarde o temprano pierden impulso y son aplastados por las inercias.

Veo dos opciones: repetir en el 2024 la construcción de propuestas, previsiblemente muchas más dada la irrupción creciente de personas especializadas en la interpretación de las violencias, la delincuencia y la impunidad, asumiendo que la experiencia enseña que las recomendaciones pueden valer en las campañas y luego tirarse a la basura en el ejercicio de gobierno; o bien, podemos rompernos la cabeza para al menos tratar de construir una aproximación distinta.

¿Qué quiere decir distinta? No tengo conclusión alguna, pero sí puedo aportar algunas ideas para la discusión. La primera idea es reconocer un enfoque estratégico distinto, validando colectivamente la certeza de que la inversión para hacer propuestas puede significar hasta cierto punto una pérdida de tiempo. Desde luego no se trata de hacer a un lado las recomendaciones que están fundadas en conocimientos sólidos, se trata de dejar atrás la expectativa de que las buenas ideas son o serán suficientes algún día.

La segunda idea que propongo es asumir que la fragmentación social es igual al debilitamiento social; muchas propuestas similares o convergentes en el fondo, pero elaboradas desde lugares desarticulados equivale al debilitamiento de todas ellas (le he llamado síndrome del archipiélago: entidades con “misma base”, pero con estrategias de incidencia fraccionadas).

Y la tercera idea que propongo es un experimento: si cuesta tanto crear coaliciones auténticamente nacionales entre personas y grupos independientes que coinciden en algunas propuestas, pero en otras no, tal vez la diferencia podría ser encontrar una sola convergencia estratégica que sea convincente para muchas personas, más allá de sus discrepancias específicas. En mi experiencia, el concepto que puede funcionar para sostener el acuerdo pudiera ser la rendición de cuentas, a su vez llevada a mecanismos concretos ideados no para ser palomeados en las campañas -nadie dice no a la rendición de cuentas- sino para ser implementados en el ejercicio de gobierno federal, gane quien gane.

El nombre del juego ya no es construir propuestas y esperar que se cumplan las promesas, sino crear nuevos mecanismos de rendición de cuentas e imponer presión masiva focalizada para su implementación. El diseño de esas herramientas concretas es el verdadero reto ya que, sin ellas, como bien me lo dicen cotidianamente, nada frenará nuestra crisis humanitaria.

Ya aprendimos, en el 2024 no prolonguemos más nuestra ingenuidad.

@ErnestoLPV