En Carnaval, sino, no.

geraldinag · 4 de julio de 2011

En Carnaval, sino, no.

Mi primer Carnaval en Alemania fue algo verdaderamente traumático.

No tenía yo idea de que acá también lo festejaban, mucho menos sabía yo en ¡qué forma!

En mi curso de alemán me avisaron que tendríamos libre los días de Carnaval, y a mi se me hizo muy fácil pensar que podría aprovechar el día – soleado- para ir alguna terraza en el centro, cerca del río, a leer.

Tomé el metro y me sorprendí bastante al ver a hombres y mujeres sesentones vestidos de bufones, piratas, muñecas, vikingas y otras ridiculeces, pensé que quizá me había topado con algunos abuelitos a los que les gustaba disfrazarse. Derrepente nos anuncian que el tren no pararía en la estación del centro, y que si queríamos ir allá, tendríamos que bajar dos estaciones antes.  Cuando salí de la estación, esperando la tranquilidad cotidiana y regulada de las calles alemanas, me llevé la gran sorpresa, Düsseldorf se había convertido en un zoológico. Eran cerca de las 12 del día y gran parte de la gente estaba ebria; los que no, paseaban disfrazados con carreolas que atropellaban a los demás peatones, llovían dulces que me golpeaban la cabeza y no lograba identificar de dónde venían; gritos, música, pitos, trompetas, confetti, abrumador. El aire rancio entre cerveza y comida, sudor y vómito. Había adolescentes – y algunos adultos- tirados en la calle de borrachos, vidrio de botellas rotas por todas partes, y policías cada dos pasos.

Carnaval en Düsseldorf

 

Intenté cruzar la avenida para llegar al centro, seguía pensando que podía ir a un café a leer, ilusa. Los carros alegóricos comenzaban el paseo, el cruce estaría cerrado por una hora, o más. La gente parecía haberse transformado, el paseo del Königsalle que se compara con la 5th Ave. y que normalmente es visitado por la gente “chic” de la ciudad, era ahora un circo. Esas señoras que hace días paseaban vestidas de Chanel con bolsas Louis Vouitton, ahora venían vestidas de Raggedy Ann y  sus maridos, dejaron los zapatos Gucci y los blazers de Zegna, para portar –con orgullo- pelucas y narices rojas. Me regresé a la casa.

Esa anécdota es hoy el chiste familiar “¿se acuerdan cuando Geraldina quiso ir a leer al centro en Carnaval?” y causa gracia si uno sabe de qué se tratan esos días de desquicie generalizado en este país. Desde entonces, los días de Carnaval no salgo de mi casa. No me gusta, porque parece que se trata de 5 días de fiesta obligatoria, es un deber divertirse los días de Carnaval. Para mi la fiesta debe ser algo espontáneo y no una cita agendada con un año de anticipación. Como mexicana me parece algo limitante esta idea, en Carnaval suena mucho la canción “Fiesta, fiesta mexicana”…

La anécdota viene a cuento por dos noticias recientes, pues al parecer en Alemania el ruido y el desmán están permitidos, excepcionalmente, en los días de Carnaval y toda risa o intento por “echar desmadre” fuera de esos días es visto como antisocial o contaminante y debe ser evitado.

Una nota, que ya tiene más de un mes, es la que se refiere al “ruido de niños” o Kinderlärm: según las leyes de emisiones, tanto la Federal, como las existen en cada estado de la República (Immissionsschutzgesetze) que regulan entre otras cuestiones el ruido contaminante; el ruido que impide el descanso está prohibído durante la noche y los días de guardar (ver mi post sobre ello)  así es que si mi vecino decide hacer una fiesta y siguen gritando después de las 22 horas, puedo llamar a la policía y callarlos. Eso lo agradezco, sinceramente. Aprecio el silencio.

Existe también una regulación para el ruido contaminante, por ejemplo el que proviene de máquinas de construcción, estaciones de ferrocarriles o aeropuertos y el que proviene de los kinders y guarderías. Así como se lee, de acuerdo con estas leyes de ruido, los gritos –¡naturales!- de los niños hasta hace apenas unas semanas, eran entendidos como ruido contaminante (schädliche Umweltbeeinträchtigungen), así como podía demandar por los ruidos de esa horrenda máquina que rompe el pavimento; hasta hace un par de meses, también podía demandar al Gymboree vecino por el ruido de los bebés y niños.

Esto además de sonar ridículo y digno de un mundo huxleyano, tenía el efecto de dejar sin plazas en kinders y guarderías a los niños y niñas. Mi sobrina N. tendrá que pasar un año más en casa y mi cuñada no podrá regresar a trabajar, pues a pesar de haber acudido a tiempo a inscribirla a la KiTa (guardería por sus siglas en alemán) no hay lugar debido a que la Ley Federal de Ruido y las disposiciones del Derecho de Construcción, no permitían construir guarderías y kinders en zonas residenciales por el ruido de los niños. En pocas palabras era equiparable construir en una zona residencial una guardería con un aeropuerto o un deshuesadero.

La buena noticia es que a finales de mayo el Bundestag aprobó una reforma a la Ley Federal de Emisiones que impedirá las denuncias y demandas por el “ruido de niños” y con ello, se permitirá la construcción de guarderías y kinders, lo que tendría como efecto que las mamás y los papás que cuidan a sus niñ@s, podrán regresar a trabajar, pues ell@s podrán pasar el día en la KiTa. Muchos beneficios, además de la necesaria apertura a los niños que algunos alemanes parecen no entender.

Por supuesto, ya hay opositores, la Unión de Adultos Mayores dice que la reforma es inconstitucional pues “no sólo los niños tienen derechos” (ver video abajo)  y quienes dicen que da lo mismo de dónde provenga el ruido, la dicotomía se limita a ruido y silencio. Por lo pronto, la reforma ya se aprobó. “¿Ruido o Música del Futuro?” decían algunos titulares.

niñ@s gritones

 

La otra noticia que apenas tiene un par de días es sobre la pretensión de prohibir las “fiestas de Facebook”. Hace poco más de un mes, Thessa, una chica que cumplía 16 años, lanzó una invitación por Facebook a su fiesta sin darse cuenta de que la hacía pública (es decir no sólo para sus amigos de esta red social, sino a todos los que la vieran). El resultado, más de 1500 invitados – desconocidos- llegaron a la casa de Thessa, y armaron su fiesta. El evento no tuvo saldos negativos, transcurrió en paz, según las autoridades. Sin embargo, este simpático error se ha convertido en un fenómeno en Alemania y cada vez son más las “fiestas de Facebook” que son convocadas de forma anónima. Las últimas fiestas han sido aprovechadas por bándalos para causar disturbios que muy caros salen a los ayuntamientos, además de que han habido heridos y detenidos. Esto ha bastado para que el fin de semana, ministros del interior de algunos estados idearan prohibir las llamadas “Facebook Parties”, pues, dicen, constituyen una amenaza a la paz y el orden.

Afortunadamente, algunos otros políticos han salido en su defensa “no es posible generalizar ni determinar de antemano qué fiestas se convertirán en problemas de seguridad y orden. ¿Por qué prohibir estas fiestas y no prohibir los partidos de futbol, si estos potencialmente también generan disturbios? No puede prohibirse algo así de forma general”.

Se ha dicho también que la policía deberá estar atenta y cumplir con su deber, y que mejor sería educar a los niñ@s y l@s jóvenes sobre los riesgos de privacidad en internet, así como de acudir a este tipo de eventos.

Fiesta Thessa

 

La pretensión de prohibir estas fiestas me parece relacionada con la definición del ruido de los niñ@s como ruido contaminante. La niñez y la juventud vistas como anti-orden. Alemania debe dejar de querer regularlo todo y permitir algo de espontaneidad a su cotidianeidad, los niñ@s y los jóvenes deben poder divertirse y ser, todos los días y no sólo, exagerada y obligatoriamente, en Carnaval.