blogeditor · 26 de agosto de 2014
En 2012, Alvin E. Roth (Nueva York, 1951) obtuvo el Premio Nobel de Ciencias Económicas junto con Lloyd Shapley. Sus contribuciones más importantes son en el diseño de mercados, la teoría de juegos y la economía experimental. Es profesor en la Universidad de Stanford y profesor emérito en la Universidad de Harvard. Ha escrito entre otros libros Manual de Economía Experimental (1995) y Teoría de Juegos en la Tradición de Bob Wilson (2001).
Uno de sus más recientes artículos es “En cien años”, publicado en In one hundred years: leading economists predict the future, Editado por Ignacio Palacios-Huerta, MIT, Estados Unidos, 2013. En este texto especula sobre las transacciones de los mercados cuya repugnancia puede cambiar, de una u otra forma, en los próximos cien años. Las proyecciones de Roth son visionarias y sin duda polémicas.[1]
El autor reflexiona sobre cómo van a evolucionar y comportarse los mercados repugnantes o transacciones repugnantes. A lo largo de la historia algunas transacciones han pasado de lo repugnante a lo socialmente aceptable y viceversa. El autor para explicar este tipo de mercado plantea, como ejemplo, que el cobro de interés a los préstamos era algo condenable en la antigüedad, incluso hoy en día está prohibido por el Islam, pero ahora es difícil imaginar cómo los mercados globales sobrevivirían sin el cobro de intereses. Y señala también que los mercados denigrantes como la esclavitud son ahora ilegales, pero antes estuvieron permitidos.
El autor considera que en el futuro la economía seguirá creciendo y se interconectará aún más. En esto coincide con otros economistas que se han analizado en estas mismas páginas. Según él, la prosperidad material incrementará la población y la longevidad de la misma. La prosperidad no eliminará la competencia, pero sí proveerá a las personas de opciones acerca de cómo y cuándo competir.
Ciertas personas van a optar por vivir en una lógica de bajo perfil, que primero acumulan experiencia antes de tener responsabilidades que exijan tiempo completo, obtener más educación, casarse o ser padres. El retiro también será parte importante de nuestras vidas productivas y habrá nuevas formas de jubilación que combinen trabajo, descanso, estudio y filantropía.
Pese a la prosperidad, algunos bienes, servicios, condiciones y conocimiento seguirán siendo escasos. Gente que quiere progresar encontrará incentivos para competir. Para quienes así lo decidan habrá tecnología que los fortalezca y les permita trabajar más que nunca. Algunos enervantes que lo posibilitan empiezan a estar disponibles, pero son ampliamente rechazados. La repugnancia sobre ellos tiende a desaparecer. La tecnología muestra las posibilidades de seleccionar las características genéticas de nuestros hijos. Ahora es una práctica socialmente inaceptable, pero que poco a poco va a resultar tentadora.
[contextly_sidebar id=”1vyyCu8eHtcLb6WmXVhB4zxS24tbHMFC”]Ya hemos visto sustancias para mejorar el desempeño en los deportes, pese a estar prohibidas. Si seguimos cancelando victorias asistidas por sustancias, quizá también rehusamos encontrar nuevas curas contra el cáncer o teoremas y sistemas producidos por la asistencia de drogas usadas para la concentración, memoria o inteligencia. En el futuro sustancias seguras para elevar el rendimiento serán tan benéficas como la nutrición.
Si bien éstas no son opcionales en el deporte del futuro, sí lo serán en las carreras universitarias competitivas. Cuando los profesores de economía del 2113 queden rezagados frente a la expectativa de producción, su departamento académico le sugerirá el uso de sustancias para la concentración y creatividad, para cumplir con su cuota de artículos semanales.
Una reacción similar tendrán los suplementos para el desempeño conforme dominamos y entendemos la genética, la reproducción y del desarrollo fetal que permitirá a los padres diseñar las habilidades de sus hijos. Ya hemos visto los inicios de tal mercado, acceso a tratamientos de fertilización, mercado de óvulos y esperma, vientres alquilados que atraen al turismo de la fertilidad.
Otro elemento a definir en el futuro será el acceso a la información y la protección de datos personales. Nos encontramos en una era donde los dispositivos móviles son la puerta de entrada a millones de fuentes, contenidos y buscadores. En el mediano plazo se desarrollarán herramientas de reconocimiento facial que con solo mirar nuestro entorno proveerán perfiles específicos de las personas que nos rodean. Sus gustos, opiniones, redes, sitios, datos.
La verdadera pregunta será: ¿quién controla el acceso a esa información? Las leyes tendrán que definir quién y bajo qué circunstancia se accede a ellas. Toda clase de datos debe estar sujeta a restricciones, sobre todo si es vendida o transferida. Inevitablemente este intercambio será una transacción repugnante e incrementalmente regulada, si no es que prohibida.
Según el autor, en el futuro, los economistas estarán a la vanguardia de las ciencias sociales, en parte porque incorporan la prospectiva de la que han hecho uso la sociología y la ciencia política y porque ahora también asimilan en su estudios elementos de la psicología y de la biología.
La pobreza continúa, pero su desarrollo en el mundo emergente será más parecida a la pobreza actual en los países ricos. Es posible que los países pobres cuenten con un nivel de clase media, a lo que se agrega la reducción de costos en bienes materiales, que facilitan el acceso a la tecnología y las comodidades modernas. En esto también coinciden otros economistas que hemos revisado en estas páginas.
Otra evolución importante tendrá lugar en el campo de los “mercados inteligentes” donde los nuevos diseños serán bienes y servicios que se intercambian a través de plataformas electrónicas. Conforme los procesos de transacción requieren menos intervención humana, la oportunidad de mejorar la calidad del comercio por parte de los economistas aumenta. La distribución de recursos, la administración de plataformas, la organización y logística serán parte importante de la economía.
El autor sostiene que la prosperidad seguirá creciendo aunque no haga a todos disfrutar de una vida de descanso como la pronosticaba Keynes en 1930. En el futuro muchas personas trabajarán más que antes, y otros harán el trabajo de manera más eficiente usando sustancias para mejorar el rendimiento. La repugnancia que pesa sobre estas “ayudas” se modificará y se verá como algo normal en el futuro.
[1] La traducción del artículo original es de Rodrigo Islas Mariaüd.