Empatía vs. la anestesia social

Redacción Animal Político · 13 de enero de 2026

 Empatía vs. la anestesia social

El 30 de diciembre de 2025 por la noche, mi algoritmo me llevó a una nota de The Economist 1 sobre las tendencias geopolíticas que marcarán las discusiones en el 2026. Fue, por decirlo de alguna forma, desalentador. Entre carreras armamentistas espaciales (sí, espaciales) que contemplan la creación de un domo de defensa aeroespacial, hasta las presiones políticas a las que están siendo sometidos distintos Bancos Centrales para mermar su autonomía por parte de poderes centrales o ejecutivos, así como los conflictos que se han estado suscitando en distintas partes del mundo en los primeros días de 2026 oscilan entre lo feo, lo absurdo y lo ridículo, y revelan un mundo en el que parece imperar de todo menos la empatía.

Este panorama global no solo impacta en aspectos políticos, sino que se filtra en nuestra cotidianidad. Así, entre cámaras de eco, algoritmos, cuentas automatizadas (bots), y el diseño de interfaces y herramientas construidas para mantenernos enganchados a una pantalla, el estar presentes para los demás se ha vuelto un hecho inusual; la presencia y la atención son recursos escasos y altamente cotizados.

Por lo general, las tendencias y prospectivas suponen prepararnos para los cambios que vienen. Nos permiten anticiparnos y tomar, en consecuencia, decisiones sobre qué comprar, a quién leer, a quién escuchar, a quién seguir, o los últimos gadgets tecnológicos a adquirir. Pero en un mundo que en ocasiones parece premiar el aislamiento o la indiferencia, resulta casi obligatorio hacer un llamado de atención para que en 2026 seamos más conscientes y empáticos, y que ello se convierta en la norma y no la excepción. Empáticos y con conciencia social y de clase frente a los despojos arbitrarios habitacionales y la despersonalización de los barrios y vecindarios; frente al arrebato de tierras de pueblos indígenas y pueblos originarios; frente a el cambio climático; frente al abuso de poder, frente a la falta de accesibilidad en los espacios públicos, frente al retorno de autoritarismos a lo largo del mundo y frente a un largo etcétera. Hoy, dentro de todo este ruido, es que en ocasiones nos aislamos o buscamos algo de silencio sin darnos cuenta de que las injusticias y la desigualdad estructural premia la apatía y la indiferencia o por lo menos se ve beneficiada por ésta. Por ello, habría que apostar por empatías más cercanas, entendiéndose como actos radicales y hasta revolucionarios.

Bajo esta lógica, involucrarse en las decisiones de la comunidad se convierte en un acto de rebeldía: el tejido social no se repara con algoritmos, sino con presencia. No se trata de una nostalgia por mundos que quizá ya no existen, sino de resignificar las formas en las que cuidamos a vecinos, colegas y hasta desconocidos y la manera en la cual nos involucramos en la creación del espacio público.

Tampoco se trata de construir una comunidad o prácticas basadas únicamente en la nostalgia de mundos que quizá ya no existen, sino de resignificar las formas en las que podemos cuidar y estar presentes con vecinos, colegas, familias, amistades y hasta con desconocidos.

Para aterrizar esta idea, vale la pena rescatar las tres aproximaciones sobre la empatía propuestas por Daniel Goleman, pues nos ofrecen una clara ruta de acción. La primera es la empatía, que es aquella que supone entender desde dónde se expresa o se dice algo. La segunda refiere a la empatía emocional, aquella que nos invita a la difícil tarea de sentir lo que el otro está sintiendo. Y finalmente, que es a mi parecer la más importante, el interés empático, que supone ver y reflexionar sobre qué es lo que se requiere de nosotros. Es decir, ¿qué podemos hacer por el otro?

Ahora bien, frente al pesimismo de mi párrafo inicial -y como antídoto al que parece ser únicamente un amargo panorama- quiero compartir algunas notas positivas de frente a este convulso año que arranca. En la agenda pública, la legislación y políticas alrededor de los cuidados se convierten en un elemento central. La entrada en vigor de la “Ley Silla” reconoce la necesidad de tener espacios físicos de descanso como parte del trabajo digno. En el ámbito tecnológico destaca la creación de un teclado en zapoteco para dispositivos móviles, así como el desarrollo de múltiples herramientas de inteligencia artificial que fomentan la accesibilidad de personas con discapacidad. Y otras que nos inspiran desde la sustentabilidad, Helsinki pasó su primer año sin muertes viales y París reabrió el Sena al nado público después de un siglo.

Al final del día, la empatía no implica querer a todos. Tampoco significa que nos abracemos cual “ositos cariñositos”; puede que tus colegas, vecinos o conocidos te caigan en la punta del hígado o tengan puntos de vista opuestos en muchos temas. La empatía implica solidaridad, acción, escucha y no ser indiferente frente a lo que no te impacta directamente aún, o que crees que no te impacta de forma directa o indirecta.

No es simpatía tradicional; se trata de ser y hacer comunidad desde la complicidad. Que en 2026 la tendencia sea no ser indiferente y conectar como antídoto frente a esta anestesia social.

* Mauricio Ariza (@Mau_Ariza) es especialista en Inclusión Laboral y presidente del Consejo Consultivo de GENDES A. C.

 

1 The Economist, “Four Stories To Watch Out For in 2026” publicado el 28 de diciembre de 2025. Disponible en el siguiente enlace.