Empatía

blogeditor · 24 de febrero de 2020

Empatía

Todas las personas tenemos algo en común: amamos a alguien. Pertenecemos a un clan. Quienes tenemos el privilegio de ser madres o padres, amamos profundamente a nuestras hijas e hijos y por ellos seríamos capaces de lo que fuera. Literalmente. Desde bloquear un aeropuerto para exigir un medicamento que salvara sus vidas, hasta hacer un trabajo que pudiera resultarnos indigno con tal de darles de comer. Si algo les pasara, caminaríamos kilómetros y kilómetros durante años hasta encontrarlos sobre la tierra, o –como tantas madres y padres en el México trágico de hoy- rascaríamos la tierra hasta encontrarlos. No nos cansaríamos de exigir justicia y, si a pesar de todo, durante años, las autoridades no nos hicieran caso, romperíamos lo que hubiera que romper. ¿Y qué esperaríamos de los demás mexicanos? Idealmente, solidaridad, y si no, por lo menos un poco de empatía. Esa cualidad es la que nos define como humanos y es urgente que hagamos un esfuerzo para no perderla.

Nos estamos volviendo insensibles porque de tanto ver y escuchar el horror como noticia de todos los días, se nos va volviendo la piel gruesa. ¡No podemos permitir que eso pase! Tenemos que reconocer que nos duele, que nos genera miedo y desesperanza , que nos indigna, y que justo por eso no podemos resignarnos a que ésa sea nuestra realidad, ni la de nuestros amados hijos. Ellos confían en nosotros y esa confianza es una gran responsabilidad.

Mientras nuestras niñas y niños intentan soñar con un futuro feliz y nuestros adolescentes le buscan el sentido a la vida y se preguntan si aún habrá planeta en 2030, los adultos les estamos fallando. Diariamente ocurren cosas terribles que atentan contra la paz de todos, y los mexicanos al grito de guerra nos la pasamos peleando. Unos por defender al presidente como si fuera de su familia, y otros atacando a sus seguidores con comentarios clasistas como si eso mejorara en algo el país. Y ¿qué creen?, los de un bando y otro servimos a un solo propósito: somos números, estadísticas, admiradores, adversarios, bases de datos, votos. Somos índices de popularidad. Somos “daños colaterales” como ya lo hemos sido para otros presidentes.

Pero acá, afuera de Palacio Nacional, somos un solo bando: somos vecinos, familia, somos compañeros de trabajo. Somos los orgullosos compatriotas de Guillermo Del Toro y todos los mexican@s que nos representan en el mundo con tanta dignidad. Compartimos las calles, las tradiciones, el insuficiente y peligroso transporte público. Somos los que generamos o necesitamos los empleos, los padres y madres que no duermen cuando sus hij@s salen en la noche…o en el día. Estamos expuestos todos a la inseguridad, aunque claramente las mujeres más. Tenemos los mismos miedos, respiramos el mismo aire contaminado .

Somos humanos (todavía) y nos rompió la madre la noticia de la tortura y muerte de Fátima, una nena de 7 años, apenas una semana después del hallazgo de Ingrid, una joven brutalmente asesinada por su pareja. Jóvenes y niñas que se suman a una larga lista de historias horribles que aparecen cada semana eclipsando a la historia anterior. No todas llegan a ser una nota principal, pero en nuestro país mueren en promedio 10 mujeres cada día. Y todas las demás vivimos aterradas.

Sin importar nuestras ideas políticas, todos los que amamos a alguien, estamos preocupados y necesitamos soluciones inmediatas. Nos sentimos impotentes y desamparados, y necesitamos tomarnos de las manos.

Pero… ¿quién le toma la mano a quién?

Si activáramos la empatía, podríamos entender la furia de quienes pintan las puertas tratando de hacerse ver de una vez por todas. Aunque podamos discrepar respecto a la acción en sí, coincidimos, supongo, en que ese problema tiene remedio y la muerte de una persona no. Muchos hombres formados en el machismo llevan toda su vida sin comprender que las mujeres son personas . De ahí que se relacionen con ellas como cosas, al grado de matarlas como si sus cuerpos y sus vidas les pertenecieran a ellos, y fueran desechables. Hace poco escuché en el radio a unos locutores quejarse de que no habría edecanes en un evento deportivo.“Es como si en el fútbol no hubiera chelas”, dijeron. Y nadie se indignó ni paró el país, porque el desprecio hacia nosotras está totalmente normalizado. Pero en estos días vi un video poderosísimo de una madre furiosa a quien le mataron a su hija y dijo: “Ya rompimos el silencio… y la que no quiera, que no estorbe”. Y sí. Ya estuvo. Esa furia justificada no se va a detener hasta que haya respeto y justicia reales, no discursos huecos. Hasta que cada mujer y cada niña pueda sentirse segura fuera -y dentro- de su casa. Créanme, nadie es torturada o se muere para “dañar la imagen” de ningún político. Pensar eso es muy mezquino. También lo es tratar de apropiarse de un movimiento de protesta legítima como el #PARONACIONAL que ocurrirá el 9 de marzo. Da igual si son politiquillos de izquierda o de derecha, es vergonzoso que quieran colgarse medallas o ganar adeptos usando el dolor y la furia de las mujeres y la desesperanza de las niñas y niños.

¿De quién es la culpa?

Hace ya muchos años que estamos viviendo como país una situación que no se le hubiera ocurrido ni al mejor escritor de novelas de terror. Cientos de cuerpos en fosas clandestinas, miles de personas desaparecidas, niñas y niños víctimas de trata, de pornografía infantil, y todo en medio de una impunidad absoluta. ¿De quién es culpa? De todos.

De los actos y omisiones de gobernantes anteriores, como Calderón y Peña Nieto, que empujaron a 30 millones de mexicanos a votar por Andrés Manuel López Obrador, confiando en que sería diferente.

De quienes han sido -y siguen siendo -clientes del narcotráfico y la trata. (Si no hubiera clientes no habría negocio de todas las cosas aberrantes con las que se lucra).

De los que hacen los chistes misóginos y de los que se ríen de ellos, normalizando la violencia hacia nosotras.

De los que encubren a un familiar pedófilo. De los que no les creen a la víctimas.

De quienes se han dejado corromper a todos los niveles, y de todos los que se han quedado callados ante las injusticias. Antes y ahora.

Hoy la ciudadanía que sí participa, exige resultados a quienes con mucha tenacidad nos convencieron de otorgarles el poder, prometiéndonos que velarían por nuestros intereses y nos aseguraron que eran capaces de hacer el trabajo. Igual se les exigió y cuestionó a los anteriores. Así funciona. Si eres el nuevo director de una escuela y se cae el techo, lo arreglas . No lo miras caerse sobre las cabezas de los niños , mientras culpas al director anterior por su ineficacia. Sobre todo si ya sabías en qué condiciones estabas recibiendo la escuela y aún así peleaste por el cargo 18 años. Mirar obsesivamente al pasado no resuelve el presente. Eso pienso yo, y habrá quien opine diferente, y no merezco por ello su odio, ni merece el mío.

A juzgar por las redes sociales, donde la gente expresa libremente (o pagada por alguien) lo que piensa y siente, el odio de todos contra todos gana cada día más espacio. Un odio alimentado por la ignorancia, el machismo, el clasismo, y el discurso del presidente cada mañana cuando señala a cualquiera que no lo aplaude como un adversario, selecciona quién es “pueblo” y quién no, y le perdona los pecados a los ricos, pero solo a los que apoyan sus proyectos, y descalifica la justa protesta feminista porque piensa que es contra él. Hizo campaña tantos años que a veces se le olvida que ya es el presidente y esperamos que nos demuestre con hechos que es mejor que los anteriores. Tod@s tenemos derecho a cuestionar a un funcionario público con firmeza , pues de sus decisiones depende la calidad de nuestras vidas y las de nuestros seres queridos, especialmente nuestros niñ@s que están absorbiendo nuestra angustia, nuestra frustración y, lamentablemente, enterándose de qué tan peligroso es vivir en México. Ellos se merecen un país en paz.

La violencia entre “amlovers” o “pejefóbicos” es absolutamente inútil. Cada persona que votó por quien haya votado creyó en su momento que eso sería lo mejor para el país y lo hizo con la mejor intención. Nadie tiene que pedir perdón por haber tomado una decisión libre, acertada o no. Es hora de que aquellos que andan con el “Se les dijo” en la punta de la lengua, queriendo culpar a los votantes de los desatinos presidenciales, se den cuenta de lo provocador e inútil que resulta. Y los defensores del presidente, mejor escríbanle cartas y apóyenlo si así lo desean, sin lanzarle odio a los que no comparten su opinión. No es obligatorio querer al presidente. Él no es una niña de 7 años y no necesita que nadie lo defienda. Hoy por hoy, es el hombre más poderoso del país.

La narrativa que nos hace odiarnos nos vuelve vulnerables ante los verdaderos villanos. Ni todos los ricos son malos ni todos los pobres son buenos. Basta con observar el fenómeno atroz del feminicidio para darnos cuenta de que los homicidas son indistintamente ricos y pobres. Generalmente hombres. Hombres producto de un contexto que hay que cambiar. Coincido con el presidente en que hemos perdido los valores humanos y hay que recuperarlos. Pero eso no va a pasar por decreto presidencial ni con decálogos improvisados o buenos deseos. Requiere voluntad política, estrategia y presupuesto. Requiere congruencia. Y va a tomar tiempo. Necesitamos soluciones urgentes y también soluciones a largo plazo.

Tod@s los que nos consideramos gente de bien, hombres y mujeres, debemos formar un solo bando: los mexicanos. Los que queremos lo mejor para nuestra familia, pero también para la familia del vecino, que es igual de importante que la nuestra.

No caigamos en el juego del odio. No permitamos que los políticos de un lado y el otro nos usen. Dejemos de tirarnos mierda unos a otros y dirijamos nuestro enojo y nuestros reclamos a los criminales y a los funcionarios que no están haciendo su trabajo, del partido que sean. ( Sé de buena fuente que entre ellos son amigos y se emborrachan juntos mientras nosotros nos despedazamos por defenderlos).

Generemos empatía y paz entre nosotros.

¿Qué tal si empezamos por tomar la pequeña, cotidiana y poderosísima decisión de escuchar al otro y tratar de ponernos en sus zapatos unos segundos antes de emitir un juicio? El famoso “cuenta hasta diez” antes de lanzar un ataque.

El #PARONACIONAL #UNDIASINNOSOTRAS es una buena oportunidad para empezar a practicar la empatía. Juzgar menos y escuchar más. Observar lo que pensamos y sentimos respecto al machismo y sus efectos, revisar nuestras prioridades en la vida. Cada quien tiene su propia conciencia y sabe quién es en realidad, pero no cualquiera tiene la valentía de asumir sus errrores y modificar su conducta.

¿Cómo ven? ¿Nos tomamos de las manos?

@tiare_scanda