Elogio de Óscar Chávez

blogeditor · 1 de mayo de 2020

Solo una vez en mi vida me puse esmoquin: cuando me dieron el Ariel. Me sentía ridículo.

Óscar Chávez

 

Fue hace muchos años, platicando con Armando Vega-gil, que él me puso muy claro de qué se trataba realmente la independencia artística en este país: “en México son muy poquitos los artistas que han tenido relevancia nacional sin haber pasado prácticamente nunca por la radio: Botellita de Jerez, Fernando Delgadillo, dos o tres más y por supuesto el máster de todos, que es el maestro Don Óscar Chávez”.

De alguna manera Armando tenía razón, porque si bien es cierto que Óscar Chávez sí logró entrar a la radio comercial con una balada -hermosa- que se ha ganado un lugar en la programación cotidiana de multitud de estaciones, también es cierto que “Por ti” equivale, con mucho, al 0.01% de la producción musical que hizo a Óscar Chávez una auténtica leyenda del canto popular y por encima de todo ello un genuino arqueólogo de la música en nuestro país: a lo largo de más de cien discos, prácticamente no hubo género popular sobre el que el gran intérprete de potentísima voz no hubiese ejercido algún tipo de investigación: sones, guarachas, baladas, yucateca, guerrerense, tango… incluso por ahí debe circular aún, en forma de un objeto incunable, el disco triple que hace años el también actor dedicó a los pasodobles taurinos.

Con la pérdida de Óscar Chávez las vertientes más profundas de estas tierras pierden voz, no solo porque en el caso de este artista genuinamente popular se ha ido un espléndido cantante y compositor, sino porque la liga que el intérprete mantuvo con toda clase de movimientos sociales, emanados en muchos casos de previos proyectos musicales -y en otras tantas, de su permanente militancia política- tenían en él a uno de sus principales voceros y uno de sus apoyos más firmes.

En lo particular, recordaré a Óscar Chávez como la figura que habiéndome concedido -hace años, principio de los dos miles- una entrevista para uno de los semanarios en que he colaborado, sencillamente se negó a levantarse de la silla en la que se encontraba para que le hiciéramos algunas fotos. Amable pero firme, recuerdo muy bien su mirada directa cuando el fotógrafo le solicito movernos al jardín de su oficina en Discos Pentagrama para aprovechar la luz y hacer algunas buenas imágenes: “preferiría hacer las fotos aquí, ahora”. Lo recuerdo también en compañía de Jaime López -a quien por cierto le expropió para su propio repertorio una de sus mejores canciones “Tu maldición”- llegando un poco tarde al camerino que les tenían preparado previa su presentación en el Festival Cervantino. Había un catering dentro de aquel camerino (es decir, algunas viandas disponibles para consentir a los artistas estelares) y no olvidaré la forma en que Óscar Chávez se quedó mirando por unos segundos las dos botellas de vino que los organizadores habían dejado listas ahí para finalmente pedirle a alguno de los secres de la producción, al tiempo que le extendía un par de billetes: “llévate esas y tráete dos de tequila”.

Se va Óscar Chávez, pero como sucede con todos los personajes legendarios, detrás queda una cauda de hitos imborrables: su participación en momentos activos de la historia del país, su testimonio en multitud de movimientos sociales y naturalmente, por encima de todo, su aportación al conocimiento y apropiación de nuestras músicas.

Como ya todos lo están diciendo -y lo dicen porque es cierto- se ha ido un grande. Un Caifán mayor.

@elimonpartido