blogeditor · 8 de julio de 2014
Previo al mundial dije: “Ni creo ni espero que el TRI avance a la siguiente ronda, pero si sucede lo celebraré con gusto”. Y así fue. Celebré la manera en que desde lo poco y lo confuso, Miguel Herrera y Ricardo Peláez hicieron de una selección un buen grupo de seres humanos y no esa congregación de deidades en que solían convertir al TRI entre los súper densos entrenadores, los medios y la mercadotecnia excesiva. Han pasado nueve días de la eliminación de México del Mundial, como quien dice un novenario. Días llenos de negación, dolor, resignación, así como la lectura de algunos misterios.
Misterio Gozoso
¿Cómo irían a responder y comportarse los seleccionados? Resultó gozoso el que los jugadores se sintieran eso, el personaje privilegiado que quiere, puede y sabe dedicarse a lo que más le gusta, jugar futbol. Haciéndolo de manera abierta, entusiasta, responsable y ejemplar.
¿Cómo lo logró Miguel Herrera? Él mismo se consideró un privilegiado y gozoso entrenador que realiza el sueño de ir y dirigir un Mundial, es decir, con el ejemplo.
Misterio Glorioso
El grupo de México no fue un grupo difícil al grado que pensábamos, de eso no tiene culpa ninguno de los equipos que lo conformaron. Brasil nos ladró, pero no nos mordió. Camerún se fue, siendo el peor equipo del Mundial. Croacia lució improvisado como el TRI, pero sin la unión, compromiso y orden que sí tuvo México; incluso en un intento llanero, quiso provocar a los nuestros declarando que a México le temblarían las piernitas y que eran mucho mejor que la selección “Piojinha”. Lo único que enseñaron fue el cobre y las llamaradas de petate. Terminó siendo glorioso ver como se alzaron no sólo con la victoria en un partido decisivo, sino haciéndolo con la contundencia que normalmente en el partido numero tres de los mundiales suele no presentársele a los nuestros.
Misterio Luminoso
Los torneos tienden a balancear en segunda instancia lo que en primera pudiera haberse desequilibrado, es decir, cuando un equipo que no es cabeza de grupo, de grupo de la muerte avanza en buen lugar, su siguiente rival suele estar dentro del rango de lo posible (Costa Rica vs Grecia) y cuando un equipo habita en un grupo aparentemente a modo, en la siguiente ronda enfrenta a aquella selección que le hará ver su suerte (Suiza vs Argentina). Salvo el caso de Chile, que si lo vemos detenidamente un par de balones a los postes marcaron su destino y el de Brasil. Así, hasta llegar a los cuartos de final y semifinales donde el Mundial suele equilibrar jerarquías y pronósticos. El TRI se encontró con Holanda, el que hirió de muerte al campeón del mundo; Holanda se encontró con México, el que exhibió a Brasil. Fue luminoso el instante en que Gio daba la ventaja a la selección. Durante muchos minutos nos sentimos posibles, pero al mismo tiempo era un misterio cómo lograr llegar al final con el triunfo en las manos y es que el rival también cuenta y pesa doble cuando le abrimos la puerta. Holanda cuenta con mayores recursos futbolísticos y mayor experiencia en la dirección técnica.
Misterio Doloroso
Aquí es dónde el deporte, aplica exámenes a quienes supuestamente han atendido sus lecciones. Un día la gloria te llega en los últimos minutos de la final del torneo local, un jugador menos y dos goles en contra, contra un técnico que decidió echarse para atrás. Otro día te pone en el lugar de ese técnico, con un gol de ventaja y más de treinta y cinco minutos por jugar, pero ahora en un Mundial. Enfrente tendrás un equipo que al igual que el tuyo en aquella ocasión no querrá perder. Le pasó a Memo Vázquez con Cruz Azul y a Lapuente en el 98. A veces se cuenta con los recursos humanos y los cambios funcionan, a veces con los recursos del técnico y los resultados se dan, a veces uno suple al otro, pero a nosotros pareciera que siempre la falta de un jugador idóneo para un cambio termina siendo magnificada por la falta de luminosidad del técnico para decidir. Nada de esto es ni tan simple, ni tan fácil, pero siempre ha sido muy doloroso. Entre más tranquilo reflexione uno los triunfos y acepte que es la combinación de tu acierto y del error del otro, más pronto podremos evitar que los misterios dolorosos se nos repitan.
[contextly_sidebar id=”a983e80569de72528ca854fdcb22730f”]Miguel Herrera debe seguir, se lo ha ganado, porque en poco tiempo logró que un grupo trabajara bien en equipo, porque tuvo decisiones acertadas y porque para acertar en las difíciles hay que tener continuidad. Pero no debe seguir igual, sin la reflexión personal, la más honesta de todas. Terminando el partido culpó al árbitro y con ello muchos mexicanos se instalaron en el confort del “siempre nos roban” en la conquista, nos roban Texas, nos roban California, en las elecciones. Si bien creo que para marcar un penal en los últimos dos minutos de un partido, éste debe ser del tamaño del estadio. A una semana del partido nuestro carismático Piojo insiste en que la decisión del árbitro lo dejó fuera del Mundial y que en la jugada de la lesión de Moreno, él no ve penal sobre Robben. Para mí es claro que ambos son penales, el de Moreno del tamaño del estadio, el del final fue del tamaño de la repetición en televisión. Pero ambos son falta y ésa no es la pena máxima. La pena máxima será si después de vivir esto Miguel no atiende la señales y mensajes del deporte.
Yo como parte de los millones de directores técnicos de un partido de futbol, hubiera puesto a Salcido en lugar de Moreno y metido a Aquino o Gullit o Fabián, antes de meter a Diego Reyes a ser devorado por Robben, pero tampoco habría garantía de que ellos respondieran o de que Van Gaal no mandara a Robben a explotar a Salcido. Opiniones hay muchas, el asunto es evitar llegar a esas instancias con tantas combinaciones tan inciertas. Si la selección trabaja con seriedad, compromiso, alegría y sencillez cuatro años, si Miguel Herrera acepta su novatez y su soberbia, la improvisación será el porcentaje menor a la hora de tomar las decisiones más acertadas. Lo que nos va enseñando el Mundial es que los que avanzan no sólo lo hacen por su entrega, lo hacen por sus recursos técnicos, físicos, tácticos y el buen manejo de ellos, que cuando se requiere, lo hace un director técnico que goza lo que hace, pero que no se pierde ni en el festejo ni en el reclamo.
Y en tiempo de compensación le diré que aquella frase tan a la medida para nosotros de “jugamos como nunca y perdimos como siempre” es nada más y nada menos que de Alfredo Di Stéfano. Que en pants descanse.