blogeditor · 23 de junio de 2014
Domingo 22 de junio, justo a las 9:00 comienza uno a sentir jalones oscilatorios; en la cultura tenochca estamos más que habituados a ellos. Abro el ojo, me asomo por la ventana de mi camarote, misma que tiene el tamaño de una pizza familiar -no se rían- que a los del piso de abajo les tocó mediana y hasta individual, el caso es que el de la mía alcanza para asomarse y ver bastante bien. El paisaje cambió, resulta que el epicentro del movimiento está ubicado en el centro de máquinas, o lo que es lo mismo, !zarpamos! Aquí dicen que el asunto es para entrar en aguas internacionales y entonces sí el casino pueda operar. Otro término con lo que los tenochcas y tribus políticas estamos muy familiarizados. Yo lo que creo es que sólo es una pantalla para agarrar vuelo y regresar a tomar la ciudad de Recife con más vigor. La Barra Ultra Charter, a pesar de no contar con la barra libre, ha dado paso a la “ritual del pedo” (exclamó la princesa). Perdón, pero es una de esas palabras que logró pasar de vocablo a estado de ánimo y que forma parte del fuero del que hablábamos ayer.
Los jacuzzis, que podrian soñar al nombre de una tribu, son como mega ollas de agua casi hirviendo, sales exfoliado, sin impurezas en la piel, si te pasas se te desprenden las plumas y la cáscara, y a los hombres, me imagino, se los transforma casi en benedictinos o poché. Aún así las sensación de altamar a baño maría debe ser vivida. La zona de la alberca ha sido bautizada como “las favelas”. Algunos pasajeros amanecen en el suelo, en camastros o hacen sus casitas con las toallas; es el lugar más poblado del barco, el hacinamiento mañanero y nocturno es impresionante. Es el centro ceremonial, ahí la tribu se conoce, se hermana, se pone al sol, se orea y todos siguen muy puestos. Comienzan los ritos, los cantos y danzas. Los penachos de pluma de quetzal han sido sustituidos por unos de peluche tricolor, los tambores por aplaudidores, el sonido del caracol es prehispaniquííísimo, la vuvuzela obvio no, así que lo que vuelve a estar de moda es la corneta ochentera. La barra se subdivide y surge La corneta brava, Los hijos del chiquitibum y La Tito te pito, ésta última es contra el árbitro y sólo por sí se ofrece, que siempre se ofrece.
Los ensayos fueron el Bélgica contra Rusia (empezamos fríos) el Argelia contra Corea (que se puso bueno porque veníamos del Bingo) y el Estados Unidos contra Portugal (que ya nos agarró con todo el outfit muy puesto). Fuimos de menos a más, un ánimo de ida y vuelta, el movimiento del barco se contagia de la ola y logramos que hasta el mar se quedará picado. Bélgica calificado, Argelia por la sorpresa, Estados Unidos viendo lo que se siente que faltando 30 segundos te quiten el dulce de la boca y medio barco mareado.
Ya no hubo simulacros, la cena fue en un restaurante monííísimo, donde te sentaban en mesas con otros pasajeros, al estilo las quecas del mercado de Coyoacán, pero vestidos más nice. Un espacio libre de chanclas y humo.
El ejercicio funcionó, nos conocimos todos, cenamos como si no hubiera un mañana, hablando, pensando justo en ese mañana donde el TRI quiere quitarles lo sabrosos a los croatas, que en conferencia de prensa ya anunciaron que son mejores. Yo digo que eso suena a promesa de campaña, ya nomás falta que lo cumplan. Es como la noche previa a la gran batalla, la llegada al desembarco del rey (por aquello de Game of Thrones) es a las 9:00 del día lunes y a las 10:40 sale el primer autobús, ahí me toca a mí, somos algo así como la tropa, supongo que atrás vendrán escuderos y arqueros y los de a caballo y así. Llevaré puesto mi paliacate de batalla y mis plumas de quetzal, el peluche neta lo dejo para la familia. Por lo pronto en los pasillos se escuchan trompetas y el cántico que ya no es el eeeeeeeeeh putoooo, sino ¡Ooooooooribe Peraaaaalta! No dejan dormir, pero ni modo de salir al pasillo a reclamar a quien mañana estará dispuesto a ser uno solo y apoyar al TRI, ora que sí veo alguno dormido, lo despierto a cornetazos.
Amanece y el espíritu más despierto que nunca. Hemos tomado el piso catorce, somos una compacta y solidaria enchilada verde. Santi se transforma en el tlatoani de la trompeta, se arranca con Guadalajara, el son de la negra y cierra con dominio absoluto del oleee oleee oleee oleee, que en trompeta de jazz tiene su encanto y su chiste. La tribu responde y se funda entonces la barra omelette, y justo en el momento cumbre, suena el silbatazo y la voz del centro de mando anuncia que no vamos a desembarcar sino dos horas después, porque las olas están muy altas, pero que el partido está asegurado, así sea en trajineras de once en once o línea de cinco, desembarcamos porque desembarcamos.
Ya estuvo, somos muchos, venimos exfoliados, con la sangre a baño maría y la marea muy alta, la cosa se va a mover, el epicentro es en Recife a las 17:00 de acá y a los croatas avísenles que no hagan olas porque ésas, también son nuestras.