blogeditor · 22 de junio de 2014
Existen muchas formas de caerle al TRI en este mundial: por aire, por tierra o por mar; yo me animé por las tres, aunque nunca imaginé que fueran de un jalón. El asunto del registro y entrega de kits es desde las 8:00 del día, viajas doce horas después de ese mismo día y llegas doce horas después, del otro día. ¡Ay qué día!
No importa a qué te dediques o de dónde vengas, viajar para apoyar al TRI pareciera ofrecer una especie de fuero. Se valen los sombreros tipo Chano y Chon, los de charro, los desfiguros, las pelucas tricolores, las máscaras, las cabelleras, los penachos, los despliegues de personalidad y las chanclas. Por cierto, siempre he creído que viajar por avión en chanclas es un acto de sacrificio, de valor, pero sobre todo, de absoluta facha.

Y así con desfachatez, los charters al Mundial van llenándose de ello. El mío lucía !a reventar! El capitán se avienta la puntada de dar la bienvenida en términos mundialistas, diciendo que no se valen aparatos celulares pero sí toda la actitud para disfrutar del mundial y apoyar a la selección. En labores de relevo, entra la sobrecargo como una especie de líbero y comienza a darnos las instrucciones de las salidas del avión, gesticulando y manoteando como el Piojo cuando pide que cambien de línea de tres a cuatro en el fondo, sólo para terminar todos metidos en nuestra area, tal cual terminamos los pasajeros de este vuelo.
El avión toma forma de serpiente emplumada y ¡a volar! El Quetzalcoatl One inicia su juego aereo rumbo a Recife; la barra ultra charter lanza un tímido Cielito Lindo.
[contextly_sidebar id=”5197cde3db3210ef171585ef51c3544f”]Clavar el pico es gran opción, pero con los cuatro mirreyes norteños nos fue difícil a varios. Vamos muy surtiditos, traemos de todo; aunque algunos todavía no se han soltado mucho se nota que la amonestación por el grito al portero ha mermado la confianza, ¡pero dejen que aparezca la primera cámara y nos transformaremos en suricatos hambrientos! La atinadísima trama de la película fue la de un avionazo en la nieve (y en la madre) y luego pelear con lobos, al final todos fuimos cayendo poco a poco, y los lobos se comieron al último vivo de la película.
Abres el ojo seis horas después y ándate sobre el Amazonas, ahí si no hay lobos, pero tampoco la libras. Al observar el verde amarello de unos de los pulmones del mundo no hay manera de no sentirse impresionado y con un pie en el Mundial.

Los viajes ilustran, pero cuando son tan largos y vas tan compactamente empacado, también descuadran. Al llegar a Recife la batucada opacó el Cielito Lindo (la neta nos agarraron dormidos) a ritmo de samba, ¡te bailan, te tocan, te aaacariiician! El comité de bienvenida encabezado por dos de esos mega muñecos de cuatro metros, ¡una verdadera joya carnavalera! sobre todo porque en un sincretismo futboleiro-cultural, juntan al Rey Pelé y a Frida Kahlo acentuando el espiritu del Mundial y el carnaval, que sin importar a lo que te dediques ¡eres bienvenido!

De lejos edificios, de cerca favelas. Del aeropuerto al barco, Recife ya te muestra caras distintas y nosotros en la mismas fachas. Llegando al muelle la organización es pronta y expedita, casi como nuestra justicia. El temor de enfrentarnos a un “chequín” más tardado que un trámite en el IMSS desaparece cuando en menos de treinta minutos ya tienes tu tarjeta del barco, tu cabina, tu caipirinha, la foto en un marco de claraboya y una mega tele en la cubierta viendo cómo Irán intentaba sobrevivir contra Argentina y al final Messi (como el lobo de la película) termina matándolos a todos. Caminas el barco, subes, bajas, te pierdes, te encuentras, te llaman al simulacro, tardas más en ponerte el chaleco que el Chicharito en entrar a un juego, el interminable buffet, el atardecer, los goles de Nigeria y Ghana muestran que los africanos no quieren ser barco de nadie. #ElMundoMundial sigue, muy pocos llegaron caminando, el día transcurre con sol, futbol y gol, lo dicho ¡al abordaje!
