blogeditor · 26 de septiembre de 2014
En marzo pasado una red social privada llamada Ello anunció su nacimiento en Internet. Acompañada de un pequeño manifiesto en el que declaran la guerra contra los anuncios y la venta de información privada a terceros, Ello cayó en el olvido hasta hace unos días cuando Facebook anunció cambios en su política de nombres y comenzó a cancelar cuentas de artistas, travestis y transexuales que se presentaban con sus nombres artísticos. La red social fundada por Paul Budnitz aprovechó la oportunidad para decir que ésta era “la red antiFacebook”.
En los últimos días Ello ha recibido, de acuerdo a su fundador, alrededor de 27 mil solicitudes por hora (impresionante aunque ya hemos visto estos pequeños grandes éxodos con redes como Diaspora). La pregunta es si esta nueva red sobrevivirá el ruido mediático, si estamos listos para “matar a Facebook” o no. De momento no parece que ese sea el caso, sin embargo, en enero de este año dos investigadores del departamento de ingeniería mecánica y aeroespacial de la Universidad de Princeton presentaron un modelo que equipara a las redes sociales con una epidemia que eventualmente acaba, de esta forma, el crecimiento de Facebook se detendría y comenzaría a declinar. Los autores prevén que entre el 2015 y el 2017 la red social de Zuckerberg pierda el 80% de sus usuarios.
No estoy seguro de que estas redes sean una epidemia, pero sí que acabar con ellas —si es que eso quisiéramos— no será producto de la espontaneidad. Internet se ha convertido en el mayor generador de monopolios del que se tenga memoria, la llamada economía de la red funciona para que quien gane, gane todo. De esta forma una vez alcanzado el primer lugar en base de usuarios, Google, Facebook, Youtube o Paypal se convierten en monopolios, pues nadie quiere estar fuera de esas redes y se obtiene así la versión digital de lo que los economistas llaman monopolios naturales.
En su libro Digital disconnect: how capitalism is turning internet against democracy, Robert McChesney hace un poderoso argumento sobre los monopolios en la red, entre otras cosas que lo que sucede en la red está mediado por agentes económicos de tipo monopólico que ejercen poder en la manera en cómo nos comunicamos, en las noticias que consumimos y en la información que compartimos, de tal forma que lo procesos más democráticos que supondría internet, se encuentran atrofiados por estos actores que tienen un poder internacional y no están acotados domésticamente. Dicho de otra forma, 12 de las 30 empresas más poderosas de EUA son monopolios de internet (ej. Facebook, Amazon, eBay, Paypal, etc.) y el Estado ha renunciado a una regulación más amplia dado que hacerlo sería regular internet en su totalidad; así, es más fácil controlar a una petrolera o a un banco (hay dos en esa lista) dentro de EUA que a Facebook.
Entonces, ¿Ello es el nuevo Facebook? La respuesta es no, si la nueva red no es capaz de superar la base de usuarios de Facebook y ganar todo. Dado que se ve un poco complicado el panorama para este nuevo jugador, vale la pena discutir el tema de fondo, ¿qué debemos hacer con los monopolios digitales? Digamos que existen algunas soluciones clásicas. La primera es dejar el monopolio como está y que se intente ampliar su regulación en función del interés público. La segunda es dividirlo en unidades más pequeñas y que éstas compitan pero eso suena imposible por la naturaleza de la red. La tercera está provista por el economista Henry C. Simons cuando observó que incluso en el capitalismo de libre mercado, es necesario socializar o nacionalizar las empresas monopólicas ya que de lo contrario robarán las ganancias de las más pequeñas, afectarán a los consumidores y corromperán la operación eficiente de la economía de mercado.
Desde mi punto de vista, se tendría que explorar un modelo de empresas públicas globales que pudiesen regularse colegiadamente y respondieran al interés público. Esto requiere de un trabajo arduo y de largo plazo. Su consecuencia más importante será transformar de una vez por todas a internet en una red verdaderamente pública. Hoy vivimos el peor de los mundos: monopolios digitales que ostentando su privacidad colaboran con gobiernos para vigilarnos de forma masiva y gobiernos que, argumentando la privacidad de esos actores, son incapaces de regularlos.