Redacción Animal Político · 16 de mayo de 2024
La presencia de violencia en la sociedad puede alimentar ciclos de abusos. La crueldad hacia los animales es, a mi parecer, tanto una manifestación como un síntoma de problemas sociales más profundos. La forma en que se trata a los animales podría servir como un indicador temprano de problemas sociales subyacentes.
Elena Larrea fue, en años recientes, una de las más conocidas activistas por el bienestar animal en México, influencer en redes sociales y fundadora del santuario Cuacolandia, que se encarga de alojar equinos víctimas de violencia.
Hoy sabemos que su fallecimiento fue debido a una trombosis pulmonar, es decir, que no murió por ser activista, ni por ser mujer, ni por tener amplio impacto mediático. Sin embargo, ese día, el 19 de marzo, amanecimos con la noticia de su muerte.
En las primeras horas hubo mucha conversación diversa, fuertemente relacionada no solo a cómo fue su fallecimiento, sino también al hecho de que era mujer, activista e influencer. Conversaciones que hace falta analizar.
Elena fue una persona catalogada como controversial por cómo hacía las cosas. Entre las acciones que generaban más controversia estaban el conseguir que se tipificara la zoofilia como delito en el Estado de Puebla, el financiamiento por medio de OnlyFans del santuario, las cirugías estéticas que se realizó, las figuras de cargos públicos a quienes logró destituir, hasta su fuerte carácter e imponente presencia. En mi caso, opino lo que ella misma decía: “podrán cuestionar mis formas, pero no mis resultados”.
El caso de Mila, la potranca, fue de los más conocidos por todo lo que involucró. Mila, al momento de su rescate, era una potranca de apenas un año. La denuncia de su caso se llevó a cabo porque en plena calle alguien vio y -por suerte- grabó a su dueño, Liberio N, golpeándola brutalmente en la cara con un palo hasta que se desvaneció y cayó al piso. El hombre continuó golpeándola cuando Mila ya ni siquiera reaccionaba.
El video se viralizó en redes sociales y, afortunadamente, llegó a los ojos correctos. Con ayuda del Instituto de Bienestar Animal (IBA), Cuacolandia trasladó a Mila para que recibiera asistencia médica. Pronto se dieron cuenta de que Mila no se podía sostener en pie… Sí, por una evidente desnutrición, pero también por signos de abuso físico y sexual.
Elena Larrea y demás animalistas interpusieron una denuncia ante la fiscalía general del Estado de Puebla por el caso de abuso físico y sexual de Mila. Primero, la jueza Miriam Huerta solo –y casi como burla- pidió 5 mil pesos a plazos a Liberio N. por su libertad. Elena pidió destituir a esta jueza y lo logró.
Con el cambió de juez se consiguió no solo encarcelar a Liberio N, sino también la creación y aplicación de la ley Elena, así nombrada después de la muerte de Elena Larrea, en donde se incluye la tipificación del delito de zoofilia con pena de 1 a 4 años de prisión y multa.
Schopenhauer, filósofo alemán, decía que la compasión por los animales está íntimamente conectada con la bondad del carácter, y se puede afirmar con seguridad que aquel que es cruel con los animales no puede ser buena persona.
Por desgracia, según la organización AnimaNaturalis, México tiene el tercer lugar a nivel mundial y el primero en Latinoamérica en incidencia de maltrato animal. La psicoterapeuta Nelly Glatt menciona que el maltrato animal es un factor que predispone a la violencia social y, al mismo tiempo, una consecuencia de esta. ¿Qué pasa por la cabeza de alguien que maltrata a un animal? ¿Qué piensa alguien que viola a un animal? ¿Qué son o no capaces de hacer aquellos que maltratan animales con una persona, con un niño, con una mujer?
Poco antes de la muerte de Elena, en la marcha del 8M, se vieron varios carteles haciendo referencia a este caso: mujeres apoyando, alzando la voz por Mila, exigiendo justicia por otro lamentable caso de violación en el país.
Durante el Primer Foro de los Derechos de los Animales se informó que en la Ciudad de México el 71 % de las mujeres que acuden a un albergue por violencia de su pareja señalaron que sus animales de compañía habían sido antes asesinados o maltratados por su agresor.
Coincido con Schopenhauer: las personas que perpetran actos de crueldad hacia los animales pueden estar inclinadas a participar en comportamientos violentos hacía seres humanos y, en México, las mujeres somos especialmente vulnerables (70 % de las mujeres en el país han experimentado algún tipo de violencia). Como lo dice uno de los muchos carteles sobre Mila: “La violencia de género no distingue entre especies”.
Elena Larrea fue una mujer fuerte, poderosa, valiente y admirable. Los primeros comentarios tras su muerte eran “Elena no murió, la mataron”, “La silenciaron” o similares. Y es que ¿cómo no dudar de la muerte repentina de una activista en México? Si tan solo en 2022, 72 activistas fueron asesinados en el país (ONU).
Otros tantos comentarios mencionaban también su recaudación de fondos para Cuacolandia mediante su página en OnlyFans y sus cirugías estéticas. La crítica hacia aquellas mujeres que se someten a cirugías estéticas es un discurso muy frecuente, enraizado en amplios factores sociales y culturales como los estándares de belleza irreales, la presión social hegemónica o el doble estándar de género.
Vender contenido en OnlyFans también es sumamente debatido sobre si mercantiliza o libera a la mujer. Ambos temas requieren, sin duda, su propio texto, pero lo que quiero resaltar es que Elena murió por una trombosis y aún tras su muerte sufrió de violencia de género.
Elena nos ha dejado temas relevantes que poner sobre la mesa, amplias reflexiones que realizar. Hace poco en LEXIA hicimos un conversatorio sobre la maternidad y cuidados: desproporciones y oportunidades, donde se me quedó grabada la siguiente frase: “El cambio empieza por la conciencia”. Violentar a los animales no es normal y se debe abordar con seriedad y urgencia. La muerte de Elena Larrea nos invita a tomar conciencia de que la violencia se presenta en múltiples formas, que debemos iniciar conversaciones difíciles y trabajar por un cambio sistemático y cultural que promueva la compasión, la igualdad y el respeto hacia todos los seres vivos.
* Myrna Maravert (@MyrnaMaravert) es investigadora, mercadóloga, cursando la maestría en economía, intensa, amante de los animales y cuestionadora de todo, creyente de poco.