Elecciones, seguridad ciudadana e ingenuidad

blogeditor · 4 de enero de 2021

Elecciones, seguridad ciudadana e ingenuidad

Mi primera experiencia relacionada con la construcción de propuestas de campaña data de 1994. He participado en diversos formatos de diseño y discusión de ofertas electorales relacionadas con la seguridad ciudadana en al menos 15 elecciones en un cuarto de siglo en campañas por alcaldías, gubernaturas, presidenciales y en contiendas por asientos legislativos federales y de la Ciudad de México.

Lo he vivido con partidos políticos de la mayoría de los colores. En dos ocasiones, el candidato en turno se involucró directamente en la investigación, los foros, los grupos de enfoque y la definición precisa de las propuestas de campaña; en todos los demás casos las y los candidatos han hecho todo lo posible por permanecer desvinculados de la construcción de ideas, delegando la tarea en sus equipos de apoyo.

Los dos principales aprendizajes en esta trayectoria han sido los siguientes; primero, las y los candidatos suelen operar bajo la premisa de que las propuestas importan poco o nada al electorado promedio; segundo, quienes compiten aseguran que en las elecciones “se vale todo”.

En las últimas semanas del 2020 consulté con personas con larga experiencia en campañas en varios países y con personas que hacen investigación o están en funciones públicas relacionadas con la seguridad ciudadana en Colombia, Chile, España, Perú y México. La consistencia de las respuestas es clara: no hay información que confirme la relación entre la calidad de las propuestas y la intención del voto. Todo indica que las propuestas más informadas no merecen por sí mismas más votos, me repiten.

A la vez, me comenta la mayoría que donde sí parece haber relación es entre las grandes ofertas y los pobres resultados. Habría voto de castigo contra quien ofrece seguridad y no cumple, según esta hipótesis.

En particular, quienes han hecho campañas me informan además que éstas no son ejercicios racionales, sino más bien emocionales y “las propuestas a profundidad influyen poco en el voto” (la construcción de auditorios favorables basada en vínculos emotivos trasciende los procesos electorales, pero ese es otro tema).

Me gustaría enseñar esto a cada una de las centenas de personas que competirán por un cargo de elección popular en el 2021 y pedirles su opinión. Me gustaría saber qué es lo que realmente piensan respecto a la campaña y las propuestas en seguridad ciudadana. Tal vez la respuesta no debería ser la misma, por ejemplo, entre quien compite por una alcaldía sumida en las más extremas violencias y quien lo hace en otra en condiciones de paz.

Pero la discusión de fondo es que la experiencia parece mostrar que las campañas, sean en las condiciones que sean, parecen no crear incentivos para que compitan las ideas concretas, cuando menos en lo que se refiere a la construcción de la seguridad ciudadana. Los incentivos están alineados hacia la disputa de auditorios a través de ánimos y los detalles de cómo se piensa resolver los problemas asociados a la inseguridad, más bien parecen estorbar en las contiendas.

Pero si las elecciones no son aduanas donde logra el apoyo quien construye los compromisos comparativamente mejor sustentados, entonces para qué sirven las elecciones en términos de aprendizaje por parte del Estado.

En un contexto donde la influencia de las organizaciones delictivas se ha multiplicado por todo el país y ellas funcionan en una zona gris de interdependencia con las instituciones del propio Estado, donde las elecciones son incluso una oportunidad para acrecentar esa influencia (Votes, Drugs and Violence. Trejo y Ley, 2020), habría que entender mejor qué quieren decir quienes aseguran que en las campañas “se vale todo”.

Por lo demás, al final del día siempre me ha parecido que, en la mirada más franca de la mayoría de las y los operadores electorales, la inversión en propuestas es, para decirlo suavemente, una mera ingenuidad. ¿Lo es?

@ErnestoLPV